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La “acontecida” existencia del Convento San Francisco, Portuguesa

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

Frontispicio del Convento San Francisco. Al fondo, la actual entrada principal del Vicerrectorado de la Unellez. Guanare, Portuguesa. Foto Aleyda Anzola, 2018.

Nombre: Convento San Francisco / Vicerrectorado de Producción Agrícola de la Universidad Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (UNELLEZ).

Año: siglo XVIII.

Tipo de patrimonio cultural: tangible/ inmueble

Administrador, custodio o responsable: Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior.

El Convento San Francisco, Portuguesa, ha tenido varios nombres, diversas funciones (monasterio, hospicio, colegio) y usos (centro educativo, hospital, alojamiento militar), y aunque de él solo queda el inmueble, su esencia como “convento franciscano” se mantiene en la comunidad guanareña. Así se le recuerda y refiere.

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

El 5 de abril de 1728, en reunión del cabildo de la ciudad del Espíritu Santo de Guanare, el alcalde ordinario José de Montesinos expone la necesidad de edificar en la ciudad un monasterio de religioso de la Orden de San Francisco (Archivo General de la Nación, Secretaría de Interior y Justicia, XV, f. 380).

Dos centurias habían transcurrido desde que los primeros misioneros franciscanos habían llegado a Venezuela, en 1516. Quienes arribaron en esa oportunidad provenían de la isla de Santo Domingo, para instalarse en la región de Cumaná. Tanto en la Conquista como durante toda la época colonial, constituyeron la orden religiosa más numerosa de la Iglesia (Bastin, Pantin y Duoara, s/f).

Una iniciativa con base

En Venezuela construir las edificaciones para los conventos de la Orden Franciscana tomó su tiempo. El de Caracas había sido fundado entre 1575 y 1576, convirtiéndose años más tarde en la Casa Provincial de la Provincia Franciscana de Santa Cruz de Caracas, erigida en 1585 y considerada continuación de la de Santo Domingo (Bastin, Pantin y Duoara, s/f). En años sucesivos se establecieron los de Trujillo, 1578; El Tocuyo, 1579; Barquisimeto, 1581 y Carora, 1583 (Arellano, 1986, p. 198).

En Guanare, la iniciativa deriva de la manifiesta voluntad y disposición del cura rector y juez eclesiástico de dicha ciudad, don Leonardo de Reynoso, quien en su testamento dejó dispuesta una capellanía de ocho mil seiscientos pesos para la consecución de tal obra. El documento sentencia claramente el destino que debe dársele a la capellanía: “… para que a título de ella se edifique y funde un monasterio de religiosos de la Orden Observante de nuestro Seráfico Padre San Francisco, dentro de cierto término y que, de no hacerse, cese esta fundación y quede privada de este derecho la dicha Religión, pasando a otro sujeto, con cierta disposición de su voluntad… (Memoria del Tercer Congreso Venezolano de Historia Eclesiástica, p. 507)

El origen de esos recursos testamentarios se puede determinar por un documento que reposa en el Archivo Arquidiocesano de Mérida, sección Judiciales, fechado el  22 de enero de 1728.  Se trata de una solicitud del superior de la Orden de los Padres Predicadores del Convento de San Vicente Ferrer, dirigida al vicario juez eclesiástico de Mérida en la que pide hacer cumplir la voluntad de la difunta doña Feliciana de Reynoso, quien dejó comisionado al ya mencionado sacerdote Leonardo de Reynoso, para entregar sus bienes materiales al convento de San Vicente de Mérida y para la fundación de una capellanía (Porra, Duque y Soto, 2006. p. 41).

Queda expresado en la solicitud que estos bienes no habían sido otorgados a dicho convento merideño –fundado en 1567–, por cuanto estaban en posesión del alférez de Guanare Josefo Montesinos, albacea testamentario del clérigo antes nombrado, quien ya había fallecido también (Porras, et. al, op.cit). Probablemente por tratarse de un beneficio para la localidad de su residencia y cargo, este funcionario de apellido Montesinos, estaba dando prioridad al deseo del difunto cura rector de Guanare y no al de la señora Feliciana; de quienes no se ha podido determinar el grado de consanguinidad por no tener a la vista el testamento.

Ambos documentos presentan ligeras variantes al hacer referencia a Montesinos. El acta de reunión del cabildo de Guanare lo registra como José de Montesinos, alcalde ordinario; la solicitud de los Padres Predicadores de Mérida lo mencionan como Josefo Montesinos, alférez. Aunque no representan una vinculación directa que afecte el tema en estudio, vale hacer la mención porque pudiera tratarse de un nuevo nombramiento del susodicho funcionario, si se toman en cuenta las fechas de los expedientes y la relevancia de cada cargo como posible escalafón.

Urgencia justificada

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

1896. Procesión del Viernes Santo en Guanare. A la izq. la capilla del Convento San Francisco, desde donde salía el Santo Sepulcro en procesión a la iglesia Matriz. Foto dig. Gabriel Orellana.

Los motivos expuestos por el alcalde para evidenciar la necesidad de fundar un convento en Guanare se centraron en los pocos sacerdotes existentes para atender entre cinco y seis mil personas; la ausencia de explicación del santo Evangelio, de la enseñanza de la doctrina cristiana, lectura, escritura y gramática; además de la asistencia para los enfermos.

El cabildo hizo eco de la exposición del funcionario, expresando su parecer en el acta suscrita que en el presente reposa en el Archivo General de la Nación, Secretaría del Interior y Justicia, Tomo XV, folio 380: “… se informe a sus Señorías el Señor Ilustrísimo Obispo de esta Diócesis y Señor Gobernador y Capitán General de esta Provincia para que sus Señorías den licencia para la fundación de este Monasterio, o al menos que se entienda para principiarlo ínterin que se ocurre a pedirlo a SU MAJESTAD, de cuyo piadoso celo se puede esperar no la negará, que en caso de no permitirla se demolerá por ser tan urgentes las causales referidas…” (García, 1991 p. 180 – 181)

Pudiera presumirse que la urgencia del cabildo en ejecutar la obra no solo estaba impulsada por las necesidades religioso – educativas esbozadas, sino también por la condición establecida en el testamento acerca de la prescripción del derecho cedido “pasando a otro sujeto, con cierta disposición de su voluntad”, en caso de haber transcurrido cierto tiempo.

Como muestran los documentos, el asunto no fue resuelto con la premura esgrimida en su solicitud. Según Gómez (1974) “La Provincia se avino a ello en 1729. Las gestiones preliminares duraron hasta 1746, y en enero de 1747 fue mandado por la Provincia a Guanare el definidor Fr. Pedro Justiniano para ocuparse de la fundación” (p. 131). Este religioso enviado formaba parte del llamado Definitorio, consejo encargado de tomar las decisiones trascendentes en los asuntos del gobierno eclesiástico.

Pero los trámites oficiales reglamentados por las Leyes de Indias contemplaban no solo la licencia real, sino también el permiso de los obispos y de las autoridades de Venezuela. Tales despachos, emitidos por el gobernador – capitán, general don Felipe Ricardos y por el obispo de Caracas, don Juan García Abadiano, están fechados en abril de 1753. Alargó aun más el proceso el requerimiento de una nueva exposición al gobernador de Caracas, luego de haberse tratado el asunto en Consejo de Indias. Ese legajo fue expedido el 1 de noviembre de 1755.

La autorización

Los cabildantes de Guanare no se equivocaron en su juicio con respecto a la autorización por parte del rey, aun cuando la aprobatoria respuesta tardó veintiocho años, contados a partir de la fecha de su solicitud inicial.

La Real Cédula, firmada en Aranjuéz el 8 de junio de 1756, conservada en el Archivo General de la Nación, Secretaría del Interior y Justicia, Tomo XV, folio 381 vuelto, entre otros razonamientos expresa: “… he resuelto condescender a esta instancia, y conceder como concedo mi Real Licencia a la Religión de la Orden de San Francisco para que en la expresada ciudad de Guanare, se funde un Convento de su instituto con el número de catorce individuos incluso sacerdotes, legos y donados, y la obligación de que hayan de tener Escuela donde enseñar…”. (García, 1991, p. 183).

La licencia había sido expedida. Una condición obligatoria lo constituía el fin casi exclusivamente educacional y el número de miembros que debían integrarse a las labores. Los legos mencionados son los monjes iletrados de la orden, quienes por no saber leer para hacer oración y estudio del evangelio, debían ocuparse de las labores manuales y oficios como talleres, granjas, cocinas y otras dependencias. Por su parte, los donados son los monjes que aunque no son poseedores del perfil exigido para el ingreso, han sido aceptados y por tanto deben acogerse a las reglas y cumplir las normas monásticas y de la orden.

Es lógico suponer que dada la presión interpuesta en el testamento y tal como fue manifestado en el acta del cabildo “para principiarlo ínterin que se ocurre a pedirlo a su Magestad”, se fue edificando el monasterio paralelamente al transcurso de esos años de trámites. En cuanto al sitio para la erección, García (1991) apunta: “el Cabildo en nombre de Su Majestad el Rey le señalaba cuatro solares de sesenta varas cada uno, en la parte donde pareciera conveniente de los religiosos fundadores, y en el caso de que dichos solares estuvieran dados a algunos vecinos, se les remuneraría en otra parte”. (p. 83).

Más adelante el mismo autor confirma: “según relaciones de la época se escogió para ubicar el edificio un sitio a distancia de tres cuadras  de la Iglesia Parroquial a la parte del Norte” (p. 84). Explica además que la fábrica incluyó una pequeña iglesia de tapias cubierta de palmas y ocho habitaciones para religiosos, construidas con los mismos materiales. Para ello los vecinos de Guanare impusieron por censo siete mil cuatrocientos pesos, que sumados a los ocho mil seiscientos de la capellanía instituida por el fallecido Cura Rector, sumaban dieciséis mil pesos dispuestos para edificar la obra. (p. 85).

En lo que respecta a la categoría de funcionamiento preliminar, dos calificadas fuentes lo puntualizan. En primer lugar, el especialista en el tema franciscano, historiador Lino Gómez Canedo (1974), sostiene que el siglo XVIII solo verá la fundación del convento guanareño en territorio venezolano. Según explica, se intentaron tres y solo Guanare hubo de establecerlo formalmente, porque los de La Guaira y San Felipe alcanzaron apenas categoría de hospicios, e incluso con muy corta vida el de Yaracuy (p. 130).

Por otro lado, la Memoria del Tercer Congreso Venezolano de Historia Eclesiástica (1977) testimonia que se dio inicio como hospicio “entre tanto se consigue dicha fundación, para el consuelo de todos sus vecinos y moradores que, con fervorosas ansias lo desean” (p. 508). Lo expuesto en esta memoria puede corroborarse por documento depositado en el cajón del convento signado con el número 1 –que estaría en el Archivo Arquidiocesano de Caracas-  donde se encuentra copia de una carta escrita por el Cabildo de Guanare al Venerable Definitorio pidiendo dos religiosos para formar hospicio, fechada en 3 de diciembre de 1728 (García, 1991, p. 183).

Manuel Pérez Vila clasifica las moradas para religiosos según la cantidad de habitantes en ellas: “Convento máximo: un gran número de religiosos y funcionamiento de estudios mayores. Convento mayor: número de religiosos superior a 8. Convento menor: número de religiosos inferior a 8. Hospicio: fundación menor, albergue de religiosos” (Diccionario de historia de Venezuela, Fundación Empresas Polar). Al parecer, durante sus años de actividad monacal el de Guanare no pudo superar su categoría de hospicio y de convento menor.

Negocio envejecido

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

Postal italiana de la década de los 50 donde aparece el Convento de San Francisco, en Guanare, Portuguesa.

Es muy escasa –por no decir inexistente- la información de la que pudiera valerse cualquier investigador para aportar detalles de lo que hubo de ser la vida conventual de la Orden de San Francisco en Guanare, desde su formal inauguración. El obispo Mariano Martí tuvo ocasión de visitar el monasterio el 27 de julio de 1778, a su paso por Guanare y, como en todas sus inspecciones, ofrece sus impresiones, pero en esta ocasión una muy breve descripción: “Empezando por el Altar mayor, su Sacrario con capa pluvial, después de la Sacristía, y últimamente la habitación o celda de frayles, que no son en número de ocho. La iglesia (…) y todo el convento es baxo la invocación de San Diego del Monte, y se llama ‘Del Monte’, porque detrás del Convento hay un cerro o monte. Ahora se están haciendo o empezando tres celdas de tapias y rafas. La Capilla Mayor de la Iglesia, que está cubierta de tapia y texa, es de tapias y rafas”. (Libro Personal, T. 1, p. 548).

Notó el prelado que las condiciones establecidas en la licencia no se estaban cumpliendo, específicamente en lo concerniente a la cantidad de conventuales o miembros de residencia permanente. Probablemente, se estaban albergando allí algunos huéspedes temporales, por lo que reafirmó la condición de la edificación como hospicio de Franciscanos, tal como había sido solicitado en misiva de diciembre de 1728. Habían transcurrido casi cincuenta años, contados a partir de la fecha de esa epístola y veintidós desde la aprobación real.

Habitan el monasterio para la fecha de la visita de Martí: fray Miguel Joseph Ricardos, sacerdote presidente; padre Gregorio Roxas, teniente cura de Boconó; fray Pedro Feo, sacerdote, además de los legos fray Thomas Sobrino y fray Miguel López, quien sería trasladado tres meses después a otro convento en la isla de Santo Domingo. Según García Chuecos (1991), dos años antes de esta inspección –en 1776- por falta de habitaciones la Provincia había retirado del convento algunos de los religiosos que le habitaban, cifra que presumiblemente llegaba a ocho por esos años.

La visita del prelado trajo beneficios al monasterio. El 25 de agosto de ese 1778, el obispo Martí adquirió en subasta pública una casa y solar contiguos a la edificación. La propiedad era de un sacerdote de apellido Borges, y la intención era poder anexarla a la estructura física del convento. El precio se estableció en 245 pesos; doscientos obtenidos del capital de la Cofradía del Santísimo Sacramento de la Parroquia y los restantes cuarenta y cinco de réditos vencidos (Martí, Op. Cit. p. 549).

Días después de la adquisición, en auto del 4 de septiembre, el pontífice escribió: “Y por cuanto en más de 21 años que han transcurrido no se ha perfeccionado dicho convento en lo material ni en lo formal, pues la fábrica está a los principios, así en cuanto a la iglesia como en orden a los aposentos o celdas de habitación, supliéndose hasta ahora aquella y éstas con piezas construidas de barro techadas de palma y muy deterioradas, por no haberse efectuado otra cosa de buenos materiales que la capilla en que está colocada el Santísimo Sacramento, y aún ésta ha padecido deterioro que obliga a su reparo o reedificación…”. (Providencias, T. V, p.279).

Preocupó al obispo el retraso de los trabajos de construcción en el monasterio, en razón a que no había constancia de haber estipulado un período de tiempo para su término. De este modo, ordenó que se cumpliera de inmediato lo dispuesto en la real cédula, o de lo contrario el convento quedaría sujeto a la jurisdicción ordinaria eclesiástica, tomando las providencias a que hubiere lugar, de acuerdo a la ley vigente. Para ello mandó llevar el expediente respectivo a Caracas para que “comunique la materia con el señor gobernador y capitán general de esta provincia, a efecto de que mediante la citada ley, se sirva interponer su autoridad en este negocio tan envejecido, acordando lo más conveniente a su conclusión” (Providencias, t. V., p. 280)

De acuerdo a explicación aportada por Gómez Canedo (1988), el obispo Martí tenía diferencias con dicha comunidad en Caracas. Los motivos de las divergencias eran jurisdiccionales, dado que se trataba de impedir que visitase las capellanías establecidas en dicha iglesia. El historiador lo describe como “celoso de su autoridad”, lo que permite presumir que de esa característica derivó la orden emitida por él en cuanto a que el convento guanareño quedaría bajo otro mando eclesiástico si no se ejecutaba con prontitud lo estipulado en la cédula real. Otra información vinculante para este tema es que en su recorrido pastoral por la extensa diócesis de Caracas, entre 1771 y 1784, el prelado llevaba consigo cuatro franciscanos (p. XXV). Que sean franciscanos los visitantes es una característica que permite suponer se sentían afectados frente al deterioro encontrado en las edificaciones de su orden.

Supresión del monasterio

La casa guanareña para religiosos no recibió el impulso necesario para consolidarse ni en su estructura arquitectónica, ni en la conformación de sus moradores permanentes. Ese estado de abandono, olvido o inercia en el que se mantuvo durante años, incluso a pesar de lo mandado por el obispo Martí, impedía hacer realidad lo estipulado en la Real Cédula acerca del fomento del culto y educación de niños.

García Chuecos (1991) así lo expresa: “Los años que siguieron hasta 1821 contemplaron al Convento de Guanare en el mismo estado de atraso que había informado toda su vida. Para este último año, que fue el de la Batalla de Carabobo y del Congreso de Cúcuta, su personal estaba reducido a dos habitadores, ancianos según he podido averiguar, que lo eran el nombrado José Modesto de Soto y el guardián Miguel Sosa. La existencia de este Convento era por entonces una cosa completamente nominal”. (p. 87)

En esta cita, el documentalista menciona que solo dos ancianos habitan el convento a finales del período independentista; y por una “Lista de Donativos que han ofrecido a favor de la Patria” los vecinos de Guanare, publicada en 1811 en la Gazeta de Caracas, se puede comprobar que cuando inicia el proceso de emancipación, estaban allí al menos cuatro frailes. Asentó el órgano informativo: “La comunidad del Convento de San Francisco de esta ciudad, 14 ps. a saber. El R. P. Presidente Ex Definidor Fr. José Modesto de Soto, 5 ps. El M. R. P. de Provincia Fr. Francisco Alarcón, 2 ps. El Padre Predicador General Fr. Isidro Osio, 5 ps. El Padre Fr. Manuel Asuaje, 2 ps”. (N° 377, Viernes 1 de Noviembre de 1811).

Las consecuencias de la guerra se estaban sintiendo en todos los ámbitos. La ausencia de franciscanos en Guanare probablemente se correspondió con la deserción masiva de los vecinos de la ciudad por esos años, huyendo de las persecuciones, o simplemente para evitar las hostilidades y crueldades propias de las circunstancias durante la revolución de Independencia.

En ese estado de inactividad, el monasterio fue arropado por la Ley del 28 de junio de 1821, en la que el Congreso General de la República de Colombia, a los efectos de promover la instrucción pública, prohibió la subsistencia de los conventos de regulares en donde no hubiese por lo menos ocho religiosos. Más adelante, con fecha 23 de febrero de 1837, otro decreto del Congreso Nacional complementaría la decisión anterior, extinguiendo definitivamente todos los conventos menores de religiosos (p. 83. Teatro Tomo II 1852).

Los de monjas corrieron el mismo destino, cuando en 1874 fueron también cerrados por el presidente Antonio Guzmán Blanco.

En su artículo segundo, la ley de 1821 consideró que los edificios de los conventos suprimidos se destinarían con preferencia para colegios o casas de educación y que sus bienes muebles, raíces, censos, derechos y acciones se usarían para la dotación y subsistencia de los colegios o casas de educación de las respectivas provincias (Del Castillo, 1852, p. 380)

La citada ley constituyó una sentencia de muerte para la sede de la Orden Franciscana en Guanare. El 16 de mayo de 1825, por decreto del vicepresidente de Colombia, Francisco de Paula Santander y a instancias de la municipalidad local, se mandó fundar la Casa de Educación en las instalaciones del suprimido convento. Casi un siglo había transcurrido desde que el alcalde Monasterios expusiera en cabildo la necesidad de su erección.

De convento a casa de educación

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

1896. Fachada del Colegio de Guanare, antes sede del Convento San Francisco. Guanare, Portuguesa. Foto H. H. Avril, digitalización Gabriel Orellana.

En una hoja suelta con autoría de Pablo M. de Unda, fechada solo con el año 1832, se detalla que a partir del decreto de 1825 se comenzaron a hacer adiciones y reparaciones en el edificio del convento para efectuar las necesarias adaptaciones a colegio. Rafael Rodríguez Ortíz, quien fuera en 1940 Secretario Privado de la Presidencia Ejecutiva de Portuguesa escribiría: “Después de las reparaciones que se le hicieron al instituto, al vasto Convento de San Francisco (el área de una manzana cercada, dentro de la cual está la capilla y muchas habitaciones), se construyó un local donde funcionaba una escuela pública de primeras letras, sostenida por las rentas del Municipio… (Boletín del Centro Histórico Larense, p. 191)

Siete años de inconvenientes impidieron el establecimiento formal de la institución educativa. Entre los obstáculos, Unda señala que “en el tiempo de la dictadura del general Bolívar se pretendió que se devolviese a los religiosos, y hubo una época tan desgraciada en que la Casa de Educación se vio convertida en cuartel” (García Chuecos, 1991, sección documental, p. 118). Añade que en 1831, bajo la prefectura del coronel Ramón Burgos, hubo logros importantes en esta materia, como lo fueron desalojar del lugar a las tropas que allí acampaban y prohibir otro uso que no fuese el de la educación pública.

Dos informes de estadísticas dan noticias sobre la escuela. El primero, fechado el 13 de enero de 1831 y firmado por el Dr. José Vicente de Unda, cura rector de la ciudad, informa al corregidor del cantón “que el hospital se secularizó y se vendió en favor del colegio por no tener rentas de qué subsistir” (García Chuecos, 1991, sección documental, p. 198). El segundo, emitido por el jefe político del cantón Guanare, Luis Palacio, dirigido al gobernador de la Provincia de Barinas el 7 de febrero de 1831, da cuenta del funcionamiento de una escuela de primeras letras en lo que otrora fuese la planta física del convento.

Sería finalmente el 21 de junio de 1832 la fecha escogida para la formal inauguración de la institución educativa. Los actos protocolares contemplaron, entre otras actividades, la lectura del nombramiento del rector Dr. José Vicente de Unda.

Ya activo el colegio, en abril de 1833 el presbítero rector, temiendo la censura por parte de las autoridades eclesiásticas, ofició al papa Gregorio XVI explicando lo acontecido al suprimido convento y las decisiones al respecto tomadas por leyes del Gobierno de la República. Le explica al santo padre que para poner a funcionar allí el colegio el Gobierno “Inmediatamente procedió a refaccionar la iglesia, la casa y el muro que estaban muy deteriorados (pues muchos años había servido la casa de hospicio de hombres, mujeres y soldados) para restablecer esos edificios a su primitivo estado…”  Pide el presbítero Unda a su santidad le dispense y absuelva si hubiere incurrido en algún error “no voluntariamente (pues ni fue causa de la supresión [del convento] ni estuvo en su mano impedir esta y las otras cosas)” (García Chuecos, p. 141).

La resolución pontificia accedió benignamente a lo solicitado por el doctor Unda, en fecha 3 de septiembre de 1834. Vale decir que, aun cuando el colegio ya había entrado en funcionamiento, las obligaciones religiosas del convento quedaron activas. En un documento del 30 de octubre de 1830 el vicerrector, presbítero y maestro Liborio Colmenares, certifica que el rector Unda le ha cedido los réditos de las capellanías y memorias perpetuas “Para el pago de los cuatrocientos pesos anuales que ha mandado pagar el Gobierno al Rector que haga guardar clausura, diga misa a los colegiales y asista a los actos de comunidad y la precisa condición de cumplir las mandas piadosas de los fundadores de dichas capellanías y memorias, a cuyo efecto me ha entregado el Archivo del Convento con todos los libros y escrituras de que doy razón en el índice del mismo archivo”. (Boletín del Centro Histórico Larense, p. 194).

Así entonces, los compromisos religiosos referidos a misas y obras pías se mantuvieron tal como había sido el deseo de Reynoso y los fundadores del convento, sobreponiéndose estos encargos a la desaparición del monasterio, al establecimiento del colegio, e incluso a la falta de pago por ese concepto.

Diversos usos

Desde su construcción, el edificio destinado inicialmente para fines religiosos y de formación educativa-cristiana, ha tenido diversos usos, referidos por historiadores y personalidades de la localidad.

Consta en documentación e informes de la época que en 1890 los terrenos al pie del cerro, en el patio trasero del convento, son escogidos para construir la caja de agua, como se le llama comúnmente al depósito urbano del acueducto de Guanare. La misma tendría “unos sesenta metros de longitud y veinte de anchura” (Muñóz. 1991, p. 47). La obra, a cargo del general Eleazar Urdaneta, hijo del prócer zuliano Rafael Urdaneta, fue comenzada en 1892 y culminada en 1898 por el ingeniero Aquiles Eneas Iturbe. Su uso se calcula hasta 1950, aproximadamente.

En 1999 el Instituto del Patrimonio Cultural incluyó este antiguo aljibe en el Inventario de colecciones y sitios arqueológicos del estado Portuguesa, advirtiendo que se encontraba en riesgo de desaparición por su marcado deterioro e intento de demolición por parte de las autoridades regionales, durante el mandato presidencial de Rómulo Betancourt. Las recomendaciones sugerían su rescate, conservación y puesta en valor a través de una declaratoria como Patrimonio Cultural de la Nación. En 2008 fue declarado bien de interés cultural, al estar contenido en el catálogo correspondiente a ese municipio, elaborado en ocasión del I censo del patrimonio cultural venezolano (p. 26).

En cuanto a la estructura física del convento, el testimonio del profesor Pedro José Muñoz, nacido en Guanare en 1888 y de donde se ausentó en 1911, es elocuente. Reseña el portugueseño que a principios del siglo XIX el edificio estaba bastante deteriorado. Probablemente, esa era la razón de su inutilidad. Así lo dice: “… la ‘Capilla del Colegio’ –como se denominaba corrientemente la que en realidad fuera iglesia del viejo Convento de San Francisco, edificio que estaba abandonado y en ruina-, no era usada en finalidad alguna relacionada con su sagrado carácter” (p. 112).

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

Entrada principal a la capilla del Convento San Francisco, en 1955. Guanare, Portuguesa. Foto reprod. Wilfredo Bolívar

Se conoce también que, en los primeros años del siglo XX, la edificación franciscana permitiría acoger en ella a las personas contagiadas por la epidemia que azotó el país. El historiador Rafael Domingo Silva Uzcátegui (1955) así lo comenta: “El viejo edificio que en el transcurso de los tiempos ha tenido diversos destinos: convento y hospicio en la Colonia; Colegio y Cuartel con la República, volvió a servir de Hospital (de aislamiento) cuando en 1919 se presentó en Guanare la epidemia de gripe llamada española” (p. 248).

Al respecto, Pedro Quintero (1988) en su Historia médica del estado Portuguesa refiere que “En consideración a la grave emergencia la Junta de Socorro, formada apresuradamente, toma la determinación de aislar a los pestosos escogiendo el local del Colegio por su amplitud y comodidad. El Colegio Federal antiguamente llamado San Luis Gonzaga ocupaba el hermoso edificio del que fue Convento Franciscano, situado al norte de la ciudad, al pie de la cordillera, y como era natural fue el más adecuado a los fines. Con anterioridad había sido cuartel en la Guerra de Independencia. Se establecieron medidas rigurosas: cordón sanitario, puestos de asistencia de medicinas y alimentos, prohibición de transitar por las calles adyacentes al colegio y se creó un cuerpo ambulante de sepultureros. El médico era el Dr. Manuel Padilla, quien se enfrentó solo a la formidable situación. El Hospital duró apenas cuatro meses”. (p.101-102).

De los 22 000 muertos que dejó la epidemia en toda Venezuela, 1200 correspondieron al estado. Con toda certeza puede afirmarse que una considerable cantidad de estos fallecidos recibieron atención médica en los predios del convento convertido en hospital.

Descripción

Reconocido como bien cultural de interés arquitectónico, el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) incluyó la edificación denominada “Antiguo Convento de San Francisco” en el catálogo correspondiente al municipio Guanare, editado con motivo del primer censo del patrimonio venezolano. Al igual que la del obispo Mariano Martí, la descripción publicada en esta ocasión es bastante sucinta:

“La obra colonial fue erigida en tapia y madera con techo de teja y piso interno de terracota. La fachada está compuesta de tres puertas principales con forma de arco; sobre la puerta principal se observan dos nichos centrales y una ventana rectangular. En el segundo piso se hallan tres ventanas con adornos laterales en relieve, con formas de rostros humanos. En este sector se localiza un espacio en blanco en el segundo piso que da al sur. Posee un patio central de amplios corredores con un sistema de columnas, sus paredes son de tierra pisada. (IPC, 2008, p. 26 – 27).

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

Entrada a la capilla del Convento San Francisco. Sobre la puerta, una ventana rectangular; arriba y a ambos lados, 3 nichos. Guanare, Portuguesa. Foto Aleyda Anzola, 2018.

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

El Convento San Francisco (Guanare, Portuguesa) en los años 70. Foto Graziano Gasparini (Templos coloniales de Venezuela, p. 206).

En fecha anterior, producto de sus investigaciones histórico-arquitectónicas, Graziano Gasparini (1976) habría comentado en su libro dedicado a los templos coloniales que “La nota más descollante reside en la fachada de dos cuerpos. El vano es de arco escarzano, y a ambos lados tiene un par de pilastras que apoyan sobre podios lisos. Los soportes continúan en el cuerpo superior, agregando en los intercolumnios una hornacina. El frontispicio lo forma una serie de pináculos escalonados hacia los extremos. En línea con la fachada se halla el campanario-portería de dos cuerpos; es de proporciones macizas y más bajo que la fachada. Sobre la entrada, que hubiera debido servir al convento, está el cuerpo de campanas con tres aberturas en cuadradas por dos estípites que rematan la decoración en una cabeza de indio cubierta de plumaje”. (p. 206).

A modo de complemento, pudiera agregarse que el área original del convento está compuesta por una capilla, contigua al ala sur de la edificación, actualmente utilizada por la universidad como auditorio para actos especiales. En su estructura física destaca el coro adosado a la puerta de entrada y el que fuese su altar mayor, que sobresale por su jerarquía de escalones para el atrio. Anexo a ella, la construcción muestra las antiguas celdas de los religiosos, convertidas al presente en oficinas administrativas y de posgrados del Vicerrectorado de Producción Agrícola de la Universidad Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (UNELLEZ).

El patio central –al cual hace referencia la ficha IPC citada- es sostenido por columnatas que rodean la planta del antiguo convento. Bajo la techumbre, cuatro corredores con arquerías se conectan entre sí, delimitando el jardín en donde se observa un busto de Mons. José Vicente de Unda.

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Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

Edificio contemporáneo adosado a la construcción colonial, Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Foto Aleyda Anzola, 2018.

El área trasera de la edificación muestra los vestigios de la primera caja de agua de Guanare, construida en 1890, espacio que en el presente ha sido convertido en estacionamiento. Adosadas a los muros del edificio original, existen otras oficinas de factura más reciente cubiertas por una techumbre de una sola agua.

Por solicitud expresa del Instituto del Patrimonio Cultural, este lugar fue incluido en el Inventario de Colecciones y Sitios Arqueológicos del estado Portuguesa 1998-1999, incluso sin haberse efectuado allí exploraciones de este tipo. La Fundación Museo de Los Llanos Funda-Llanos, llevó a cabo el proyecto en convenio firmado con el IPC, asignándole al convento el código FMLL-P-A-31. El informe levantado por el antropólogo José Antonio Gil revela las siguientes condiciones en esta estructura: “Estado de conservación Alterado-Moderado; Naturaleza del deterioro: agentes humanos y ambientales; Recomendaciones: continuación y mantenimiento de la edificación y de La Caja de Agua, ubicada detrás de la misma, con el apoyo y asesoramiento del Instituto del Patrimonio Cultural”.

Valores patrimoniales

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

Vista desde el interior hacia la entrada principal del Convento San Francisco. Guanare, Portuguesa. Foto Aleyda Anzola, 2018.

Varias declaratorias institucionales aquilatan la reputación patrimonial del Convento de San Francisco, a saber:

  • Monumento Histórico Nacional, según decreto del 6 de agosto de 1962 por la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, Gaceta Oficial N° 26 917.
  • Registrado en el Inventario IPC de Colecciones y sitios arqueológicos del estado Portuguesa 1998 – 1999, bajo el código de Funda-Llanos FMLL-P-A-31.
  • • Bien de Interés Cultural, según resolución N° 003-05, del 20 de febrero 2005. Catálogo del patrimonio cultural venezolano. Región Los Llanos, estado Portuguesa, municipio Guanare.

Situación actual

A finales de 2010, una información relacionada con refacciones a la edificación franciscana fue publicada en el mensuario de la Unellez (El Espinito, Año 1, N° 2, noviembre 2010, p. 7). Las autoras del trabajo titularon: Se inició proyecto de embellecimiento del antiguo convento de San Francisco.

Según lo reportaba el órgano informativo, la intervención abarcaba paredes, pisos, techo, cerca y áreas verdes, tanto de la edificación colonial como de las instalaciones asociadas a esta infraestructura. Por tratarse de un Monumento Histórico, la institución contrató la asesoría de un arquitecto experto en este tipo de inmuebles, además de conformar una comisión coordinadora para los trabajos, integrada por los profesores Ibis Rudman y Oswaldo Barbera y los ingenieros Alberto Antosenko y Rafael Herrera.

Convento San Francisco, Guanare, Portuguesa. Patrimonio histórico y arquitectónico de Venezuela.

Nuevo maderamen del techo del Convento San Francisco. Guanare, Portuguesa. Foto Aleyda Anzola, 2018.

A corto plazo se ejecutaron las labores más sencillas a saber pintura de paredes, recuperación de pisos y techos, levantamiento de cerca, acondicionamiento de áreas verdes, además de la construcción de oficinas para posgrados. Pautado a mediano y largo plazo se proyectó la restauración de lo que fue en su tiempo un monasterio, dada su condición de bien patrimonial sometido a disposiciones y leyes especiales.

La ejecución de estas obras se llevó a cabo con recursos ordinarios e ingresos propios obtenidos a través del posgrado y de Fundaunellez, lo que permitió recuperar satisfactoriamente la edificación colonial, que se mantiene en pie y en excelentes condiciones.

Ubicación

Carrera 3 entre calles 16 y 17, Guanare, estado Portuguesa.

Fuentes consultadas

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Investigación: Aleyda Anzola.

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