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La gran caja descolorida en la que se convirtió el Museo de los Niños

Museo de los Niños. Patrimonio cultural de Caracas, Venezuela.

La caja de colores descolorida de Parque Central. Museo de los Niños, de Caracas. Foto Hercilia Garnica, mayo 2018.

Recibir a los visitantes con un “Prohibido no tocar” es la máxima del Museo de los Niños de Caracas desde su apertura, el 5 de agosto de 1982. Que exploren, descubran y aprendan, mientras juegan, ha sido el secreto del espacio recreativo de Parque Central. Lástima que ahora parezca que se detuvo en el tiempo.

Hercilia Garnica / @hercilia65. 31/5/2018.

Aunque la filosofía original del Museo de los Niños de Caracas se mantiene y, lo más importante, sigue abierto, a ratos se siente que el tiempo se hubiera detenido en la caja de colores de Parque Central. No hay exhibiciones nuevas y muchas permanecen a oscuras porque están fuera de servicio.

Museo de los Niños. Patrimonio cultural de Caracas, Venezuela.

Poca gente visita al Museo de los Niños de Caracas en un día de semana. Foto Hercilia Garnica, 2018.

Los visitantes frecuentes son escolares con uniforme que recorren el sitio de la mano de sus maestros. De resto, hay muy poca gente en las exhibiciones. De hecho, los guías hacen excepciones y permiten el acceso de personas, que no van en grupo, a salas que deben ser pagadas aparte de la entrada general.

No hay aviso de no pase ni tampoco cintas amarillas que impidan el acceso a algunas exhibiciones, pero es evidente que están inoperativas. No están encendidas y nadie se acerca a interactuar con los aparatos.

Por años, el museo funcionó bajo la tutela de decenas de amigos-guías que recibían y orientaban a los visitantes. Hoy en día hay muy pocos jóvenes en las instalaciones. Los que hay se distribuyen entre varias exhibiciones a la vez y en las que no están, los niños se las arreglan solos en cada exhibición.

Prohibido no tocar

Museo de los Niños. Patrimonio cultural de Caracas, Venezuela.

“Prohibido no tocar”, y los chicos hacen caso… La música es uno de los grandes atractivos del Museo de los Niños, de Caracas. Foto Hercilia Garnica, mayo 2018.

Museo de los Niños. Patrimonio cultural de Caracas, Venezuela.

Alicia Pietri de Caldera, artífice de la “maravillos realidad” o Museo de los Niños.

En un mundo dominado por las prohibiciones y las advertencias reiteradas de “No tocar”, el Museo de los Niños de Caracas surgió, el 5 de agosto de 1982, casi como una extravagancia. La invitación que se hacía, y aún se hace a los visitantes, era que exploraran, descubrieran y aprendieran mientras recorrían y jugaban en la gran caja de colores en la que se convirtió el sueño de Alicia Pietri de Caldera, artífice de la “maravillosa realidad”, como también se conoce al Museo de los Niños.

Casi 36 años después, el centro educativo interactivo, en el que los niños y adultos aprenden mientras exploran y juegan, se mantiene a pesar de las dificultades económicas. La filosofía de abrir un laboratorio para experimentar y explorar, en el cual las máximas fundamentales serían “Prohibido no tocar” y “Aprender jugando”, aún está intacta.

El Museo de los Niños, hoy más que nunca, conserva el propósito de ser un sitio donde se pueda inventar, relacionar, crear, participar y responder. Alicia Pietri de Caldera lo concibió como una alternativa para educar a través de la recreación y eso es lo que ha hecho a lo largo de los años.

En efecto, la institución se pensó como un museo opuesto a la concepción tradicional de una exhibición estática y distante. La idea era que el Museo de los Niños, el primero de su tipo en América Latina, rompiera con todos los esquemas y desafiara la actitud pasiva del visitante.  Ya no sería necesario mantener distancia con la muestra, más bien era imprescindible que los niños y adultos cruzaran la raya amarilla y se decidieran a tocar y experimentar. A partir de allí se establecería una relación más próxima y quizás el centro pudiera más tarde influir en la elección profesional del estudiante.

Alicia Pietri de Caldera soñó con un lugar donde pudieran descubrirse los por qué y para qué de las cosas. Eso fue lo que creó y eso es lo que perdura.

El viaje

Museo de los Niños. Patrimonio cultural de Caracas, Venezuela.

El Museo de Los Niños sigue de puertas abiertas pese a la crisis. Caracas. Foto Hercilia Garnica, 2018.

Apenas el visitante entra al Museo de los Niños se consigue con la advertencia más importante: “Prohibido no tocar”. No todos se sienten cómodos con la recomendación y necesitan caminar un largo rato antes de comenzar a experimentar con la propuesta de cada una de las exhibiciones. Los más aplicados emprenden el viaje bajo la premisa del proverbio chino que dice: “yo escucho y olvido, yo veo y recuerdo, yo hago y aprendo”.

Eso lo ponen en práctica los niños entre 6 y 14 años, para los cuales fue concebido el museo, y también todas las demás personas que acudan al centro educativo que nació luego de varios años de estudio. Fundamentalmente se pensó en crear una institución que se asemejara a un museo de ciencia y tecnología porque con seguridad podía contribuir a mejorar la calidad de vida de las generaciones futuras.

El resultado fue establecer áreas básicas de Biología, Comunicación, Ecología y Física con componentes mecánicos y electrónicos que los niños y adultos pudieran manipular, contemplar e interactuar.

A partir de esas primeras áreas básicas las exhibiciones derivaron después en La carrera espacial, Una gran caja de colores, La emoción de vivir… sin drogas, Museíto sobre ruedas y el Planetario, casi las mismas exhibiciones que en la década de los ochenta recorrió, como estudiante de Comunicación Social y guía, Zara Aristigueta, hoy en día periodista y madre de un estudiante universitario que también asiste a los visitantes del Museo de los Niños.

La evolución

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Los cambios más significativos del museo han ocurrido en distintas etapas. En 1993 se inauguró una exposición permanente sobre los temas de la exploración espacial y los avances de la astronomía y astronáutica. La directiva de la institución pensó que se trataba de un proyecto imprescindible en un espacio dedicado a la ciencia y la tecnología.

El nuevo edificio incrementó las expectativas y los visitantes. Se tomó la decisión de no intervenir el paisajismo original de Parque Central, aunque se crearon áreas verdes alrededor del parque infantil que se instaló.

En el año 2002 se inauguró la exposición “La emoción de vivir sin drogas” con el propósito de sembrar en niños y jóvenes la idea de que las drogas son perjudiciales y que deben rechazarlas. En 2004 de alguna manera se honró la concepción original del museo, desarrollado en una suerte de cajones de colores con la exposición para preescolares denominada “Una gran caja de colores”, con la cual se inicia a los niños menores de seis años en la exploración y el descubrimiento científico.

En los últimos años se han actualizado varias de las exhibiciones para atraer la atención de los visitantes. Por ejemplo, se incorporaron detalles llamativos en las muestras de los órganos, los sentidos y la alimentación en Biología y se renovaron las señales de tránsito en el área de Sobre Ruedas.

En Comunicaciones se habla ahora de las Tecnologías de la Información y la Comunicación TIC y en Ecología se habla de árboles, huertos, parques nacionales y de las cadenas alimentarias.

Además, se construyeron nuevas exhibiciones como Terremotos y Volcanes, el motor abierto de una camioneta, ADN, la magia de los genes, los Sistemas del Cuerpo, Cuida tu cuerpo y evita la diabetes, la Capa de Ozono y el Calentamiento Global, Ensayo y error, los comienzos de la aeronáutica, NANO, una miniatura inimaginable, el Astronauta, el Satélite Simón Bolívar, la Carrera Especial, Jugando a ser Amigo Guía, El Rincón de los Cuentos.

La aventura

Museo de los Niños. Patrimonio cultural de Caracas, Venezuela.

Los ciclos se cierran… quienes años atrás fueron visitantes o guías hoy vuelven como padres o abuelos de los nuevos guías o visitantes. En la gráfica: el túnel de colores, un clásico en el Museo de los Niños. Caracas. Foto Hercilia Garnica, mayo 2018.

Hasta el año 2017, más de 100 millones de personas habían visitado el Museo de los niños, gran parte de los visitantes incluidos en los grupos de escolares que asisten al centro acompañados de sus compañeros de aula y sus maestros.

La visión original del proyecto, esa de una cámara oscura, con las paredes negras, para resaltar las exhibiciones, con color y mucha iluminación se mantiene en el primer edificio y el que está dedicado a la conquista del espacio tiene un concepto totalmente diferente porque funge como un laboratorio.

Por años, las áreas preferidas de los visitantes han sido los estudios de radio y televisión, donde los niños se sienten periodistas; la caja de colores, donde conocen las notas musicales; el piano gigante, la molécula, para ser un poco físicos, y las sombras atrapadas.

En el planetario, los chamos cumplen con el sueño infantil de convertirse en astronautas. Los visitantes hacen la simulación de la llegada del hombre a la Luna en 1969, ven cómo funciona el Apolo 11 e incluso caminan por el ambiente lunar y se sienten ingrávidos.

Los ciclos se cierran. Quienes años atrás fueron visitantes o guías hoy vuelven como padres o abuelos de los nuevos guías o visitantes…

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