Museo Alberto Henríquez, recinto de la prosapia judía en Coro

Museo Alberto Henríquez, patrimonio cultural del estado Falcón. Venezuela.

Fachada del restaurado Museo Alberto Henríquez, en Coro, recinto de la memoria judía en el país y Latinoamérica. Foto Francisco Colina Cedeño.

Nombre: Museo Alberto Henríquez.

Año: primera mitad del siglo XVIII.

Tipo de patrimonio cultural: tangible / inmueble.

Administrador custodio o responsable: Fundación del Patrimonio Cultural Hebreo Falconiano, FPCHF.

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

Una de las casonas más emblemáticas de Coro, ciudad Patrimonio de la Humanidad y capital del estado Falcón, es la que hoy en día alberga el Museo Alberto Henríquez. Está ubicada en el paseo Talavera y fue construida por Francisco Campuzano Polanco en la primera mitad del siglo XVIII.

La referencia más antigua que se tiene de ella es el registro donde Campuzano la otorga en herencia a su hija María Josefa, lo cual hace suponer que fue erigida entre 1730 y 1740. En 1812 pasó a manos de Nicolasa de Acosta en estado muy deplorable producto de la guerra de Independencia.

En 1838 la compran Gertrudis de Talavera y su hija Dionisia Arcaya, quien vivió en ella hasta 1846 cuando la vende a Antonio Matos. Con esta transacción finaliza la historia del inmueble en manos de descendientes de españoles. Matos hipoteca la casa al sefardita José Henríquez, quien en 1852 la vende a su paisano David Abraham Senior, cuyos descendientes instalaron por espacio de un siglo la firma comercial denominada Casa Senior, considerada por la historiadora Blanca De Lima como “la más importante del estado Falcón desde el último cuarto del siglo XIX hasta el final de los años veinte del siglo pasado”.

Comienza así su gesta como una casa que albergó a una de las familias pertenecientes a la primera comunidad judía que existió en Venezuela e hispanoamérica. La familia Senior, de afianzadas costumbres religiosas, convirtió uno de los cuartos de la casa en sala de oración y construyó un mikvé, especie de baño donde las mujeres judías realizaban la tevilá para cumplir con los preceptos de la pureza familiar, en especial antes del matrimonio. De manera que la casa fue adaptada a las costumbres judías mientras permaneció habitada por los Senior hasta 1896, cuando se mudaron a la casa situada en la acera de enfrente.

Museo Alberto Henríquez, patrimonio cultural del estado Falcón. Venezuela.

La sala de oración sefardí permanece en el mismo sitio donde funcionó en el siglo XIX. Museo Alberto Henríquez, Coro, estado Falcón. Foto Francisco Colina Cedeño, octubre de 2017.

Al ausentarse la familia, el inmueble se transformó poco a poco debido a la necesidad de almacenar y exhibir la mercancía. Desaparecen el portal, el zaguán y el patio, los cuales quedaron encofrados entre ladrillos, metal y vidrio. Poco a poco, la casona colonial fue desdibujándose hasta perder por completo su arquitectura.

Así estaba en 1986 cuando la firma comercial Casa Senior cerró sus puertas. Dada su importancia histórica, la gobernación decidió comprarla con fines de convertirla en museo. Pasarán diez años antes de que esto fuera posible.

La gobernación del estado Falcón la entregó a la Universidad Francisco de Miranda y, bajo su administración, en el inmueble funcionaron primero la Casa del Estudiante Universitario, hasta 1994, y luego la Dirección de Cultura, hasta 2015.

Hoy en día luce totalmente restaurada y ha sido devuelta a los descendientes de aquellos pioneros sefarditas que venidos de Curazao se asentaron en Coro para levantar la economía local.

Emerge la antigua arquitectura. Los trabajos de restauración le devolvieron a la vieja casona la arquitectura colonial española que había desaparecido por la necesidad comercial. En la publicidad que circulaba en los periódicos locales se leía: “París en Coro, ver para creer”. De manera que aquella arquitectura española era, por decir lo menos, contradictoria con aquella publicidad. Porque entrar a la Casa Senior era como penetrar al futuro, ese que era traído por barco desde Europa y que actualizaba a los falconianos con lo último en tecnología y otras menudencias.

Según la historiadora Blanca De Lima, la Casa Senior exportaba pieles de chivo, dividive (Caesalpinia coriaria) y café en grano, e importaba textiles, insumos de quincallería y el trabajo agrícola, perfumería francesa, cristalería, embutidos, enlatados finos y licores, entre otros.

En Coro, la Casa Senior fue sinónimo de prosperidad comercial. “Imaginémonos entrar a ella –escribe De Lima-, y ver estantes con telas inglesas, encajes franceses y sombreros alemanes; vitrinas con quesos holandeses, champaña francesa y vinos españoles. En otra esquina machetes, pólvora, cuchillería y mecatería inglesa y estadounidense. Calzado inglés, perfumería de París y bisutería de cualquier parte. Revistas de moda estadounidense y europeas, libros especializados y de cultura general. El rostro de esta tienda permitía ver el espectro social de la región, el crecimiento de su mercado interno y la fortaleza de sus comerciantes”.

Al menos, durante 50 años, la pujanza de la Casa Senior alimentó el comercio coriano hasta la llegada del llamado “oro negro”, cuyo impacto condujo a su descapitalización por la falta de interés que se generó para la exportación de los productos tradicionales. Subsistió hasta lo que pudo y cerró sus operaciones legales en los años ochenta del pasado siglo.

En 1985, dada su importancia, la sede del Museo Alberto Henríquez, Coro, fue declarada Monumento Histórico Nacional.

La sede del Museo Alberto Henríquez recobra su esplendor. En 1986 correspondió al historiador Carlos González Batista elaborar el proyecto de restauración de la casa. Sus investigaciones permitieron establecer las fechas en la que fue construida y en las que cambió de dueños, además de determinar muchas de sus características originales incluida la existencia de una sala de oración.

Para el momento, la casa había sido ampliada y había perdido su identidad, sobre todo por los trabajos realizados en el siglo XX cuando, tras el argumento de “modernizarla”, se le habían añadido estructuras en hierro, concreto y vidrio.

En su libro Coro, historia de su conservación monumental, González Batista asegura que habían desaparecido la portada, el zaguán empedrado, la cornisa, las puertas de cuarterones, la copa moldurada de la fuente del patio y la silla donde se hacían las circuncisiones. Esta última fue vista en los años 50 por el obispo Francisco José Iturriza.

Los trabajos dirigidos por González Batista estuvieron destinados a reconstruir con los materiales originales y rescatar la estructura lo más cercana posible a lo que fue antes de ser intervenida. Iniciaron por el techo del comedor que había sido convertido en almacén. En vez de demoler, para reconstruir con cemento, se engatilló la cumbrera, se revistió con barro la cubierta de cardón sobre la cual se colocó manto asfáltico y finalmente la teja. Luego se removió el cemento del piso y emergieron ladrillos originales que permitieron elaborar otros similares de forma artesanal. Posteriormente se reconstruyó la sala de oración y el patio central, cuyas columnas habían sido encofradas en muros. En el solar fue desmantelado un galpón de concreto y techo de asbesto. El zaguán, originalmente con piso de piedra, había sido convertido en rampa por lo que hubo que reconstruir su escalinata y el techo. También se erigió una hermosa portada alrededor del portón de acceso que fue rescatado y devuelto a su lugar de origen.

Museo Alberto Henríquez, patrimonio cultural del estado Falcón. Venezuela.

Las columnas del Museo Alberto Henríquez, encofradas en muros para convertir los pasillos en almacén, fueron liberadas en la restauración de 1994. Foto Francisco Colina Cedeño, octubre 2017.

La mencionada portada figura en fotos antiguas y se presume que fue destruida en 1924 cuando el gobierno local pavimentó con concreto las calles. En la ciudad desaparecieron muchas portadas que se internaban en las vías.

La instalación de la fuente, según afirma González Batista, fue fundamental para la recuperación del patio. Muchos se preguntarán, ¿qué  importancia puede tener un accesorio decorativo? El historiador explica que la fuente fue colocada probablemente en 1864, poco después de haberse inaugurado el acueducto y la presa de Caujarao, población situada en las afueras de la ciudad en la ruta que conduce a la sierra de Coro, lo cual significó todo un acontecimiento que puso de moda el que, en muchas casas, existieran fuentes como esta. De manera, que desaparecidas aquellas, la fuente de la casa Nro 3 era un testimonio por ser “el último ejemplo de fuente antigua conservada en Coro”. No es colonial, pero sus elementos decorativos se asemejan a la época española.

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La fuente del Museo Alberto Henríquez, réplica de la original que aún existe, fue clave en la reconstrucción del patio y remite a la inauguración del acueducto de Caujarao, en 1864. Foto Francisco Colina Cedeño.

Esta fuente había sido llevada a una huerta que los Senior construyeron en las afueras de la ciudad y que les servía de descanso. Pese a que el rector de la Unefm intercedió para que la fuente fuera devuelta a la casa, esto no fue posible y en su lugar se colocó una réplica exacta de la original elaborada por el escultor Ashley Sibada con piedra de Cumarebo.

Una vez colocada, se reconstruyó el brocal a su alrededor. En la actualidad, la casa de la huerta, otrora alejada, forma parte del conjunto urbano en medio de la avenida Manaure, la más comercial de la ciudad. Lleva por nombre Casa Grande y es lugar para realización de eventos. En su entrada, se conserva la mencionada fuente original.

Los trabajos de González Batista no culminaron. En enero de 1996 fue inaugurado el museo sin que la restauración del ala oeste de la casa se hubiera realizado. Según precisa en su libro Coro, historia de su conservación monumental, no se hicieron exploraciones en la mencionada galería, al parecer por falta de presupuesto.

De haber continuado, sin duda hubiera tocado a González Batista el descubrimiento de la mikve que “emergió” para asombro de muchos en 2013 mientras se hacían nuevas tareas de restauración al inmueble que permitieron el rescate de la sala de oración sefardí y la posterior reapertura del museo, esta vez en manos de la Fundación del Patrimonio Cultural Hebreo Falconiano.

Los trabajos se realizaron con el apoyo de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM), la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela y la Oficina de Planificación y Diseño para las Áreas Patrimoniales de Coro y La Vela (Opedad).

Connotación histórica y espiritual. Una prueba de la importancia de la comunidad judía coriana es la presencia de la Sala de Oración en la casa de la familia Senior. Según narra el historiador González Batista hubo una primera sinagoga de efímera duración en Tucacas, hoy capital del municipio Silva al oriente de la entidad.

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Entrada a la sala de oración sefardí, del Museo Alberto Henríquez. Foto Francisco Colina Cedeño, octubre de 2017.

Acerca de la de Coro se supo por una carta escrita por Abraham Senior, en septiembre de 1853, en la que pide permiso a su vecino A. H. García para abrir dos ventanas hacia el solar de su propiedad, con el objeto de  “facilitar frescura y ventilación a la pieza destinada a sus oraciones”. Se cree que ya para 1855, durante los eventos xenofóbicos que terminaron con la huida de muchos judíos a Curazao, la sala estaba activa.

Abraham M. Senior era un hombre de marcadas raíces religiosas y, acogiéndose al tratado de paz de 1829, que autorizaba a los no católicos el ejercicio de su religión en casas privadas, construyó la sala.

En 1847 una persona que firmó con el nombre de Brandao publicó una nota en el periódico The Occident and American Jewish Advocate (Filadelfia, EE. UU.), en la que comentó que “todos los viernes en la noche, sábados mañana y noche, y los días de fiesta, se reunían más de veinte personas en la casa de Abraham M. Senior”.

De manera que, al ser ubicado el sitio exacto donde funcionó, González Batista la restauró. A mediados de 1996 fue expuesta al público, una vez que el Centro de Estudios Sefardíes de Caracas la ambientó por petición del gobernador de Falcón, José Curiel.

Durante la vaguada ocurrida en 2010 se desplomaron parcial o totalmente 69 casas en el centro histórico de Coro, entre ellas cayó el techo de la sala de oración judía. Por acción del personal de la Dirección de Cultura de la Universidad Francisco de Miranda, cuya sede funcionaba allí, se pudo rescatar el mobiliario.

Tres años después el Instituto de Patrimonio Cultural comenzó su reconstrucción. Hoy en día se encuentra en perfecto estado y abierta al público. Está inactiva porque en Coro no hay un rabino que celebre el culto. Fue reabierta el 26 de julio de 2016 con ocasión del cumpleaños de Coro. En el acto de apertura, la gobernadora Stella de Montilla firmó un contrato de comodato con la Fundación del Patrimonio Hebreo Falconiano (FPHF) para la administración y mantenimiento de la casa.

Descripción

Museo Alberto Henríquez, patrimonio cultural del estado Falcón. Venezuela.

Fachada del Museo Alberto Henríquez, invaluable recinto de la memoria judía en el país y Latinoamérica. Foto Francisco Colina Cedeño.

La casa de la familia Campuzano, hoy Museo Alberto Henríquez, posee una sola planta. María Josefa Campuzano en su testamento la describe como una casona de tres cuartos: de recibimiento, sala y aposento, con un corredor.

Tenía un pasadizo que desapareció en 1852, como consecuencia de restauraciones mayores en las que también se reformuló la alcoba o aposento. En el solar se construyó una pequeña alberca para alimentar una fuente situada en el centro del patio. También se eliminó la pared divisoria entre la sala y la camareta, para crear el salón que ocupa el frente del inmueble luego de eliminar el portón.

Cuando fue adquirida por la familia Senior se le hicieron modificaciones para adecuarla a las necesidades familiares y comerciales de la firma denominada Casa Senior. Esta familia construyó la sala de oración y la mikve.

La sala de oración es de tamaño rectangular, mide casi diecisiete metros de largo por seis de ancho y más de cinco metros de alto hacia el centro. El techo y las paredes están encalados de blanco, mientras que las ventanas y la puerta están pintadas de verde y el piso de rojo ladrillo. Su mobiliario es sobrio, inspirado en el de la sinagoga Mikve Israel de Curazao.

Museo Alberto Henríquez, patrimonio cultural del estado Falcón. Venezuela.

El sobrio mobiliario de la sala de oración sefardí del Museo Alberto Henríquez, inspirado en el de la sinagoga Mikve Israel de Curazao. Coro, Falcón. Foto Francisco Colina Cedeño, octubre de 2017.

El mobiliario está colocado de acuerdo con la tradición, es decir, en un extremo contra la pared se colocó el ejal o arón hakódesh, frente a él, en el centro se ubicó la tebá y detrás se colocaron las sillas de los oficiantes. Los bancos de los caballeros se ubicaron adelante mientras que los de las mujeres se colocaron al fondo, detrás de barandas que marcan la separación entre géneros tal como establece la ortodoxia judía.

Parte del piso se cubrió con arena de los médanos. En una de las paredes se colocó una frase bíblica en hebreo y en castellano: «Que sea esto escrito para generaciones venideras y que sirva de recuerdo para los hijos de los hijos, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» Isaías 56:7.

Museo Alberto Henríquez, patrimonio cultural del estado Falcón. Venezuela.

Frase bíblica en hebreo y en castellano en una de las paredes de la sala de oracion del Museo Alberto Henríquez. Foto Francisco Colina Cedeño, octubre de 2017.

Valores patrimoniales

La sede del museo es una casona que albergó a los Senior, una de las familias pertenecientes a la primera comunidad judía que existió en Venezuela e Hispanoamérica. De afianzadas costumbres religiosas, los Senior convirtieron uno de los cuartos de la casa en sala de oración y construyeron una mikvé, especie de baño ritual donde las mujeres judías realizaban la tevilá para cumplir con los preceptos de la pureza familiar, en especial antes del matrimonio.

Museo Alberto Henríquez, patrimonio cultural del estado Falcón. Venezuela.

La mikve realza la reputación patrimonial del Museo Alberto Henríquez, emblema de la pujante comunidad judía en Venezuela. Coro, estado Falcón. Foto UCV.

La museóloga falconiana Milagros Escobar, asesora de la FPCHF, cree que la casa no solo posee una connotación espiritual y artística para los judíos. “Hay un sentido de agradecimiento por lo positivo que ha sido para Falcón la presencia de los judíos, nuestra sangre está mezclada con la de ellos porque cuando llegaron aquí veníamos de la guerra de independencia la economía estaba en un estado deplorable y fueron los judíos los que inyectaron esa fuerza y levantaron a Coro, es una deuda histórica con ellos”.

El patio interior del museo es realzado por una réplica exacta de una fuente de agua que reviste importancia por ser el único testimonio de estas fuentes que se pusieron en boga en Coro tras la inauguración del acueducto y la presa de Caujarao, en 1864.

En 1985, dada su importancia, la edificación fue declarada Monumento Histórico Nacional. Por demás, el museo está situado en el casco histórico de Coro, registrado en 1991 en la lista de patrimonios de calibre mundial, administrada por la UNESCO.

Situación actual

El objetivo para el que fue comprada de la casa Nro. 3 por parte de la gobernación ha sido cumplido parcialmente. La colección Alberto Henríquez no ha sido expuesta en toda su extensión. Durante la inauguración en 2016, solo 86 cuadros de esta se mantuvieron expuestos por menos de un año hasta que fueron retirados por las autoridades universitarias encargadas de su custodia.

Museo Alberto Henríquez, patrimonio cultural del estado Falcón. Venezuela.g

Las obras de arte del Museo Alberto Henríquez no se están mostrando a plenitud. Foto albaciudad.org, julio 2016.

Escobar asegura que la colección ha sido víctima de un “enclaustramiento porque no se está mostrando en su plenitud”: “Son más de 300 obras de variada índole, hay un piano, obras prehispánicas, no solo pintura contemporánea y moderna venezolana; cambian los Directores de Cultura y viene la vaguada del 2010 que afectó la estructura de la casa y hubo que llevar el mobiliario de la sinagoga, así como la colección al antiguo seminario y allí la tienen”.

Desde ese momento, la actividad expositiva de la colección Henríquez es muy poca –explicó Escobar, quien es licenciada en Historia del Arte y Museología, especialista en Conservación de Bienes Muebles, y jefe de Registro y Colecciones del Museo de Arte de Coro.

En su opinión, quienes manejan la colección tienen mucho prurito en mostrarla y ponen trabas burocráticas. Considera que está almacenada en condiciones inadecuadas, los cuadros necesitan restauración, cambio de marcos y bastidores, producto de los insectos. Una parte está en el Balcón de los Arcaya en condiciones no aptas. “Aquí si tenemos todo para asegurar una adecuada condición para las obras”, aseguró.

La Fundación entró en conversación con la Unefm para un préstamo de otras obras, pero no ha recibido respuesta. Entonces, están mostrando la sinagoga, el mikve y la casa en sí misma.

La FPCHF no solo está tutelando la casa y fue parte importante en la rehabilitación, sino también del Cementerio judío. El personal que trabaja en el museo puede acompañar a quien lo desee hasta el cementerio. Además, en el museo está a disposición de investigadores y público en general, las bibliotecas de Abelardo Coronado y Salomón Maduro, judíos mesiánicos que donaron los textos.

Aclaró que el museo se va a mantener como tal. “No queremos que se transforme en una vendimia ni alquilarla para modelar, o un centro comercial. Para los judíos tiene mucho significado y habrá eventos culturales vinculados a la comunidad judía”, puntualizó.

¿Quién fue Alberto Henríquez?

Muchos miembros de esta estirpe absorbieron las costumbres católicas o fundaron familias con descendientes no judíos. En estos momentos –asegura Nestor Luis Garrido en la revista de la Asociación Israelita de Venezuela-, solo hay dos personas sucesoras por ambos lados de aquella comunidad judía coriana, los hermanos Telma y Herman Henríquez López Fonseca, quienes nacieron en Coro y se mantienen entre Caracas y la ciudad patrimonial.

Un tercer hermano de estos, Alberto Henríquez, adquirió en vida “la única y más valiosa colección de artes plásticas que haya tenido el estado Falcón, y una de las más completas de Venezuela”. Fue decisión de este antes de morir que la colección fuera donada a la Universidad Francisco de Miranda (UNEFM).

De manera que en 1994, cuando comienza la restauración de la casa Nro 3 de la calle Talavera, se decide convertirla en museo de la comunidad sefardita y alojar allí la colección Alberto Henríquez. De allí el nombre.

Ubicación

Casa 3, calle Talavera, municipio Miranda, Coro. Estado Falcón.

Fuentes consultadas

Aizenberg, Isidoro, La Comunidad Judía de Coro 1824 – 1900. Una historia. Caracas 1983. Edición digital exclusiva de Casa Argentina en Israel Tierra Santa y The International Raoul Wallenberg Foundation. https://goo.gl/BGh7HL. Consultado el 30 de octubre de 2017.

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Curiel, Olga Hidalgo (de). Docente, presidenta del Ateneo y albacea testamentario de Alberto Henríquez. Entrevista realizada el 2 de noviembre de 2017.

De Lima, Blanca. Coro: Fin de Diáspora. Isaac A. Senior e Hijo: Redes Comerciales y Circuito Exportador, 1884-1930.  https://goo.gl/TC3Nhf. Consultado el 30 de octubre de 2017.

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De Lima, Blanca / Jaber Jorge. Los sefarditas corianos: el apellido Senior de Curaçao a Coro. Presente y Pasado. Revista de Historia. Año 21. Nº 41. Enero – junio, 2016. Escuela de Historia, Universidad de Los Andes. Mérida – Venezuela. https://goo.gl/UpwmJv. Consultado el 30 de octubre de 2017.

De Lima, Blanca. París en Coro.Ver y Creer: la Casa Senior. En clio-blanca.blogspot.com, 6 de octubre de 2010. https://goo.gl/6PHQ82. Consultado el 30 de octubre de 2017.

Escobar, Milagros. Licenciada en Historia del Arte y Museología, especialista en Conservación de Bienes Muebles, jefe de Registro y Colecciones del Museo de Arte de Coro y asesora de la Fundación del Patrimonio Cultural Hebreo Falconiano. Entrevista realizada el 11 de noviembre de 2017.

Garrido, Néstor Luis. Hacia un nuevo tipo de IDENTIDAD del judío venezolano. En revistamaguenescudo.wordpress.com, https://goo.gl/iTuVwR. Consultado el 30 de octubre de 2017.

Garrido, Néstor. ¡Sí, es una mikve! En elnacional.com, 9 de diciembre de 2016. https://goo.gl/7DQLGn. Consultado el 30 de octubre de 2017.

González, Arcadio. Periodista y cronista del municipio Miranda. Entrevista realizada el 31 de octubre de 2017Guerra, Tito. Profesor, comunicador y cronista oficioso de Coro. Entrevista realizada el 2 de noviembre de 2017.

González Batista, Carlos. (2002) Coro, historia de su conservación monumental. Instituto del Patrimonio Cultural. Caracas, Venezuela

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Morón, Camilo. La memoria de las calles de piedra. 3era parte., En patrimonioculturalhistoricoynatural.blogspot.com, 23 de septiembre de 2011. https://goo.gl/zsNErm. Consultado el 30 de octubre de 2017.

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Se confirma la existencia de una mikve en la Casa Senior de Coro. En nmidigital.com, 16 de julio de 2016. https://goo.gl/CYtVkm.

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Z, Yustiz. La de los Manzano. Campuzano Polanco. Centro de Encuentro de la Comunidad Judío – Sefardi en Coro. En cidt.corfaltur.blogspot.com, 2 de septiembre de 2014. https://goo.gl/ScAkxG. Consultado el 30 de octubre de 2017.

Investigación: Eva Riera.

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