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El amenazado ritual Warime de la cultura piaroa

El warime es la ceremonia más importante de la cosmogonía piaroa, etnia semiaislada que habita al noreste de la amazonia venezolana, en el estado Amazonas. Es un ritual complejo porque encierra en sí mismo otros rituales de música, canto y danza que celebran los momentos significativos de la tribu. 

Nombre: Bailes y danzas en el ritual Warime de la cultura indígena Piaroa.

Fecha: en temporada de lluvias, de abril / mayo a octubre / noviembre.

Tipo de patrimonio cultural: intangible.

Administrador custodio o responsable: Todo el municipio.

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

El warime es la ceremonia más significativa de los piaroa, o pueblo Uwotujja. Estos constituyen una etnia, cuyos grupos o familias no pasan de 30 individuos, y cuyo jefe es llamado ruwa (chamán y conocedor y transmisor de los mitos y rituales), basada en la comunión con la naturaleza, habitada por deidades, y en la interrelación con otros grupos étnicos de la amazonía venezolana.

Indígena Piaroa en el Alto Cuao, Amazonía venezolana. Foto Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía Wataniba

El dueño del warime pertenece a la nobleza en la cultura piaroa. Alto Cuao, Amazonía venezolana. Foto Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía Wataniba.

El etnólogo Alexánder Mansutti, profesor jubilado de la Universidad de Guayana, describe en el libro Warime: la fiesta esta visión del mundo de la siguiente manera:

“El imaginario geográfico piaroa es un compendio de topónimos cargados de significación. Las montañas suelen ser almacenes de espíritus de recursos y escenarios de hechos míticos e históricos; las cascadas, trampas dejadas por los creadores para la captura de seres del río; las lagunas y recodos de los ríos habitáculos de seres culturales no humanos; las piedras brillantes son almacenes de espíritus  de peces; algunas lagunas, el wanabi o lugar donde emerge la red de ríos subterráneos que alimentan al río con recursos; una región dada, el área otorgada por Wajari a algún grupo familiar piaroa. Se trata de un compendio de topónimos que es, al mismo tiempo, historia, economía, política y diferencialidad cultural. Dueños de sustancia inmanente, asociada a su nombre y al momento en el que les fue asignado por los demiurgos creadores, los topónimos serán una de las fuentes de poder del canto chamánico o meyé”. (Mansutti, 2015).

Las montañas están habitadas por espíritus, según la visión piaroa. Ellas son importantes dentro del ritual warime. En la imagen, el cerro Autana,d del estado Amazonas. Foto Cristóbal Alvarado Minic / Wikimedia Commons, abril 2011.

En esta compleja cosmogonía se inscribe el warime, música, canto y danza con la que celebran sus momentos más significativos, como matrimonios, ceremonias funerarias, ritos de iniciación y fortalecimiento, para el intercambio comercial, para ceremonias chamánicas de curación y prevención, para asentar y exhibir la jerarquía social y política y para alejar a los espíritus malignos o agradecer a los benefactores.

«Los piaroa son ascetas que censuran con severidad la expresión incontrolada de los sentimientos. De hecho, las risas estruendosas no son bien vistas, ni los arranques de rabia, o la incontinencia sexual o alimenticia. Pudiera decirse que en esta sociedad el autocontrol es un valor premiado, pues es su manifestación recurrente lo que conduce a los roles chamánicos más importantes”. Alexánder Mansutti Rodríguez, libro «Waremi: la fiesta».

Etnólogos y antropólogos reportan fiestas en las diversas tribus de la región amazónica que comparten lo siguiente: se tocan instrumentos sagrados, que representan personajes asociados a la fertilidad y sus voces, solo lo hacen los hombres y las mujeres no pueden verlos, a riesgo de ejecución.

Mansutti indica que la primera referencia a este ritual la dio mediados del siglo XX el aventurero y explorador Marqués de Wavrin (1948):

“La orquesta de fiesta de los piaroas, escondida en una pequeña cabaña donde apenas se puede uno mantener de cuclillas, se compone de cuatro músicos, a saber: aquel que agita la maraca, aquel que toca una flauta ordinaria y otros dos que tocan un instrumento más complicado y extraño. Se trata de una vasija con orificios a ambos lados, orientados hacia abajo para permitir que en ellos se introduzca un tubo. Manteniéndose uno frente al otro, los dos ejecutantes de este instrumento soplan cada uno en el orificio, que es como una flauta cuya extremidad está insertada en la vasija para producir sonidos suficientemente sordos y roncos que, aunque poco fuertes, se escuchan muy lejos”.

Pero ya en 1681 el misionero jesuita, escritor y explorador Joseph Gumilla (1686 – 1750), que reside en los llanos orinoquenses entre 1716 y 1743, hace referencia al matrimonio maipure (tribu aledaña a los piaroa y con los que estos mantienen relaciones comerciales y culturales) en estos términos, recogidos por Mansutti:

“… Luego que sale el sol, viene del bosque inmediato una danza bien concertada, con flautas y timbales, y dan muchas vueltas, y revueltas al contorno de la casa, y de las casas de las novias, de donde, a su tiempo, sale una anciana con un plato de comida, y se la da a uno de los danzantes: entonces, todos a carrera abierta, vuelven al dicho bosque, y arrojando el plato, y comida, dice uno de ellos en voz alta: toma perro demonio, esa comida y no vengas a turbar nuestra fiesta…”.

El etnólogo explica el vocablo con que se designa esta ceremonia de ceremonias: “Warime es una palabra compuesta por un sustantivo y un sufijo: el sustantivo es wari-, (…) la palabra usada por los piaroa para designar al moriche; mientras que el sufijo –me alude a racimo. Pudiera traducirse literalmente como ‘racimo de moriche’ y es una metáfora de ‘piara de warimetsa’. La razón por la que a cada enmascarado de báquiro o chácharo se le dice warimetsa y warime a la fiesta que escenifican escapa, por el momento, a una interpretación rigurosa. Ello pudiera deberse a que la de lluvias es la época en la que las frutas del moriche abundan o al hecho de que los animales representados disfrutan comiendo la fruta. Pudiera deberse también a que su nombre les haya sido transmitido por los vecinos maipure de los piaroa, quienes tomaban cerveza de jugo de pulpa de moriche durante una fiesta similar».

El acoso de las misiones evangélicas

Mansutti Rodríguez se refiere al acoso que tuvo el ritual desde mediados del siglo XX, con las misiones evangélicas en la zona: “Para 1983 eran tiempos de dominio férreo del discurso represivo del evangelismo y la actividad ritual tradicional estaba en un pronunciado declive. La mayoría de los warimeruwa habían renunciado a hacer el rito o simplemente se oponían a ejecutarlo. En los sectores accesibles por vía fluvial, solo los warimeruwa de Montenegro, en el bajo Sipapo, y de Caño Mono en el bajo Cuao continuaban realizándola, mientras que otros habían renunciado a celebrarla».

Sin embargo, el estudioso indica que a pesar de la evidente ruptura que la escuela y la opresión religiosa generaba en la cadena de transmisión de la información sobre el warime, no había tema etnológico que se tocara en el que no apareciera omnipresente el ritual: historias personales, ritos de trancisión, comercio, intercambios matrimoniales, chamanismo, gestión económica, migraciones.

Mansutti nos ratifica a través del correo electrónico que «… en 1982, cuando llego al mundo piaroa, casi todas las comunidades eran evangélicas y los “dueños de warime” escaseaban. La mayoría habían amarrado y echado a los ríos sus implementos. Quedaban Correo en el Bajo Sipapo, un viejo en Caño Mono del Cuao, y el Caputan Bolivar en Alto Carinagua. A medida que baja la presión evangélica, el Warime empieza a reaparecer. En 1989 hicimos una película “Warime 89” donde reflejamos el uso de la fiesta para las relaciones. Entiendo que hoy hay más hacedores de Warime».

Por su parte, la Organización Regional de Pueblos Indígenas de Amazonas “ORPIA, realizó en octubre de 2017 un Informe sobre la Situación Actual de los Grupos de Pueblos Indígenas en Aislamiento Relativo y Poco Contacto en Venezuela (Jödi, Uwottüja, y Yanomami). Octubre 2017, en el que se refieren a la devastación cultural operada por los evangélicos: “Después del éxito alcanzado por la cristianización evangélica durante la década de los cincuenta del siglo pasado y de las grandes migraciones que ocurrieron simultáneamente y que desarticularon la modalidad bipolar del sistema regional imperante en el territorio piaroa, el warime fue dejando de hacerse y aunque hoy comienza a resurgir, pareciera que es de una manera simplificada en la que van quedando los aspectos más vistosos del ritual, mientras desaparecen otros asociados a la complejidad sociológica”.

Descripción

Dramatización del ritual warime. Hoy comienza a resurgir, aunque de manera simplificada en los aspectos más vistosos. La cosmogonía piaroa se ha perdido un poco. Foto Cristóbal Alvarado Minic / Wikimedia Commons, abril 2011.

Con la descripción que Mansutti hizo en su libro Warime: la fiesta (pp. 27, 28), acerquémonos a este complejo ritual indígena del Amazonas:

El warime es un complejo ritual, en el sentido de que es un rito de ritos, durante el cual un “dueño de warime celebra los siguientes eventos:
  • Se divide el espacio doméstico en un espacio homogénicamente masculino y otro dominantemente femenino, al construirse una pequeña casa de hombres y, por ende, de acceso prohibido a las mujeres donde los iniciados crearán las condiciones para que el rito tenga lugar, mientras que el espacio doméstico definido por los límites de las paredes de la maloca comunitaria queda bajo el control de las mujeres.
  • Se invita a un conjunto de seres conformado por Woreá, Buoisa, Chuvó, Imú y Yajó que se manifestarán a los legos solo por sus voces y no podrán ser vistos por las mujeres ni los niños no iniciados. Estos deberán permanecer en la maloca mientras los seres invitados se pasean y hacen sonar sus voces musicales por el entorno.
  • Se manufacturan una o dos canoas de fermentación con la forma de Ojuodaa, el mítico ser tapir-anaconda, que es el dueño de las aguas y sus recursos.
  • Se reproduce un evento mítico ocurrido en el tiempo de las transmutaciones, cuando la gente podía cambiar de forma y los animales eran como la gente. Este evento requiere la forma de un baile de máscaras en la que, dependiendo del tipo de warime a ejecutar, participan tres máscaras de báquitos (imé warime) o cinco máscaras de chácharo (wirö warime), una máscara de mono, una de murciélago y una de Marä Reyó, el ambiguo y libidinoso dueño de los animales de la tierra y aire.
  • Se ejecutan rituales de transición y fortalecimiento como el atravesarse la lengua con una puya de raya, las picaduras de hormigas, las picaduras de avispas y los latigazos.
  • Se consumen grandes cantidades de bebida fermentada obtenida de una mezcla de agua y una masa dulzona de casabe a la que llaman wariwatsa, producida por las mujeres en honor a Ojuodaa, que luego de bebida es inmediatamente vomitada con el fin de limpiar el cuerpo de sentimientos negativos como la ira y la soberbia. A este ritual se le denomina dakuau.
  • Se acumula y consume una importante porción de alimentos acumulados, serie de banquetes a los que se llama watsa pecari, se arreglan matrimonios y se consuman intercambios comerciales.

El etnólogo indica que hay varios tipos de warime: “Los más comunes son el Imé Warime o Warime de los Báquiros, similar al ejecutado por Wajari de acuerdo con el mito de origen, y un  Mäkira warime o Warime de los chácharos, ejecutado inicialmente por Buoka, el hermano mayor de Wajari. El Imé tiene tres máscaras de báquiros y canta a los espacios sagrados del hábitat tradicional piaroa, sobre todo a las montañas de los ríos Cuao, Cataniapo y Autana. Para los piaroa descendientes de los grupos de filiación de prosapia, como los Diyaruwa e Inakuya, el Imé Wraime es el propio.

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El Mäkira tiene cinco máscaras, más pequeñas que las del Imé y, se dice, que canta al río Guapuchí y a los caños de la costa del Orinoco aledaña al hábitat tradicional piaroa, además de a las montañas más significativas, incluyendo a la Wirö Märiweka, sitio de origen de los Mako Wirö. Su apelativo de Wirö Warime y el que se nombre a espacios de significación étnica para este pueblo, lo hacen al Warime propio del pueblo Mako-Wirö, aun cuando sea cantado por los piaroas”.

La danza Warime al ser ejecutada fuera de la churuata (o maloca) está acompañada por una serie de instrumentos musicales sagrados que representan las voces y sonidos de los dioses o antepasados, por lo tanto las mujeres solo escuchan los instrumentos pero deben permanecer dentro de la churuata junto a todos los invitados.

La danza se efectúa fuera de la churuta o maloca, estructura de los indígenas piaroa en Venezuela. Foto Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía Wataniba.

Dichos instrumentos musicales son el wora que es una flauta doble de bambú y una vasija cerámica con dos agujeros que para mantener la acústica; la flauta Urema elaborada en carrizo o bambú; el chuwo o flauta nasal que tiene en un extremo un anexo en forma cónica hecho de cera de abeja y peraman, en el centro del mismo se encuentra un agujero en el que reposa la fosa nasal derecha del ejecutante y así emite el sonido o voz del chuwo.

Otras dos flautas representan la voz de Da’a, ejecutándolas alternadamente y con el orificio de sonido parcialmente tapado; el Yajo que es una flauta de carrizo sin orificios laterales y parcialmente tapada con cera en uno de sus extremos; otro instrumento representa la voz del viejo antiguo dueño de la selva, Warani, este consiste en dos pequeñas láminas de madera rectangulares juntadas y amarradas por los extremos, dentro de las cuales se coloca una lengüeta de hoja de palma que vibra al ser soplada emitiendo un pitido penetrante, modificable a voluntad y permite establecer una comunicación entre el ejecutante y las mujeres dentro de la churuata comunal.

La voz que identifica al Reyó, va acompañada de una fuerte danza en la que el ejecutante que hace las veces de este singular personaje de la cosmogonía Piaroa recorre todos los rincones de la comunidad persiguiendo y asustando tanto a niños como a las mujeres con la finalidad que participen con respeto en la celebración. Existe un baile denominado Rere que ejecutan hombres y mujeres agarrados por los hombros formando una gran fila en la que van describiendo una danza de movimientos hacia delante y hacia atrás con pequeños pasos que van marcando el ritmo del baile.

Estos movimientos van en dirección circular y en ocasiones están acompañados por instrumentos musicales fabricados en conchas de caracol y flautas de hueso de vendo y la maraca. En la celebración del Warime también existe un baile denominado de la misma forma  que solo ejecutan los hombres portando sus vestimentas sagradas y representan una danza de pasos cortos en vaivén con los cuales logran trasladarse alrededor de las churuatas dando varias vueltas hasta entrar en la churuata comunal, dentro de la cual continúan los movimientos pero  en un espacio fijo.

Esta danza se acompaña por el sonido que emite el roce de la vestimenta entre sí y por la ejecución constante y rítmica de la maraca sagrada que cada danzante ejecuta. Luego de permanecer dentro de la churuata por un buen tiempo, regresan al Ruo’de o churuata sagrada ejecutando la misma danza. Este baile se realiza hasta tres veces en un día.

Valores patrimoniales

Bailes y danzas en el ritual Warime de la cultura indígena piaroa. Foto IPC.

El Warime es la ceremonia más importante de la cosmogonía piaroa. El ser Dueño de Warime es un atributo sustancial de la autoridad chamática, precisa Mansutti, quien agrega que cualquier piaroa no puede organizar un warime, pues necesita haber heredado el derecho para ejecutar la ceremonia, así como el instrumental  “y ello solo ocurre cuando un propietario así lo decide antes de morir”.

El estudioso indica que así un chamán sea dueño de soplo y dueño de cantos, o conozca las canciones y voces sagradas y las técnicas para manufacturar las máscaras, no puede ser considerado war4imeruwa si no ha heredado un warime. “El ser dueño de warime es el equivalente a tener un rango de nobleza” en la sociedad piaroa.

Situación actual

La cosmogonía del pueblo piaroa estar amenazado por las actividades de extracción del Arco Minero del Orinoco (AMO), un cuestionado proyecto oficial instaurado desde 2016 por decreto que “habilitó y delimitó casi 112 000 kilómetros cuadrados para la explotación de minerales y piedras preciosas que abarcan desde el oro hasta el coltán y el diamante”.

El profesor Mansutti refiere que aunque el impacto del AMO debe ser muy generalizado en los patrones económicos y los ejercicios de
solidaridad y reciprocidad del pueblo piaroa, así como en las buenas relaciones con la Madre Tierra, no cree que se afecte en gran medida el warime, ceremonia que está resurgiendo bajo la gestión de líderes piaroas como Guillermo Arana.

Sin embargo, en el reportaje Indígenas en aislamiento en Venezuela: bajo el asedio de mineros, enfermedades y guerrilla la periodista venezolana Lorena Meléndez precisa que tres etnias en particular, los hoti, los yanomami y los piaroa están asediados por la minería: “Decenas de comunidades de los Yanomami —ubicadas entre la sierra Parima y el cerro Delgado Chalbaud; en el Alto Siapa, Alto Ocamo y el río Metacuni en Amazonas; y en el Alto Caura y Alto Paragua, en Bolívar—, así como de los Piaroas (Uwottüja) —en el Alto Cuao, en Amazonas—, están sometidas a los desmanes de quienes explotan los yacimientos ilegales bajo la mirada de un Estado que no hace nada para evitarlo”.

Por su parte, la organización indigenista ORPIA, de Wataniba, Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía, presentó un informe en enero de 2019 titulado Organizaciones Indígenas de Amazonas sobre los Impactos de la Minería en la Región Amazónica en el que refieren en el punto 4 lo siguiente: “… desde el año 2015 las organizaciones indígenas venimos alertando al Presidente de la República Nicolás Maduro, sobre los impactos de la minería en el estado, especialmente en el Parque Nacional Yapacana.

El informe señala que «la minería en todo el estado Amazonas ha propiciado la deforestación de grandes extensiones de bosques, el desvío de cauces de ríos como el Atabapo, la contaminación de las aguas a causa del mercurio y otras sustancias tóxicas, la pérdida de biodiversidad, el cambio en los ciclos naturales de los ecosistemas, la degradación de los suelos, el incremento de enfermedades como la malaria y el sarampión, infecciones de transmisión sexual, el alcoholismo, el uso de drogas, la prostitución, delincuencia, la deserción escolar, el desplazamiento de sus tierras y abandono de comunidades, la presencia de grupos irregulares armados, conflictos interétnicos, enfermedades de la piel, enfermedades respiratorias, que afectan directamente a estas comunidades, eventos todos que generan cambios en los modos de vida de los pueblos indígenas y la economía propia basada en las actividades tradicionales de subsistencia”.

El AMO afecta a 16 etnias: Mapoyo, Piaroa, Pemón, Eñepá, Jivi, Curripaco, Baniva, Pumé, Piapoco, Baré, Kariña, Yekuana, Sanemá, Warao, Akawayo y Arawaco.

Con respecto al proyecto AMO destacan en el punto 5 lo siguiente: “… desde el año 2013 hemos venido alertando sobre la nueva política minera del Estado venezolano, especialmente sobre el proyecto denominado “Arco Minero del Orinoco” (Zona de Desarrollo Estratégico Arco Minero del Orinoco -ZDEAMO) destinado a la exploración y explotación de diversos minerales en la región Guayana, al sur del Orinoco, ya en ejecución en el estado Bolívar sin un proceso de consulta previa, libre e informada (Art. 120 Constitución), sin estudios de impacto ambiental (Art. 127 y siguientes de la Constitución) y sin que se haya realizado de manera efectiva el proceso de demarcación de hábitats y tierras indígenas (Art. 119 de la Constitución), el cual se encuentra paralizado desde hace varios años».

El informe también destaca que «numerosos sectores ambientalistas, científicos, académicos, indígenas e indigenistas y de derechos humanos, así como estudios calificados, alertan sobre las graves consecuencias e impactos ambientales, sociales, culturales».

Ubicación

Atabapo, estado Amazonas.

Fuentes consultadas

Bello, Luis Jesús / Diaz Mirabal, José Gregorio. Grupo Wataniba / Orpia. Informe sobre la Situación Actual de los Grupos de Pueblos Indígenas en Aislamiento Relativo y Poco Contacto en Venezuela (Jödi, Uwottüja, y Yanomami). Octubre 2017. Consultado el 30 de junio de 2019.

Catálogo del patrimonio cultural venezolano 2004-2007.  Estado Amazonas, Municipio Alto Orinoco y Atabapo.  Instituto del Patrimonio Cultural, 2007.

López, Edgar. Con arcos y flechas indígenas frenan la minería a gran escala. En arcominerodelorinoco.com Consultado el 1 de julio de 2019.

Mansutti Rodríguez, Alexánder. Warime: la fiesta. Junio 2006. Fondo Editorial UNEG. Consultado el 29 de julio de 2019.

Meléndez, Lorena. Indígenas en aislamiento en Venezuela: bajo el asedio de mineros, enfermedades y guerrilla / Series de Mongabay: ESPECIAL Indígenas aislados en peligro, 12 de diciembre de 2018. En es.mongabay.com.  Consultado el 1 de julio de 2019.

Organizaciones Indígenas de Amazonas sobre los Impactos de la Minería en la Región Amazónica. Enero de 2019. Wataniba / Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía. Consultado el 1 de julio de 2019.

Ruiz, Francisco Javier. El Arco Minero del Orinoco / Diversificación del extractivismo y nuevos regímenes biopolíticos. Marzo – Abril 2018. Revista Nueva Sociedad / Democracia y política en América Latina. Consultado el 1 de julio de 2019.

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