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Colette Delozanne, escultora de recintos ancestrales

Colette Delozanne. Foto Manuel Sardá.

Colette Delozanne. Foto Manuel Sardá.

En el Parque del Este, en el bulevar Sabana Grande, en la urbanización Caricuao de Caracas… Colette Delozanne interpela la ciudad con su obra de reminiscencias ancestrales.

Una primera idea para hablar de las inquietudes iniciales de Colette Delozanne (París, 8 de enero de 1931), es la estrecha relación entre su formación en el Centro Nacional de Enseñanza Turística de París -que concluyó en 1950- y su don para la aventura.

La necesidad de esta esta autora franco-venezolana de conocer nuevos horizontes, de abrirse a sus intereses “por lo otro”, derivaría en una insospechada vocación artística.

En la década de los 50, a pesar de estar en plena dictadura militar, Venezuela era un destino atractivo para una joven parisiense recién graduada como agente turístico y de traducción.

Desde el año 1955 Colette Delozanne (hija de Raymond Delozanne y Blanche Huot de Delozanne) se residencia en Caracas. Doce años más tarde (1967) se entusiasma con la cerámica, e inicia su formación en el prestigioso Taller de Arte Libre, con una larga trayectoria artística para la época. Asimismo, toma clases con Gustavo Lafée y con Sinaí Ovalles, de quien recibe instrucción en modelado cerámico.

Rápidamente inicia una temprana carrera como autora, participando en eventos como el XXX Salón Oficial (1967) y en el I Salón Nacional de Artes del Fuego, (1971) en donde obtiene el primer premio.

De inmediato, la artista destaca en la escena de la escultura cerámica con trabajos poco usuales para un medio que aún se inclinaba por obras utilitarias y piezas de menor tenor.

Delozanne elevó esa materia dúctil al plano artístico con piezas que exploran una naturaleza orgánica representada en estructuras horadadas y con características arbóreas. En su arte habita a un tiempo la fauna, lo vegetal y lo ancestral.

Lo fantástico anclado en la tierra

Obras de arte del metro de Caracas dañadas por la desidia y el vandalismo urbano. Patrimonio cultural de Venezuela en riesgo.

Pieza Ritual de lo entrañable, de Colette Delozanne. Estación Caño Amarillo del Metro de Caracas. Foto Luis Chacín.

Desde la arcilla mineral, Delozanne levanta verdaderas estructuras imaginarias. Lo fantástico cohabita en esa especie de vegetación esculpida en barro que, más allá de lo representativo, evoca un universo de prolongaciones infinitas.

En 1973 Colette Delozanne participa en el Primer simposio internacional de ceramistas en la ciudad de Memphis, EE. UU. Al año siguiente exhibe piezas en forma de torres superpuestas, de volumen considerable, en la Galería Arte/Contacto en Caracas.

Colette Delozanne hace del arte recintos orgánicas, ancestarales. Foto en el blog Negro Sobre Blanco.

Colette Delozanne hace del arte recintos orgánicas, ancestarales. Foto en el blog Negro Sobre Blanco.

Eran estructuras huecas, perforadas, un trabajo donde la artista privilegia el espacio interior, elemento que desarrolla desde sus inicios en la escultura.

Progresivamente la artista escaló sus representaciones hasta convertirlas en propuestas casi arquitectónicas. Aunque sin perder su argumento por excelencia: la naturaleza, la fauna, la tierra y lo ancestral.

La huella de Delozanne en la ciudad

En los años ochenta desarrolla estas propuestas de gran formato en las que no solo interviene el barro o la cerámica, sino que incorpora cemento, fibra de vidrio o bronce, entre otros recursos escultóricos. Con ellos construye habitáculos o pequeñas ciudadelas que recuerdan el mundo prehispánico.

La artista ha participado en propuestas colectivas de arte e integra importantes colecciones públicas y privadas como la GAN, el Ateneo de Valencia en el estado Carabobo, la empresa cinematográfica Bolívar Film, entre otras.

Su obra ha sido exhibida y galardonada en prestigiosos eventos, artísticos como el Salón Arturo Michelena, el I Salón Nacional de Artes del Fuego o el Salón Nacional de Escultura en Pequeño y Mediano Formato.

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Son varios los espacios públicos de Caracas y el interior del país en donde se pueden contemplar las reconocidas “torres de barro” de Colette Delozanne. Sus características armazones de talante sagrado son una referencia notable en lugares como el Parque del Este, en donde “habitan” Los seres esenciales (1981), o en el Parque de Esculturas Minas de Aroa, en el estado Yaracuy, realzado por sus Santuarios selváticos (1983).

También se pueden observar otras obras como Lugar de floraciones (1987), en el Parque Bravos de Apure, en la urbanización Caricuao en Caracas, o El gran lugar del alba (2012), ubicada en el bulevar de Sabana Grande, en Caracas.

Fuentes consultadas

Diccionario biográfico de las artes visuales en Venezuela.

Barbieri, Nelly. El movimiento cerámico en Venezuela. Caracas, CONAC, 1998.

Investigación: Xiomara Jiménez.

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