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La estatua de El Libertador en Lobatera, un bronce único en el mundo

Plaza Bolívar de Lobatera, Táchira. Foto Samir Sánchez, 2010.

Estatua de El Libertador en la plaza Bolívar de Lobatera, estado Táchira – Venezuela. Foto Samir Sánchez, 2010.

La estatua de El Libertador que preside la plaza Bolívar de Lobatera, Táchira, es una obra del arte universal, realizada en bronce por Giovanni Turini según los cánones académicos clásicos, naturalistas y romanticistas del siglo XIX. La plaza la diseñó Fruto Vivas en 1956. 

Nombreestatua de El Libertador Simón Bolívar.

Autor: Giovanni Turini (1841-1899.

Dimensiones y técnica: bronce de 2,74 m de alto / Cera perdida.

Año: 1893.

Tipo de patrimonio cultural: tangible / mueble / monumento en espacio público.

Administrador custodio o responsable: alcaldía del municipio Lobatera, Táchira.

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

Hay que volver a los antiguos monumentos

Cuando Marco Tulio Cicerón (106 – 43 A.C), orador, político y escritor romano comenzó a percibir los primeros síntomas de la decadencia del ideal republicano del estado romano, exclamó: Monumenta vetera volvere! – Hay que volver a los antiguos monumentos, hay que releerlos. No en vano monumento y memoria han compartido a través del tiempo un mismo étimo, la palabra latina moneo que significa «advertir», hacer saber.

En ese contexto, y desde fines del siglo XIX, la escultura pública o estatuaria de carácter conmemorativo en Venezuela y en el estado Táchira alcanzó un carácter significativo como representación tangible de los valores de una memoria nacional y regional, presentando una decadencia a partir de la segunda mitad del siglo XX. Como resultado, decayó por igual el conocimiento y valoración de dicha estatuaria monumental, convirtiéndose en un desolado campo de trabajo, escasamente desarrollado o desconocido.

De allí que los monumentos públicos que existen en las ciudades y pueblos de Venezuela y el Táchira, heredados de las sociedades que nos precedieron en el tiempo, aun cuando puedan llegar a alcanzar el calificativo de obras de arte, no pasan de ser solo eso: una herencia residual de otras épocas cuya escasa valoración, en muchos de los casos, no trasciende más allá de la atávica ritualidad de las fechas patrias.

Fuera de ellas, estas obras permanecen en la conciencia social y gubernamental como simples objetos, de rezago, ignorados, y en muchos casos improvisados, pero por demás desconocidos entre la complicada trama urbana y comercial de las ciudades y poblaciones del siglo XXI.

Así, un ejemplo específico de la memoria transformada en bronce, pero sujeta a las anteriores vicisitudes, se encuentra en la plaza Bolívar de la población de Lobatera (estado Táchira) desde 1956. Inquirir sobre su pasado -singular y viajero- ya resulta en una aventura del conocimiento que coloca a cada lector en la convicción de encontrarse frente a una obra del arte universal, y frente a una lección –certera- de historia venezolana.

Centro histórico de la población de Lobatera (Estado Táchira) y el espacio de la Plaza Bolívar (Foto Google Earth 2014)

Centro histórico de la población de Lobatera (Estado Táchira) y el espacio de la Plaza Bolívar. Foto Google Earth 2014.

La Plaza Bolívar de Lobatera (estado Táchira)

En el principio, exactamente en el principio, fue la Plaza Mayor. Aquí se desató la historia del pueblo, aquí nació, un día entre sus días, el pueblo.

Siempre, al poner los pies y la evocación en ella, veríamos desde el punto de vista ideal la escena de sus orígenes, escribiría el poeta.

Dentro del ámbito de esta plaza indiscutiblemente Mayor –mayor en edad, en vivencias y en gobierno- y al mirar desde ella la extraordinaria geografía que la circunda, comprendemos la decisión de los primeros pobladores de arraigarse en esta tierra y la euforia de El Libertador Simón Bolívar al recorrerla.

Desde aquí columbramos, en tiempo despejado, hacia el este, las lejanas y altas cumbres de los páramos andinos de Angarabeca, Arcabuco y Monte Grande; hacia el oeste, imponentes y verticales, los peñascosos cerros de La Aguada y la Laguna del Buitrón; hacia el norte, la garganta rocosa abierta entre ciclópeas montañas por las aguas del río Lobaterita; y hacia el sur, los dos vértices airosos de las cumbres de Los Letreros, las cuales parecen escalar el firmamento entre turbantes de niebla.

En el centro de esta geografía, echando adelante la historia, se encuentra la Plaza Bolívar de Lobatera. El común de sus pobladores la identifica como «el Parque» o «el Parque Bolívar», nombre ilustre grabado en la memoria, en la emoción y en la admiración de su gente.

La misma permaneció como un amplio espacio descampado desde los orígenes del pueblo en 1593 hasta 1956, cuando se construye el actual parque. La otrora plaza mayor, de piso de tierra y arena era el lugar siempre abierto para el encuentro público de sus habitantes, de las asambleas y reuniones de interés general, de las procesiones o romerías y verbenas como las del día de San Isidro Labrador, de las corridas de toros (desde 1774), de los alardes (paradas militares de la época colonial española) así como el lugar del mercado de los días domingos que congregaba en un solo recinto a vecinos, aldeanos y habitantes de los pueblos cercanos.

En la época de la Guerra de Independencia El Libertador Simón Bolívar acampó en ella, junto con su ejército, el 17 de abril de 1813 y el 23 de mayo de 1820.

Pasado el tiempo, la vieja plaza relegaba su nombre de mayor a la historia. El 17 de diciembre de 1930, con motivo de las celebraciones del centenario de la muerte de El Libertador, la municipalidad de Lobatera le dio la designación oficial de «Plaza Bolívar».

Ya con el imperativo nombre del Pater Patriae o Padre de la Patria, hacia 1955, un grupo de lobaterenses interesado en el progreso material del pueblo se planteó la necesidad de transformar el paisaje de la aún colonial Plaza Bolívar en un espacio urbanísticamente moderno, dotándolo de una estatua del Libertador. Así sucedería con muchas plazas venezolanas de la época, producto de la visión del nuevo ideal nacional fomentado durante el gobierno del General Marcos Pérez Jiménez.

Este grupo, organizado en «Comisión Promotora para la construcción del Parque Bolívar de Lobatera», hizo contactos con lobaterenses residentes en Caracas, especialmente con quienes ocupaban puestos de relevancia en el gobierno nacional, para lograr la adquisición de una estatua que presidiera la plaza. Entre ellos, contactaron al teniente Andrés Roa Ramírez, quien ocupaba el cargo de jefe de la Compañía de Transporte Público de Caracas, para que realizara las gestiones conducentes al objetivo planteado.

Estatua de El Libertador en Lobatera. Táchira. Integrantes de la Comisión Pro-Parque Bolívar de Lobatera, 1956. Se han podido identificar, para la fecha, a: Marcos Ovalles (h), primero de la izq.; don Carlos Alviárez, sexto de izq. a der.; Mons. Manuel García Guerrero, cura párroco de Lobatera; don Jesús María Ramírez, presidente del Concejo Municipal del Distrito Lobatera,9° de izq. a der.; don Marcos Ovalles, primero de la der. Foto Carlos Alviárez Sarmiento, 2014.

Comisión Pro-Parque Bolívar de Lobatera, 1956. Se han identificado, para la fecha, a: Marcos Ovalles (h), primero de la izq.; don Carlos Alviárez, sexto de izq. a der.; Mons. Manuel García Guerrero, cura párroco de Lobatera; Jesús María Ramírez, presidente del Concejo Municipal del Distrito Lobatera, noveno de izq. a der.; Marcos Ovalles, primero de la der. Foto dig. Carlos Alviárez Sarmiento, 2014.

Tte. Andrés Roa Ramírez, quien obtuvo la donación de la estatua de El Libertador para la plaza Bolívar de Lobatera, en 1956. Foto

Tte. Andrés Roa Ramírez, quien obtuvo la donación de la estatua de El Libertador para la plaza Bolívar de Lobatera, en 1956. Foto

Roa comenzó indagando sobre los costos de las estatuas, pero por igual recorrió diferentes dependencias oficiales, donde obtuvo noticias de que en uno de los depósitos gubernamentales del Palacio de Miraflores se encontraba un bronce pedestre de El Libertador, guardado allí luego de las remodelaciones que se hicieron en el Parque El Calvario (Paseo de la Independencia) de Caracas, lugar donde estuvo emplazado.

Estatua de El Libertador Simón Bolívar en el emplazamiento del Paseo de la Independencia (El Calvario) para 1920. Allí permaneció entre 1894 y 1955. Foto Fotos Viejas de Caracas, 2011.

Estatua de El Libertador Simón Bolívar en el emplazamiento del Paseo de la Independencia (El Calvario) para 1920. Allí permaneció entre 1894 y 1955. Foto Fotos Viejas de Caracas, 2011.En días posteriores y dada la amistad personal con el presidente de la República, Roa le hizo la solicitud formal al igual que al presidente del Concejo Municipal del Distrito Federal para que la estatua que estuvo en El Calvario fuese donada a Lobatera. La carta iría acompañada de la firma de todos los lobaterenses que formaban parte de la oficialidad de las Fuerzas Armadas.

Ofrenda floral ante la estatua de El Libertador en acto especial el 10 de abril de 1956, luego de su llegada a Lobatera

Ofrenda floral ante la estatua de El Libertador en acto del 10 de abril de 1956, tras su llegada a Lobatera, cuando fue ubicada temporalmente en la vieja glorieta de la época gomecista. Foto Johnny Medina.

La donación se logra por acuerdo del Concejo Municipal del Distrito Federal, de fecha 2 de marzo de 1956, iniciándose conjuntamente el proceso del diseño de la nueva plaza Bolívar, auspiciado por el Gobierno nacional y el estadal, diseño que le fue encargado a un recién graduado arquitecto tachirense: José Fructuoso Vivas Vivas (Fruto Vivas, La Grita, 1928).

Fruto Vivas hizo un diseño romboidal para el parque o plaza Bolívar de Lobatera, 1956. Foto Carlos Alviárez Sarmiento, 2009. Vivas transformó el espacio en un parque, según las tendencias más vanguardistas de la época. El diseño incluyó un predominio formal de la figura lineal, triangular y romboidal (estilo que desarrolló en esta primera etapa de su vida profesional, y que ya había experimentado en el diseño del Club Demócrata de San Cristóbal en 1954).

Fruto Vivas hizo un diseño romboidal para el parque o plaza Bolívar de Lobatera, 1956. Foto Carlos Alviárez Sarmiento, 2009.

El proyecto incluía áreas verdes dentro de formas geométricas, caminerías, iluminación a través de bombillas con briseras ubicadas en artísticos postes de marcada verticalidad, un espejo de agua triangular iluminado, bancas de granito martillado rectangulares y de forma circular alrededor de los árboles.

Por igual respetó el espacio para actos o presentaciones, en el mismo lugar donde estuvo emplazada la vieja glorieta de la época del general Gómez (1930), construida especialmente para las retretas dominicales de la Banda Municipal Sucre (institución fundada en 1906).

El todo arquitectónico se concretó en un proyecto vanguardista. En un espacio público cuya construcción dentro del perímetro de la vieja plaza respondía al patrón de la figura geométrica que incluyó el diseño del pedestal -único y original- en forma de columnata en diagonal sobre la cual se levantaría la peana y la estatua de El Libertador, en el centro de la plaza.

Estatua de El Libertador y pedestal vanguardista diseñado por el arquitecto Fruto Vivas. Parque Bolívar de Lobatera, 1956. Foto Carlos Alviárez Sarmiento, 2009.

Estatua de El Libertador y pedestal vanguardista diseñado por el arquitecto Fruto Vivas. Parque Bolívar de Lobatera, 1956. Foto Carlos Alviárez Sarmiento, 2009.

La estructura del pedestal, diseñada para soportar el peso de la estatua, fue concebida a partir de una elevada plataforma de tres aristas que generan un triángulo equilátero a manera de acropodio, sostenida a su vez por columnas perpendiculares que, al generar la forma del triángulo, le daban al pedestal de tipo columnata la forma de trípode de gran verticalidad (único en su estilo en toda Venezuela).

Esta verticalidad fue el producto del cálculo hecho por el arquitecto en cuanto a la escala necesaria para la conservación de la visual de las proporciones normales de la estatua vista por un observador que se encuentre al nivel del piso de la plaza, considerando que el tamaño del bronce es de 2,74 m.

En julio de 1956 se iniciaron los trabajos de remodelación, llevados a cabo por la constructora «Orvenco», perteneciente al lobaterense Tíbulo Gómez Mora.

Coincidía igualmente esta donación con otra práctica nacional de la época del gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, la cual disponía que todas las plazas Bolívar de Venezuela debían de tener una representación de El Libertador, en el siguiente orden: capitales de estado, una estatua ecuestre; capitales de distrito (hoy municipios), una estatua pedestre; capitales de municipios (hoy parroquias), un busto.

El 3 de abril de 1956 la estatua de El Libertador emprendía de nuevo viaje, esta vez por la carretera Panamericana en dirección a Los Andes, al Táchira, a Lobatera. Era el cuarto viaje de su historia (los tres primeros fueron Rhode Island – Nueva York, Nueva York – Chicago, Chicago – Caracas). Don Asdrúbal Padrón (quien en los años siguientes llegó a ser presidente del Concejo Municipal del distrito Lobatera) fue la persona comisionada para trasladar la estatua en una camioneta de su propiedad. Al llegar al sitio de Quebraditas (en las proximidades de la población de Michelena), el bronce fue recibido por miembros de la junta organizadora, quienes en compañía de la Banda Sucre de Lobatera y la Banda de Ureña, invitada al evento, continuaron en caravana hasta la entrada de Lobatera.

En la avenida Pbro. Pedro María Morales, en su intersección con la carretera Panamericana, fue recibida el 5 de abril de 1956 por las autoridades civiles, eclesiásticas y militares del distrito.

Conjuntamente, el proyecto emprendido por la comisión pro-parque llegó a buen término y el día viernes 7 de diciembre de 1956. El gobernador del estado, Dr. Antonio María Pérez Vivas, en nombre del presidente de la República, general Marcos Pérez Jiménez, cortaba la cinta tricolor con lo cual dejaba inaugurada oficialmente la remodelada Plaza Bolívar de Lobatera. El gesto contó con la presencia de las autoridades del Concejo Municipal del antiguo distrito Lobatera (hoy municipio) presidido por don Jesús María Ramírez. Tras el acto solemne se desveló la estatua entre los acordes marciales del Himno Nacional y del himno del estado Táchira, interpretado por la Banda Municipal Sucre dirigida por don Juan Jesús Ospina.

Inauguración de la Plaza Bolívar de Lobatera (7 de diciembre de 1956), por el gobernador del estado Táchira Dr. Antonio Pérez Vivas, (al centro) acompañado de su tren Ejecutivo, Dr. Homero Moreno Orozco y Dr. Luís Andrés Rúgeles, (a su izquierda) Secretario General de Gobierno y Secretario Privado respectivamente. Observan: don Carlos Rubén Alviarez , Srta. María Teresa Zambrano y Sr. Jesús María Ramírez, presidente del Concejo Municipal de Lobatera para la época. Foto Carlos Alviárez Sarmiento, 2014.

Inauguración de la Plaza Bolívar de Lobatera (7 de diciembre de 1956), por el gobernador del estado Táchira Dr. Antonio Pérez Vivas, (al centro) acompañado de su tren ejecutivo, Dr. Homero Moreno Orozco y Dr. Luis Andrés Rúgeles (a su izq.), secretarios general de Gobierno y privado respectivamente. Observan: Carlos Rubén Alviarez , María Teresa Zambrano y Jesús María Ramírez, presidente del Concejo Municipal de Lobatera para la época. Foto Carlos Alviárez Sarmiento, 2014.

En la Memoria y Cuenta que presentara el gobernador del estado Táchira a la Asamblea Legislativa, en junio de 1957, se refirió a la Plaza Bolívar de Lobatera en los siguientes términos:

«Esta plaza fue construida sobre una superficie de 3630 m2 distribuidos en acera y avenidas centrales con pisos de loseta de concreto, 13 bancos de granito, zonas verdes, espejo de agua con cuatro reflectores subacuáticos y glorieta. Se colocó una estatua del Libertador sobre pedestal moderno, forrado en mármol nacional. La iluminación se hizo con 16 postes ornamentales y 7 reflectores de pie. Se efectuó la arborización y construcción de jardines con sus respectivos brocales; se hicieron los muros ornamentales de piedra canteada. El costo total de esta obra es de ciento cuarenta mil cuatrocientos noventa bolívares con treinta y siete céntimos».

Crónica de sus orígenes

Los orígenes de la estatua se remontan a los últimos años del siglo XIX, específicamente en la Exposición Mundial de Chicago de 1893 o Exposición Colombina (World’s Columbian Exposition), que se desarrolló en la ciudad de Chicago – Illinois (Estados Unidos) entre el 1 de mayo y el 3 de octubre de 1893. La exposición tuvo como motivo central el cuarto centenario del Descubrimiento del Nuevo Mundo por el Almirante Cristóbal Colón, y es considerada como una de las exposiciones que más impacto produjo en las artes, la industria y la tecnología de la época (de ella surgió, por primera vez, la reconocida ‘rueda de Chicago’ o Ferris Wheel, de los parques de atracciones, cuya máxima altura en giro era de 76, 2 m). Se calculó que por sus pabellones y espacios abiertos pasaron más de veintisiete millones de personas.

Gran Exposición Universal de Chicago, 1893. Foto Rand, Mc Nally Publishers, Printers, 1893. rlv.zcache.com.

Gran Exposición Universal de Chicago, 1893. Foto Rand, Mc Nally Publishers, Printers, 1893. rlv.zcache.com.

En Venezuela, para la época, entre febrero y octubre de 1892, el general Joaquín Crespo (1841 – 1898) se encontraba en armas contra los objetivos continuistas del presidente Raimundo Andueza Palacios  (1846 – 1900), quien luego del triunfo de la denominada «Revolución Legalista» liderada por Crespo, abandona la ciudad capital de Caracas y este último asume la presidencia de la República, dominando la vida política venezolana hasta su muerte en el combate de la Mata Carmelera, el 16 de abril de 1898.

Pintura del General Joaquín Crespo, óleo sobre tela de Arturo Michelena, 346 cm x 253 cm

General Joaquín Crespo, óleo sobre tela de Arturo Michelena, 1897. Foto Ministerio de Relaciones Interiores, Caracas, 1991.

Consciente de la importancia de la proyección de su gobierno en los niveles internacionales, en los cuales demostraría la cultura, el progreso y el orden sobre los cuales fundamentaba su actuación, el general Crespo encontró una ocasión propicia para desplegar esta campaña gubernamental en la invitación que, en noviembre de 1892, los organizadores de la Feria o Exposición Mundial de Chicago hicieran al Gobierno nacional para que Venezuela tuviese una presencia en la misma. Buscaba también rivalizar con la obra de Antonio Guzmán Blanco.

El 7 de diciembre de 1892 el presidente Joaquín Crespo aceptó la invitación a través de su ministro de Relaciones Exteriores Ezequiel Rojas y designó una comisión organizadora, la cual quedó presidida por el Dr. Francisco E. Bustamante y David Lobo, el primero como jefe de la legación de Venezuela en Washington y el segundo como secretario. A su vez, fueron contactados los ciudadanos venezolanos Dr. Manuel Vicente Toledo y el señor J. M. Larralde, residentes en los EE. UU., para que integraran la respectiva comisión.

El día 20 de diciembre de 1892 el ministro Rojas tomaba las medidas necesarias para la construcción del pabellón que representaría a Venezuela: «[omissis] 4. Contratar en los Estados Unidos la construcción de un edificio donde se expondrá todo lo relacionado con la República. Este edificio debe erigirse bajo la supervisión inmediata de la Comisión que representa a Venezuela en la Exposición Internacional, y debe cumplir con la condición que, cuando haya finalizado la Exposición, se pueda trasladar a Caracas y colocar en un lugar adecuado, como una obra. tanto de ornamento como de la utilidad pública».

Para el diseño, la comisión contrató al arquitecto francés J. B. Mora, perteneciente a la comitiva de Francia que participó en la organización de la exposición y quien había egresado la Escuela de Bellas Artes de París. Mora realizó el trazado del edificio, siendo el mismo diseñador de los pabellones de Colombia y Guatemala.

Las estatuas que se ubicaron en las bóvedas laterales fueron contratadas en Nueva York con el escultor Giovanni Turini (1841-1899), por el Dr. Adolfo Ernst, comisionado del gobierno venezolano para recolectar los objetos de la exposición. Los trabajos de construcción del edificio, según lo informaba la prensa de Chicago de la época, se iniciaron el 21 de enero de 1893 con el movimiento de tierra que permitiría sentar las bases del mismo.

Imagen oficial del edificio de Venezuela en la Exposición Universal de Chicago de 1893. Foto World’s Columbian Exposition, Government Building, Venezuela, image 076 en GUTENBERG EBOOK, c. d. Arnold and H. D. Higinbotham. gutenberg.org.

Imagen oficial del edificio de Venezuela en la Exposición Universal de Chicago de 1893. Foto World’s Columbian Exposition, Government Building, Venezuela, image 076 en GUTENBERG EBOOK, c. d. Arnold and H. D. Higinbotham. gutenberg.org.

El acto de inauguración, que se inició a las 2:00 p. m., fue amenizado por la banda del estado de Iowa (EE. UU.), colocada en una plataforma ad hoc frente a la fachada posterior del edificio, la cual estuvo conformada por cincuenta músicos que interpretaron diez piezas musicales para la ocasión.

El edificio se correspondía con una estructura de metal y exteriores con imitación de mármol veteado y madera, desmontable (según se había dispuesto en la resolución del Ejecutivo Nacional de fecha 20 de diciembre de 1893), el cual se había levantado sobre un terreno de doscientos sesenta metros cuadrados de superficie (cuyo emplazamiento responde en la actualidad a las coordenadas N 41º 47.341’ W 87º 34.871’, calculadas con un dispositivo para GPS Dakota/Garmin, 2012).

Boceto del Pabellón de Venezuela, 1893. Foto World's Columbian Exposition at Chicago. EE. UU. 1893, Published by order of The Government of Venezuela, New York, 1893, Official Documents, p. iii. Internet Archive Copyright Agent, Universal access to human knowledge, © 2009).

Boceto del Pabellón de Venezuela, 1893. Foto World’s Columbian Exposition at Chicago. EE. UU. 1893, Published by order of The Government of Venezuela, New York, 1893, Official Documents, p. iii. Internet Archive Copyright Agent, Universal access to human knowledge, © 2009).

De planta rectangular y simétrica, respondió a un estilo neoclásico (con pilastras corintias) con aditamentos neobarrocos (altos relieves de guirnaldas bronceadas en sus paredes) y el diseño tuvo como modelo la forma de un antiguo arco de triunfo romano de tres partes, por cuanto su objetivo sería el de resaltar las glorias de El Libertador y de Colón. El cuerpo central formaba un cuadrado de doce metros de lado y contenía en sus paredes varios cuadros y vidrieras, y en su centro un artístico andamio prismático en cuyos lados se pusieron los lienzos de Cristóbal Rojas y Arturo Michelena. En los vértices del edificio central se colocaron artísticas acroteras que cumplían la función de bases de las astas de las banderas de Venezuela y los Estados Unidos. Las bóvedas esquifadas de madera de los salones laterales fueron coronadas o rematadas con la estatua en bronce de El Libertador (salón este) y la estatua del Almirante Cristóbal Colón (salón oeste).

Bajo la primera, en el centro del salón y dentro de una vidriera, fue exhibido el original de la espada de El Libertador junto con el Medallón de Washington y la condecoración Sol del Perú (obsequio del general San Martín a El Libertador). Bajo la segunda, se colocó el cuadro que contiene el pendón o bandera de la Conquista de Pizarro.

Venezuela Objetos exposición universal 1893

Venezuela Objetos exposición universal 1893

El edificio o pabellón venezolano contó con un promedio de visitantes diarios (de julio a octubre de 1893) que variaba entre 1500 y 2000 personas. Las principales atracciones resultaron ser la exhibición de la «Espada de El Libertador» elaborada en oro y engastada con 1380 diamantes y piedras preciosas, considerada por los jueces de la exposición como una de las joyas mejor acabadas en lo que a su estilo se refiere y el Pendón de la Conquista del Perú, blandido por Francisco Pizarro en el siglo XVI. Este había sido entregado en 1824 por la municipalidad de Cusco / Cuzco al Mariscal Antonio José de Sucre, quien se lo enviara al El Libertador, finalmente Bolívar lo donó a la ciudad de Caracas como trofeo de guerra.

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Asimismo, las obras de los pintores Arturo Michelena, Cristóbal Rojas y A. Herrera Toro fueron muy bien recibidas por los especialistas en pintura de la época por lo que el jurado concedió medalla a los pintores.

Finalizada la exposición y luego de desmantelado el pabellón venezolano, del cual no se tienen noticias si fue trasladado a Caracas como había sido la orden inicial, las estatuas que estuvieron en sus techos llegaron a Venezuela por la ruta marítima de Nueva York al puerto de La Guaira. El presidente de la República, general Joaquín Crespo, continuando con la línea de Guzmán Blanco de exaltación nacionalista y culto -propio del romanticismo- a los héroes de la Independencia, dictó un decreto de fecha 23 de agosto de 1894 por medio del cual cambiaba el nombre al Paseo «Guzmán Blanco» (El Calvario) por Paseo de la Independencia. Asimismo ordenó colocar a lo largo de este las estatuas de El Libertador, de próceres de la Independencia y del almirante Cristóbal Colón.

En el decreto ejecutivo el presidente Crespo disponía en su artículo 3°: «En diferentes puntos del paseo, se prepararán y embellecerán cuatro planicies, que llevarán los siguientes nombres y serán adornadas con las estatuas que se expresan: / ‘Plaza América’, con la estatua de El Libertador Simón Bolívar que es la misma que figuró en el edificio de Venezuela en la Exposición Universal de Chicago».

Así, y como acto oficial del inicio del año centenario del natalicio del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, decretado el 2 de febrero de 1895, la estatua de El Libertador que identificó al Pabellón de Venezuela en la Exposición de Chicago fue inaugurada en la Plaza América del Paseo de la Independencia, o Colina del Calvario, el 21 de febrero de 1895 por el propio presidente Crespo.

Estatua de El Libertador, en el Paseo El Calvario, Caracas para 1900. Foto Tarjeta postal de 1899. Foto viejasfotosactuales.multiply.com.

Estatua de El Libertador, en el Paseo El Calvario, Caracas para 1900. Foto Tarjeta postal de 1899. Foto viejasfotosactuales.multiply.com.

Una crónica de la época relataba que la altura de la estatua era de 2,20 metros y el pedestal y monumento eran de granito artificial, de forma octogonal y elegante, contratados con la firma La Torre & Chellini Ca. No obstante, en el Libro del Directorio de la Exposición Universal de Chicago, editado en 1893, al describir el edificio de Venezuela especificaba que la estatua de Bolívar (y la de Colón) tenían una altura de nueve pies (2,74 cm) y pesaban dos mil libras (907 kilogramos) cada una, verificándose esta última medida en el proceso de restauración de la estatua, ordenado por la alcaldía de Lobatera en 2012, y realizado por el especialista tachirense Homero Parra.

Inscripción autógrafa del escultor Giovanni Turini y año de realización de la estatua, 1893.

Inscripción autógrafa del escultor Giovanni Turini y año de realización de la estatua, 1893. Se encuentra en la sección izquierda de la peana de la estatua. Foto Darío Hurtado, 2012.

Asimismo, por el informe final de la comisión venezolana de la Exposición Universal de Chicago, el cual fue presentado al Congreso Nacional por el ministro de Relaciones Exteriores Ezequiel Rojas en 1894, se conoció que el costo que había pagado el Ejecutivo Nacional al escultor Turini por las estatuas de El Libertador y de Colón fue de 23 400 bolívares; el costo del edificio del pabellón, 140 400 bolívares y el moblaje del mismo, 21728,50 bolívares.

El tiempo y las circunstancias hicieron que las estatuas que estaban separadas solo por metros y que presidieron los salones este y oeste del pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Chicago de 1893, finalizaran distanciadas por kilómetros e instaladas en dos pequeñas poblaciones, en los extremos este y oeste de la geografía venezolana: la de Cristóbal Colón, en uno de los extremos más orientales, en Macuro, Paria, estado Sucre y la de El Libertador en uno de los más occidentales, en Lobatera, estado Táchira.

La estatua de Colón fue instalada al final de las escalinatas del Paseo de la Independencia (El Calvario) e inaugurada oficialmente por el presidente Joaquín Crespo a las 4 de la tarde del 28 de octubre de 1894, en la celebración del Día de San Simón apóstol, onomástico de El Libertador.

Allí permaneció hasta 1985, cuando se realizan nuevos trabajos de remodelación en el paseo y la misma es desmontada y guardada en depósitos oficiales. Permaneciendo en ellos hasta 1990 cuando, por una orden del ministro de Relaciones Interiores de la época, y próxima la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América (1492 – 1992), la estatua es trasladada a la población de Macuro (Paria – estado Sucre), reemplazando a otra que se había colocado en 1974.

En el pedestal del antiguo emplazamiento del Paseo de la Independencia (El Calvario) se colocó una réplica de la misma, realizada por el escultor Arturo Rus Aguilera, la cual permaneció allí hasta el martes 17 de marzo de 2009, cuando fue retirada por Fundapatrimonio, en cumplimiento de las directrices político-ideológicas del gobierno de turno.

Descripción

Parque Bolívar de Lobatera, 2006. Foto Samir Sánchez, 2006.

Plaza Bolívar de Lobatera, 2006. Foto Samir Sánchez, 2006.Iconografía de la estatua. De proporciones heroicas, del elaborado trabajo de los detalles se desprende que del modelo original en arcilla realizado por el escultor debieron realizarse varios moldes o secciones para su vaciado en bronce, por parte del fundidor. Partes que luego serían ensambladas, pulidas y patinadas por el escultor.

Desconocemos la técnica de fundición, pero pudo ser bajo la denominada «técnica de la cera perdida», la más común en la época para la realización de estatuas de ese tamaño. Al determinar los porcentajes de aleación de la estatua de Lobatera partiendo del análisis de su color original y/o patina, el escultor debió utilizar una aleación en proporciones de 90 % de cobre y 10 % de estaño como componentes principales, sin descartar la presencia del óxido de cobre denominado cuprita, que le daría el tono o color cobrizo que posee.

La estatua responde al modelo de bulto redondo (que representa la figura en sus tres dimensiones), erguida sobre una peana de forma cuadrangular y achaflanada (las equinas de la base cuadrangular están cortadas por un plano para evitar la formación de aristas), característica de todas las estatuas de Turini.

En su sección frontal, la peana lleva burilada en letras latinas mayúsculas, la inscripción «LIBERTAD». Esta debió tener un sentido alegórico a la figura del héroe que representa por cuanto en la peana de la estatua del almirante Cristóbal Colón (que se encuentra en Macuro, estado Sucre), en el mismo lugar, el autor colocó la expresión «TIERRA».

El bronce de El Libertador se levanta sobre un pedestal en concreto armado y recubierto con mármol nacional gris oscuro (salido de las canteras de La Joroba y El Peñón, en el estado Miranda, que se encontraban en producción para la época). Está conformado por una base triangular equilátera o acropodio (sobre la que se yergue la estatua), sostenida por seis columnas geminadas exentas, de sección triangular y diagonales que se unen en los ángulos de la base y en el suelo formando un trípode.

Estatua de El Libertador, Plaza Bolívar de Lobatera. Foto Samir Sánchez, 2009.

Estatua de El Libertador, Plaza Bolívar de Lobatera. Foto Samir Sánchez, 2009.

La posición del personaje quedó representada de forma gallarda, altiva y de visión serena. Por su actual ubicación, la parte frontal de la estatua da al este y la mirada hacia el norte, en una actitud de diálogo con sus generales o el estado mayor.

Representa a Bolívar de pie, vuelto a su derecha, con uniforme de General en Jefe conformado por casaca, amplio sombrero de tipo bicornio emplumado con escarapela o cucarda, profusa pasamanería de ramos y hojas de laurel en la casaca, pechera, puños, cuello y en el cinturón que es cerrado por una hebilla rectangular con las iniciales SB rodeadas por una corona de laurel.

El cuello de la casaca es semiabierto en forma de Y con pechera de forma circular o redondeada ajustada por gruesos botones y de cuyo centro pende una condecoración de venera ovalada; charreteras voluminosas, cada una con tres cabezas de clavos en forma de estrellas o soles que las sostienen al uniforme.

Rostro de El Libertador, Plaza Bolívar de Lobatera. Foto Darío Hurtado, 2013.

Rostro de El Libertador, centenario bronce de 2,74 m en la plaza Bolívar de Lobatera. Foto Darío Hurtado, 2013.

Bajo el cuello y los pliegues de los puños de la casaca, se puede observar con precisión los detalles de una camisa manga larga. Las facciones del rostro son de clara inspiración en los retratos de Bolívar realizados por el artista peruano José Gil de Castro en el siglo XIX: frente alta y despejada, ojos profundos, nariz recta y larga, marcados surcos nasogenianos (líneas del rostro que se trazan entre la nariz y la comisura de los labios), pómulos salientes, mejillas hundidas, leve prominencia del labio inferior, mandíbula y mentón prominentes, peinado tipo «golpe al viento» propio del estilo de El Libertador entre 1825 y 1826, cuando el artista conoció a Bolívar y cuando se encontraba en los años de su más firme y vasto poderío o de su máxima grandeza, según las palabras del historiador de arte Alfredo Boulton.

Detalles de la estatua de El Libertador de Lobatera, Táchira. Fotos Samir Sánchez, 2009.

Detalles de la estatua de El Libertador de Lobatera, Táchira. Fotos Samir Sánchez, 2009.

La espada de gala está envainada y pende por medio de elaborados correajes sujeta-espada, al través, desde la parte izquierda del cinto. Posee empuñadura, pomo laureado en forma de arco y gavilanes de cuya base sobresale una borla.

La mano derecha descansa sobre un marmolejo o columna pequeña de estilo dórico-toscano del cual se desprende un plano rectangular, con dobleces, que contiene el mapa de los países bolivarianos y que señala con su dedo índice. El plano tiene inscripciones buriladas con los nombres de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Sobre el marmolejo también se encuentra el bicornio emplumado distintivo de General en Jefe, vuelto hacia abajo, presentando la escarapela o cucarda hacia el lado posterior de la estatua.

El brazo izquierdo está semilevantado sobre la empuñadura de la espada con la mano semiabierta en ademán de proceder a indicar algo, posición esta copiada de la mano de los catones de la estatuaria clásica de la antigua Roma.

Detalle de la mano izquierda de la estatua de El Libertador, Plaza Bolívar de Lobatera. Foto Darío Hurtado, 2013.

Detalle de la mano izquierda de la estatua de El Libertador, Plaza Bolívar de Lobatera. Foto Darío Hurtado, 2013.

La pierna derecha hacia adelante en actitud de descanso y la izquierda soporta el peso del cuerpo. Porta botas granaderas o altas y pequeñas espuelas movibles de amplias correas con trabillas y rodaja en forma de estrella.

Valores patrimoniales

Iconología de la estatua. Esta representación de El Libertador es pedestre y no se ha encontrado hasta la fecha otra igual en el territorio venezolano ni fuera de él, por lo que se presume que los moldes fueron destruidos al momento de extraer el bronce ya vaciado y solidificado.

Es una obra de arte elaborada con el cuidado propio del artesano, resultando original y única por cuanto no ha sido reproducida o multiplicada de forma industrial. No existen copias.

Otro aspecto del edificio de Venezuela y la estatua de El Libertador. Foto Venezuela Building at of the World’s Columbian Exposition, 1893. flickr.com.

Giovanni Turini se jugaba su reputación con este bronce (sobre el salón este) para el Pabellón de Venezuela en la Exposición Universal de Chigago, en 1893. Foto Venezuela Building at of the World’s Columbian Exposition, 1893. Flickr.

El motivo o inspiración que tuvo Turini para elaborar esta estatua, así como su dedicación y perfeccionamiento, se derivó de dos elementos implícitos: (a) La funcionalidad que tendría, según los requerimientos del gobierno venezolano para el Pabellón de Venezuela de la Exposición Universal de Chicago de 1893: mostrar como primera impresión al público visitante del pabellón y de la exposición, la imagen del máximo representante de la venezolanidad, el Bolívar Libertador, creador y conductor de repúblicas; (b) El escultor se jugaba con esta obra (y con la estatua de Colón) su prestigio como artista reconocido, por cuanto la ubicación de la misma, en la Exposición Universal de Chicago, era privilegiada al tener la oportunidad de ser vista por miles o millones de personas que visitarían uno de los acontecimientos internacionales más importantes del mundo y en una época donde la crítica de arte tenía un poder creador o destructor.

Estatua pedresre de El Libertador realizada por Pietro Tenerani. Bogotá, Colombia. Foto blog Nuestro Patrimonio

Estatua de El Libertador realizada por Pietro Tenerani. Bogotá, Colombia. Foto blog Nuestro Patrimonio

Como alumno que había sido de Adamo Tadolini, Turini conocía la iconografía bolivariana, en especial las estatuas ecuestres que su maestro había hecho de El Libertador (como la estatua ecuestre de la plaza Bolívar de Caracas, 1874), así como iconografías de la estatua pedestre de Pietro Tenerani de la Plaza de Bolívar en Bogotá (Colombia) que, a través del medallón que pende de la pechera, lo inspira visiblemente en su escultura de bronce para el edificio de Venezuela en la Exposición de Chicago.

Así, por la posición y vestimenta, es probable que Turini creara uno nuevo modelo a partir de la unión de elementos de composición presentes en la iconografía de Bolívar para la época de fundición de la estatua (fines del siglo XIX). Por tanto, no es descartable que el autor tuviera a la mano documentación sobre las obras gráficas realizadas en Caracas y en otros países con motivo del traslado de los restos de El Libertador en 1842 por mandato del Ejecutivo Nacional presidido por el general José Antonio Páez, siendo esta la iconografía más difundida en el ámbito o mundo de habla inglesa.

Esta conclusión se desprende al momento de comparar la mayoría de la iconografía de Bolívar realizada para la época, de la cual tres reúnen las características de la estatua de Lobatera: (a) Una litografía de Carmelo Fernández, impresa en París en 1842 para conmemorar la repatriación de las cenizas de El Libertador. En esta se pueden observar similitudes en la forma y posición de la espada, la posición del cuerpo (con excepción de la posición de la cara y de la mano izquierda), así como el plano de los países bolivarianos con sus nombres, y el bicornio (sombrero de dos picos) que en la litografía se encuentran a la izquierda y en la estatua a la derecha; (b) La orientación de la mirada y la mano derecha sobre el plano de los países bolivarianos, se encuentra en un óleo sobre tela, obra de Pierre Anastase Theodore Senties. Pintado hacia 1830, propiedad de Fanny du Villars y en el presente de sus descendientes.

Asimismo, en esta obra realizada según los patrones aprendidos en la escuela de escultura italiana de los Tadolini, se puede observar cómo el autor se esmeró en reproducir con realismo los detalles del rostro y las manos, considerados estos como los vehículos para la expresión primordial de la caracterización del personaje que se esculpía.

Detalle de la mano derecha de la estatua de El Libertador, Plaza Bolívar de Lobatera. Foto Darío Hurtado, 2013.

Detalle de la mano derecha de la estatua de El Libertador, Plaza Bolívar de Lobatera. Foto Darío Hurtado, 2013.

La estatua posee una vitalidad en la mirada, representada por la indicación del iris y la pupila grabadas con cincel en los ojos, lo que contribuye así a animar más la vida propia del rostro del héroe. Por igual, el cuidadoso realismo con que el autor ha reproducido las venas de la mano derecha recuerda la técnica de su maestro Adamo Tadolini (1788 – 1868), y por su posición, indicando el plano de los países que libertó, le imprimió a la figura el carácter de creador de repúblicas. La posición de la mano izquierda refuerza otra caracterización, la de Jefe de Estado y conductor de ejércitos.

Giovanni Turini, el autor 

Las estatuas de El Libertador y Colón, ordenadas para coronar las bóvedas esquifadas de los salones laterales del Pabellón de Venezuela en la Exposición Mundial de Chicago, fueron modeladas en arcilla y cera a principios de 1893 por Giovanni Turini, escultor nacido en Castelrotto, cerca de Verona (Italia), el 23 de mayo de 1841 y fallecido en Nueva York, EE. UU., el 27 de agosto de 1899.

El taller-estudio donde realizó los modelos de las estatuas se encontraba en el poblado de Garrettsons (llamado desde 1897 Dongan Hills) en Staten Island, Nueva York, y las mismas fueron vaciadas en bronce en la fundición de Gorhann Manufacturing Company (en Rhode Island).

Giovanni Turini estudió en Roma y fue alumno de Adamo Tadolini (1788 – 1868), autor de la estatua ecuestre de El Libertador que se encuentra en la plaza de la Inquisición o de la Constitución de la ciudad de Lima (Perú), inaugurada el 9 de diciembre de 1859, por el aniversario de la batalla de Ayacucho, siendo la primera estatua que inició la iconografía ecuestre de El Libertador.

Copia de esta estatua le fue encargada por el presidente Guzmán Blanco a Scipione Tadolini (1822 – 1892), hijo de Adamo Tadolini, para ser colocada en la Plaza Bolívar de Caracas en 1874. Adamo Tadolini fue alumno a su vez del escultor italiano Antonio Canova (1757 – 1822), considerado por los especialistas como el más alto representante del neoclasicismo.

Por ello, desde el punto de vista de la Historia del Arte, las obras de Turini quedan enmarcadas en el esfuerzo de la escuela de escultores donde se formó: los Tadolini, caracterizada por llevar los aspectos más académicos del neoclasicismo hacia la tendencia del naturalismo y romanticismo, a partir del estudio metódico del arte de la antigüedad griega y romana así como de las proporciones clásicas en la representación de los héroes.

Giovanni Turini, luego de sus estudios en Roma y Milán, se convirtió en profesor de escultura en esta última ciudad. Asimismo, formó parte como voluntario en el 4to Regimiento del ejército comandado por Garibaldi en la guerra contra Austria en 1866. Emigró en 1867 a los Estados Unidos, residenciándose en Nueva York donde se casó con una ciudadana norteamericana y obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1872.

La escultura de El Libertador (que está en Lobatera, estado Táchira) y del Almirante Cristóbal Colón (que está en Macuro, estado Sucre), hechas para el Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Chicago de 1893, recibieron los mejores elogios de la crítica de arte estadounidense, como se desprende del siguiente comentario: «El edificio de Venezuela tiene una arquitectura extremadamente armónica, en un delicado color gris, aliviado con verde y dorado. La sección principal de la estructura, cuyo frente está adornado con hileras de columnas estriadas cuadradas, está flanqueada por un salón a cada lado, cuyos techos en forma de cúpula están coronados por dos estatuas de bronce, una de Colón, la otra de General Bolívar, el Libertador de las repúblicas latinoamericanas. Ambos son del estudio del señor Turini, un escultor italiano, que actualmente reside en Staten Island. Por igual, este escultor tiene todas las razones para felicitarse por el mérito de su trabajo. Ambas figuras son admirables piezas de trabajo, que transmiten dignidad y vitalidad a todo observador. El Colón del señor Turini merece una atención particular, ya que muchos buenos jueces lo han considerado como una de las estatuas más satisfactorias del Gran Almirante que se ha expuesto en relación con la exposición colombina. Ciertamente parece casi desafiar las críticas. La postura es enérgica, el rostro fuerte y característico, y desde cualquier lado que se le vea, da la impresión de una figura imponente y equilibrada».

Es de considerar que Turini debió trabajar jornadas completas y continuas desde enero a junio de 1893, si se toma en cuenta que el tiempo regular –para la época- de elaboración de una estatua similar (pedestre y en bronce) era de cuatro meses y Turini trabajó sobre el diseño, elaboración en arcilla y fundición de dos estatuas simultáneamente, con la orientación de mantener la calidad en ambas.

Luego de este éxito con su trabajo escultórico para el edificio de Venezuela en la aludida exposición mundial, su fama se extendió y llegó hasta el mismo Congreso de los Estados Unidos, que lo designó en octubre de 1893 para que esculpiera un grupo de estatuas que se ubicarían en el edificio del Capitolio, en Washington D. C., especialmente para elaborar el conjunto escultórico de Colón y la reina Isabel la Católica.

Sin embargo, parte de la crítica de arte estadounidense protestó esta designación, por cuanto consideraban que en la selección se habían discriminado a los escultores estadounidenses por un italiano. Ante esta reacción, Turini enviaba una comunicación dirigida al editor del diario The New York Times, en la cual protestaba por la forma como se le atacaba a él y a su obra. Exponía el orgullo que sentía por su origen italiano y el haber formado una familia en los Estados Unidos. Manifestaba que si su apellido fuese Smith o Brown no habría tenido ningún problema, pera era Turini y era italiano, tenía veintiún años de ser ciudadano estadounidense por nacionalización, pero eso no contaba para nada.

Manifestaba igualmente sentirse orgulloso de provenir de una tierra donde nacían artistas y no se hacían, y dado que él no había venido a los Estados Unidos a aprender su arte, no tenía problema en someterse a cualquier jurado imparcial que evaluara su obra conjuntamente con la de otros artistas estadounidenses a quienes respetaba y por la cual pedía el mismo respeto. Finalizaba su comunicación sintiéndose orgulloso de haber elaborado muchas obras para Sudamérica, donde el gusto artístico no es ofensivo y donde las personas están dispuestas a solicitar su trabajo.

El escultor Giovanni Turini al momento de su fallecimiento, el 27 de agosto de 1899, debido a un infarto fulminante, pasaba por momentos críticos en su carrera profesional. Se encontraba litigando con el gobierno venezolano por cuanto este le había rescindido el contrato para la elaboración de tres estatuas, entre las que se encontraba el modelo ecuestre que sustituiría a la estatua donada por el gobierno venezolano a la ciudad de Nueva York, en 1884, cuyo autor fue el caraqueño Rafael de la Cova (1850 – 1896).

Desde la misma fecha de su inauguración en el Central Park, la estatua de Cova fue objeto constante de fuertes críticas directas e indirectas por parte de los especialistas en arte de la ciudad de Nueva York, por considerarla como una figura antiestética esculturalmente, por lo que fue retirada del parque el 20 de junio de 1899.

En 1896, el gobierno venezolano había convocado un concurso para elaborar un nuevo diseño que sustituyera al anterior y este fue ganado por Giovanni Turini, a quien se le encargó la nueva obra que donaría el gobierno venezolano a la ciudad de Nueva York.

El contrato se firmó el 28 de julio de 1896 entre el representante del gobierno venezolano, autorizado plenamente por el presidente de la República, y el escultor Turini. Especificaba que se realizarían tres estatuas, una ecuestre del general José Antonio Páez, una réplica de la estatua de la Libertad de Nueva York y una tercera, una copia de la estatua ecuestre de El Libertador que se encuentra en la plaza Bolívar de la ciudad de Caracas.

El autor envió a Venezuela, con dos meses de anticipación a la inauguración, las estatuas del General Páez y de la Libertad, ordenadas por decreto ejecutivo de fecha 3 y 4 de julio de 1896, las cuales fueron inauguradas oficialmente el 2 de abril de 1897 la primera, y el 5 de julio de 1897, la segunda, presentando por igual el boceto de la tercera estatua al representante diplomático de Venezuela en Nueva York, la cual fue aprobado, haciéndosele el cambio en cuanto a que el tamaño de la misma debía ser un cuarto del original.

En el contrato se especificaba que esta nueva estatua sería una réplica de la estatua ecuestre de El Libertador que se encontraba en la plaza Bolívar de Caracas, obra original de Tadolini. El 25 de julio de 1897, el The New York Times en su revista dominical, publicaba un amplio trabajo sobre la nueva estatua de Bolívar que sería colocada en el Central Park de Nueva York. Publicaban asimismo las fotos tomadas en el taller de Turini, al modelo en arcilla, conjuntamente con una foto de la estatua de Cova a la cual iba a reemplazar. Especificaba el artículo que la nueva estatua difería del original de Tadolini en el giro de la cabeza del caballo, la cual está girada solo un poco manteniendo la línea con el cuello y no formando un ángulo como en el original.

Por igual, modificó levemente la capa de El Libertador de forma tal de darle mayor visibilidad y realce al cuerpo del héroe así como mayor altivez, al estar más erguido. Concluía el reportaje con la afirmación que: «[…] Sin duda, ha superado el trabajo de su maestro, Tadolini», y que la estatua estaría, probablemente, instalada en el Central Park en el mes de diciembre.

Producto del artículo de prensa del The New York Times, en agosto de 1897, Turini recibió una visita en su taller en Garrettsons, en Staten Island (Nueva York), de los representantes de la Sociedad Nacional de Escultura, quienes evaluaron el modelo en arcilla que se iba a realizar para el Central Park y que sustituiría a la criticada estatua de Cova.

Luego de la visita, los representantes emitieron un informe desfavorable que enviaron a la Comisión de Parques de Nueva York en los siguientes términos: «Que el modelo en arcilla de la estatua de Bolívar, tal como aparece en el estudio del escultor, no tiene las condiciones de excelencia artística requeridas para ser erigido en un espacio público o parque de la ciudad, y por lo tanto no se recomienda su aceptación». Decisión que tuvo un peso importante para que el gobierno venezolano rescindiera el contrato con el escultor italiano el 21 de diciembre de 1898.

Al conocerse la noticia del rechazo del modelo de Turini, este fue entrevistado por la prensa local y respondió centrando su defensa en cuanto a que el comité solo había emitido opinión sobre el diseño seleccionado y no sobre su trabajo de escultor, diseño que si bien había sido acordado con el gobierno venezolano, parecía no ser considerado apropiado para el ambiente artístico de la ciudad de Nueva York:

«’El comité de la Sociedad Nacional de Escultura pasó más de una hora en mi estudio inspeccionando el modelo de arcilla de la estatua’», dijo el Sr. Turini ayer. ‘Y no encontró ningún fallo en el modelado; pero su informe condena el diseño que, según el mismo, no se ajusta al gusto artístico de la ciudad de Nueva York. El diseño original fue de Tadolini, el eminente escultor italiano, quien modeló la estatua de Bolívar en Lima, Perú, y la de Caracas, en Venezuela. En junio de 1896, el gobierno de Venezuela me encargó que hiciera una réplica de la estatua de Bolívar en Caracas, para esta ciudad, para ocupar el lugar de la estatua que ahora se encuentra en Central Park. Por supuesto tomé la estatua en Caracas para mi modelo. En su informe, el comité no condena mi trabajo, más sí el diseño de Tadolini para las estatuas de Bolívar en Lima y Caracas’./ El Sr. Turini llamó al alcalde de Nueva York, el Sr. Strong, ayer y protestó contra el informe de la Sociedad Nacional de Escultura. El alcalde le respondió que tomaría el asunto en consideración».

En Venezuela, al llegar las noticias sobre el veto artístico, en artículos de prensa se culpaba al gobierno nacional de esta situación, empleando los mismos argumentos que la prensa de Nueva York utilizó contra Turini en 1893 por haberle dado el contrato a un extranjero y no a un venezolano: «Desgraciadamente, no ha privado el pensamiento de favorecer a un venezolano, ni el de abrir un concurso al encargar esta obra que solo por favoritismo se encargó a un italiano casi desconocido, lo cual condujo al desastre de que nos da cuenta el colega norteamericano (La estatua de Bolívar, artículo publicado en el Diario El Tiempo, Caracas, 6 de septiembre de 1897)».

La desaprobación de los comisionados de la Sociedad Nacional de Escultura, si bien afectó en lo anímico a Turini, no privó para que defendiera su trabajo en todas las instancias judiciales, logrando que el 25 de mayo de 1899 el señor C.T. Barney, presidente de la Comisión de Arte de la Municipalidad de Nueva York, le enviara una carta informándole que, en la sesión del día anterior, la comisión rectificaba y aprobaba el nuevo modelo de la estatua de El Libertador. El 31 de julio del mismo año, el gobierno venezolano le informaba a Turini, a través del representante del escultor en Venezuela, la Casa J. Bocardò y Compañía, que había conocido el informe de la Comisión de Arte y en consecuencia le daba su conformidad para proseguir con el vaciado en bronce de la obra.

Lauda sepulcral del escultor Giovanni Turini (1841-1899), en el cementerio de Kensico, en Nueva York

Lauda sepulcral del escultor Giovanni Turini (1841-1899), en el cementerio de Kensico, en Nueva York

Un mes más tarde, fallecía Turini y era enterrado en el cementerio de Kensico de la ciudad de Nueva York (EE. UU.). Dejaba la estatua ecuestre de El Libertador modelada en arcilla y preparada para ser vaciada en la Gorhann Manufacturing Company, lista para ser entregada con su pedestal, construido por Joseph Carabelli.

Los sucesos políticos de mayo y octubre de 1899 en Venezuela, con la llegada del general Cipriano Castro a Caracas y la huida del presidente Andrade, cerraron y marcaron el fin de la época escultórica y monumental crespista, razón por la cual no se dio la continuidad de la obra ni el pago por parte del gobierno venezolano, por lo que la estatua ecuestre de El Libertador quedó solo modelada en arcilla y nunca llegó a ser vaciada, ni colocada en el Central Park.

Es importante destacar que de la obra escultórica de Giovanni Turini en Venezuela, identificada a la fecha, además de la estatua de El Libertador (1893) en Lobatera, se ha podido precisar una réplica -a escala menor- de la estatua de la Libertad de Nueva York (1895), en la ciudad de Valencia (estado Carabobo); la estatua ecuestre del general Antonio José de Sucre (1890), en la plaza-parque del mismo nombre ubicado en Cumaná (estado Sucre); la estatua del almirante Cristóbal Colón (1893) cuyo original se encuentra en la población de Macuro (Paria – estado Sucre), así como en Maracaibo las estatuas pedestres del sabio Rafael María Baralt (Plaza Baralt, 1888) y el general Rafael Urdaneta (1889. De esta última, luego de retirada de su emplazamiento original en la Plaza Urdaneta, se desconoce cuál ha sido emplazamiento actual), entre otras.

Situación actual

La estatua de Bolívar en el imaginario de un pueblo. La estatua de El Libertador Simón Bolívar, de Lobatera, viene a resultar en una obra del arte universal, realizada en bronce según los cánones académicos clásicos, naturalistas y romanticistas del siglo XIX, representados por la búsqueda de la copia perfecta de la realidad, por la cuidadosa confección de los moldes, la óptima calidad del vaciado, el respeto por las proporciones y la precisión en los detalles que derivan en una exaltada vitalidad heroica.

Estatua de El Libertador luego de la restauración ordenada por la Alcadía de Lobatera en 2012. Foto Darío Hurtado, 2013.

Estatua de El Libertador luego de la restauración ordenada por la Alcadía de Lobatera en 2012. Foto Darío Hurtado, 2013.

Solo un autor formado en Roma, en la escuela de los Tadolini, podía reproducir en un todo escultural detalles artísticos que refuercen el significado específico que se le quiso dar a la estatua como representación genuina del Bolívar creador y conductor de repúblicas, del General en Jefe, de amplio bicornio, y en cuya mirada broncínea se funde lo heroico con lo humano, reunido en un solo personaje.

Turini no solo logró una perfecta semejanza con el modelo, sino que alcanzó a traslucir la psicología del héroe y a expresar a través de ella, el alma de la sociedad de su tiempo.

Recordar, pensar, redimirse  

Esta escultura, primer monumento conmemorativo que se yergue sobre el escenario urbano de Lobatera, ya asumió un carácter indisoluble e inseparable en su imaginario colectivo. Es símbolo de su identidad, de unión de la tierra natal con los más altos valores de la nación y punto de referencia urbana.

Por igual, el que haya llegado a Lobatera y al Táchira es obra de quienes actuaron con la prontitud de ciudadanos que amaron y reverenciaron el lugar de sus querencias, de la tierra solariega y la de sus padres.

Así, resulta posible concluir que orden, permanencia, arraigamiento e identidad parecen ser los mensajes que anteriores generaciones de tachirenses y venezolanos quisieron transmitir al levantar, en la medida de sus posibilidades, aquellos monumentos que le eran representativos de su conciencia y de su ser nacional.

En la actualidad, de no revertirse el desinterés cognitivo, formativo y educativo de las sociedades donde estos monumentos se encuentran, y alcancen a transformarse en un mayor conocimiento, restauración, conservación y preservación, estas antiguas estatuas y monumentos no recuperarán su carácter de eslabón y vínculo entre pasado, presente y futuro.

Su destino estará cada vez más inseparable del ciclo de construcción-destrucción que ha caracterizado la historia del patrimonio monumental venezolano, a su mnemocidio.

Por ello, pronosticar su futuro es una incertidumbre, si bien una panorámica de las condiciones actuales de las estatuas, esculturas y monumentos públicos tachirenses, conduce a inducir menos en su permanencia y más en su desplazamiento, robo para el comercio ilícito del bronce, pérdida del estado original o desaparición de los amplios espacios públicos en los cuales fueron erigidos, en ser destruidas, mutiladas o, en el mejor de los casos, finalizar en las salas de los museos.

No obstante, ante ese horizonte, proyectado desde el oscurantismo de los actuales tiempos por los que atraviesa la nación venezolana, será un viejo clásico de la literatura francesa, Víctor Hugo (1802 – 1885), quien nos recuerde en una de sus obras que los viejos monumentos y estatuas hablan y siguen hablando mucho, no a los que solo escuchan, manotean o vociferan, sino a todo aquel que quiere pensar.

Ubicación

Fuentes consultadas

Sánchez, Samir A. Arte e historia de antiguas estatuas conmemorativas del estado Táchira, Venezuela. En Procesos HistóricosRevista de Ciencias Sociales y Arte. Universidad de Los Andes, Mérida, 2012.

Sánchez, Samir. Memoria de bronce: el Bolívar de Lobatera. En Revista Heurística, Universidad de los Andes, Nº 11, enero-junio 2009, Mérida, 2009.

Investigación: Samir A. Sánchez, @xamir2001. Profesor de Historia del Arte y Métodos de Investigación en la Universidad Católica del Táchira (San Cristóbal – Venezuela). Es autor, entre otras publicaciones, de San Cristóbal Urbs quadrata (2003), Mors Memoriæ o la Extinción de la memoria (2011) y Diccionario de topónimos históricos del Estado Táchira: siglos XVI a XIX (2018).

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