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Campanas de Lobatera, bronces y olvido

Conjunto de antiguas campanas de la Capilla del Humilladero, robado en Lobatera, estado Táchira. Foto Darío Hurtado, 2016.

Conjunto de antiguas campanas de la Capilla del Humilladero, robado en Lobatera, estado Táchira. Foto Darío Hurtado, 2016.

Las antiguas campanas de Lobatera, tanto las que tañen desde la iglesia principal como desde sus capillas enclavadas en diversos caseríos de ese municipio del Táchira, constituyen un patrimonio cultural de incalculable valor para el gentilicio lobaterense. 

Nombre: campanas de Lobatera

Año: siglo XIX.

Tipo de patrimonio cultural: tangible / mueble.

Administrador custodio o responsable: Diócesis de San Cristóbal.

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

Campana mayor en el vano oeste de la iglesia de Lobatera. Foto Darío Hurtado, julio 2015.

Campana mayor en el vano oeste de la iglesia de Lobatera. Foto Darío Hurtado.

«Si en este pueblo no suena la campana mayor/ La Chiquinquirá tendrá pena porque le falta lo mejor». Versos tradicionales de Lobatera del siglo XIX, compilados por la maestra Srta. Delfina Sandoval (1901-1992), en 1921.

Al trazar la historia de las antiguas campanas de Lobatera, los senderos del mito y del trabajo con rigor científico convergen por vez primera en un juego de luces y de sombras sobre las más recónditas reminiscencias de nuestra memoria.

Viene el recuerdo evocador de tiempos pasados y con él los últimos matices del atardecer en un espacio que, si bien está ahora contenido en el vacío, fue una vez la casona grande de mis abuelos.

Allí, sobre ese espacio reedifico una vez más mis juegos infantiles en torno al zaguán, patio, jardines, columnas y corredores que se levantaron sobre gastados enlosados de ladrillos viejos.

El aire, que pasa sin obstáculos por las ventanas y se adentra en la casa, trae el sosegado tono de la voz de la abuela (1) quien en la espaciosa sala conversa con don Florentino (2), sobre ya olvidadas faenas de la zafra y la molienda.

De repente, un doble de campanas silencia la conversa. Le sigue el constante repicar de una campanilla de plegaria que languidece.

– «Requiem aeternam dona eis, Domine», rezó la abuela.

«Et lux perpetua luceat eis», contestó don Florentino.

Luego, como repitiendo las palabras de Hemingway, preguntó ella:

– «Por quién doblan las campanas».

– «Puede ser por Severiana la mujer de José Labrador, me contaron que se puso mala (3) después de la dieta (4)», respondió don Florentino.

Y así, en un ir y venir de nombres y detalles, la conversación se encauzó hacia las campanas viejas.

– «¡Qué sonoras y vibrantes son las campanas de Lobatera!», manifestó la abuela.

De inmediato don Florentino, de pie, algo encorvado por los años pero pleno de aquella sabiduría que da la experiencia, mirando hacia la torre por entre los herrajes de la alargada ventana que daba a la plaza, le contestó:

– «¡En el corazón de bronce de esas campanas, vive perennemente el espíritu de nuestra tierra!».

La abuela, si bien quedó un poco intrigada por tan enigmática respuesta, dejó que don Florentino hablara:

Contaban los nonos (5), en aquellas noches a la luz de la luna llena, que las campanas de Lobatera fueron hechas en una fragua próxima al camino del cementerio. Cada vez que encendían la misma para vaciar el bronce, poderosos vientos que bajaban de Monte Grande y Potrero de las Casas apagaban el fuego. Una y otra vez lo intentaron, una y otra vez se apagaba.

Un anciano arriero que a diario transitaba por el camino entre La Cabrera y el pueblo se detuvo y les dijo: ‘¡Conjuro y exorcismo!, ¡Conjuro y exorcismo con eso!’. Asombrados quienes fundían por tan raras palabras, se acercaron y le preguntaron qué significaban. Él les contestó: ‘El espíritu de las montañas que ha vivido y susurrado aquí por siempre no descansará tranquilo hasta que su voz se funda y se libere en metal sonoro’. Luego les explicó qué debían hacer: triturar una hoja de díctamo real (6) sobre el cobre derretido, lo conjurará; la plegaria de un sacerdote sobre el bronce ya batido, lo exorcizará’.

Así lo hicieron y los carbones avivaron la llama templando el bronce de tal manera que, al martillar el metal caliente sobre la piedra, repicaron con fuerza en prolongado, sonoro y susurrante sonido que cubrió todos los valles, quebradas, montes, ríos y peñascos de Lobatera».

Notas

Versión libre del mito o la leyenda de ‘La Campana de Lobatera’, reconstruida sobre las informaciones aportadas por:
(1) Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez, Lobatera (1908-2004).
(2) Don Florentino Zambrano Suárez, Volador (1904-1995).
(3) Antigua expresión del lenguaje coloquial tachirense, empleada en siglo XIX y primera mitad del siglo XX, que significaba: enfermarse, caer enfermo.
(4) Servía para identificar el puerperio.
(5) Servía para identificar a los abuelos. Se desconoce su origen o probable vinculación con el término italiano nonno o nonna.
(6) Mítica planta que solo crece en las alturas y riscos de los páramos andinos de Venezuela. No excede los 10 cm de altura y es conocida desde la época aborigen por su carácter medicinal. Los botánicos no han coincidido en su clasificación por cuanto los habitantes del Ande venezolano le dan el mismo nombre a plantas de características similares. Por ello, su nombre científico puede encontrarse entre Drossera cendeensis, Gentiana nevadensis, Hypericum struthiolaefolium, Lysiponia bourgoinii o Savastana mexicana. El Dr. Clemente E. Acosta Sierra, médico residente en Lobatera para 1953 e investigador, clasifica el díctamo real entre las plantas del herbario del municipio, empleada por los habitantes de la época para generar efectos antiinflamatorios y depurativos (Acosta Sierra, Clemente: Distrito Lobatera, estudio geográfico y social de la zona. Tipografía del estado, San Cristóbal, 1954, p. 109).

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Un tiempo sordo

María de Chiquinquirá era la campana más antigua que se conservaba en Lobatera y probablemente la más antigua -en uso- del estado Táchira, por cuanto está fechada en 1839, en inscripción que dice «§ De Ma Chqqa § Año de 1839 (De María de Chiquinquirá, año de 1839)». Permaneció en el otero de la Capilla del Humilladero -capilla del viejo cementerio del pueblo- hasta la madrugada del 13 de noviembre de 2018, cuando fue robada, junto con las dos campanas menores, por los mercenarios del comercio ilícito del bronce.

Con ellas desaparece parte importante de la memoria y del patrimonio lobaterense, cercenada en estos tiempos de oscurantismo y decadencia moral, política, social y económica que abaten a la nación venezolana.

Conjunto de antiguas campanas de la Capilla del Humilladero (Lobatera - Estado Táchira). Foto Darío Hurtado, 2016

Conjunto de antiguas campanas de la Capilla del Humilladero. En el centro, la campana María de Chiquinquirá (1839). Todas fueron robadas el 13 de noviembre de 2018. Lobatera, Táchira. Foto Darío Hurtado, 2016.

Cuatro campanas que tocan a rebato

Por ahora haremos un pasar respetuoso frente a ella y continuaremos nuestros andar de remembranzas por la calle real, hasta detenernos y observar el tercer cuerpo de la torre del campanario de la emblemática iglesia parroquial de Lobatera (población fundada en 1593), frente a la antigua Plaza Mayor (actual Parque Bolívar).

Allí, en un habitáculo ochavado y mampuesto, de la clave de cada uno de sus cuatro ventanales de medio punto y sobre molduradas balaustradas, penden cuatro trabajados bronces como signum y eccum de distantes tiempos.

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Lobatera, estado Táchira. Foto Banco Santander Central Hispano, 2004.

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Lobatera, estado Táchira. Foto Banco Santander Central Hispano, 2004.

Son cuatro campanas del tipo fijo, con yugos encajados  y enejados en aros metálicos que se incrustan en la clave del arco de medio punto de los vanos.

El sonido de las mismas se obtiene haciendo mover el badajo contra la forma copiforme o panza de las campanas por medio de unas cuerdas que llegan desde el campanario hasta la puertecilla de entrada a la torre.

Las campanas poseen en su tono los armónicos habituales tridentinos (octava primera, quinta, tercera menor y octava baja) pero en el pueblo se les conoce, por el sonido que emiten, como: la Mayor, la Tan, la Ten, la Tin o la campanilla de plegaria. En el Inventario general eclesiástico, realizado luego del fallecimiento del padre Pedro María Morales en 1925, el reloj quedó inventariado en el registro Nº 1 «Templo Parroquial», con las siguientes características: «El templo tiene dos torres y frontis de mampostería, en la torre de la derecha está el reloj público y en la otra están las campanas en número de cuatro que se distinguen en mayor, menor, media y mínima (…)»

Sobre las primeras campanas que hubo en el Lobatera, el primer cura párroco del pueblo, don Manuel Antonio de Nava, escribió en el Libro de la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá (1776) lo siguiente:

«Diziembre 27 de 1776 En este dia rindio quentas Juan Simón Chacón como Prioste desta Cofradia y solo apruevan las que estan arregladas, y de la aprovacion del Señor Cura parroco; del (ilegible) Alcalde y de la confraternidad que a este fin se convoco ason de campana en esta santa yglecia que como la firmamos».

Otra referencia indica: «En esta Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquira en 29 de Diziembre de 1779 (ilegible) el Doctor Don Manuel Joseph Arizizabal cura Propio de ella hise tañer las campanas para las elecciones de Alferes».

Descripción

La campana mayor (bautizada Nuestra Señora de Chiquinquirá II, f. 1894)

Ubicada en el vano oeste de la torre norte, de forma clásica, fue una donación hecha por Sixto Zambrano (Lobatera, 1832 – Lobatera, 15 de junio de 1896). Católico devoto vecino de la aldea Zaragoza, en acción de gracias costeó los gastos de adquisición de la misma y su posterior donación a la iglesia parroquial.

Las personas más ancianas del pueblo recordaban con nostalgia que el sonoro tañer de esta campana mayor adoptaba un inusual acompasamiento con el armonio de la iglesia, cuando la hacían tocar a gloria en Navidad y en la Semana Mayor o con el canto de la Salve Regina y el Tantum Ergo que el viejo organista, don Jesús Pino, leía e interpretaba musicalmente de un desgastado y deshojado -por el paso del tiempo- Liber usualis missae et officii.

Esta campana mayor -de tipo esquilonada- pende de un yugo de travesaño, elaborado probablemente en hierro forjado. La sujeción se da por medio de un grueso tornillo que se encaja en la corona, por su parte inferior, y en el hierro, por su parte superior. Esta característica es específicas e identificativa del estilo propio de las campanas de factura estadounidense.

Campanas de Lobatera. Campana mayor de la iglesia de Lobatera. Foto Samir Sánchez, 2007.

Campana mayor de la iglesia de Lobatera. Foto Samir Sánchez, 2007.

Su altura, desde la base hasta la corona, es de setenta y cinco (75) centímetros y el diámetro de la base es de setenta y dos (72) centímetros, aproximándose a la fórmula clásica H=D (altura igual al diámetro). Da una nota vibrada y no seca de do#5 o tono medio y en atención a su diámetro, el peso de la misma debe aproximarse a las 500 libras (227 kilogramos).

En la sección media se puede leer lo siguiente: “REGALO DE SIXTO ZAMBRANO Á LA IGLESIA PARROQUIAL DE N. S. DE CHIQUINQUIRÁ DE LOVATERA AÑO * DE 1894 – Importada por Branger hermanos de San Cristóbal – MC SHANE Bell Foundry. Baltimore Md. 1894”. Asimismo, posee el escudo de la compañía fundidora conformado por la figura de dos campanas contrapuestas y el texto en los laterales del mismo con la inscripción “TRADE/McShane/MARK”. El acabado exterior de la obra de fundición es perfecto y su timbre resulta sonoro, prolongado y armonioso.

La campana mediana (la Tan, bautizada Nuestra Señora de Chiquinquirá I, f. 1872)

De tipo esquilonada, se encuentra fija a la clave del ventanal o vano sur, a través de un mecanismo de sujeción de sección cuadrangular con un orificio circular para el agarre. Tiene una altura de cincuenta y cinco (55) centímetros y un diámetro de sesenta centímetros (60) y, según el documento de encargo, posee un peso de diez arrobas (equivalente a 115 kilos, aproximadamente).

Campanas de Lobatera. Sección inferior de la campana mediana de la iglesia de Lobatera. Se aprecia en su inscripción el año de fundición, 1872. Foto Darío Hurtado, 2013

Sección inferior de la campana mediana de la iglesia de Lobatera. Se aprecia en su inscripción el año de fundición, 1872. Foto Darío Hurtado, 2013.

Campanas de Lobatera. La campana mediana (La Tan). Se observa la torre sur y el centenario reloj público (1913-2013) Foto Samir Sánchez, 2007.

La campana mediana (La Tan). Se observa la torre sur y el centenario reloj público (1913-2013) Foto Samir Sánchez, 2007.

En su sección media se lee: “Iglesia Parroquial de N.S. de Chiquinquira de Lovatera Año de 1872 – Troy Bell Foundry Jones & Company, Troy N.Y. 1872“. Fue donada por el padre José Amando Pérez, por orden del obispo de Mérida de Maracaibo (enero de 1872), en restitución de la campana mayor de Lobatera que el padre Pérez había donado inicialmente en diciembre de 1848 a la Parroquial de Lobatera la cual, motivado a los sucesos posteriores al terremoto del 26 de febrero de 1849, se había llevado a la nueva iglesia de Michelena, población que fundó en el sitio de Sabana Larga.

La campana de 1872 tiene como antecedente una anterior, bendecida el 30 de diciembre de 1848 por el Pbro. Dr. José Amando Pérez, cura párroco de Lobatera, quien acompañado del padre Manuel Fernando Ramírez, cura interino de Táriba, y reunido con todo el pueblo, la bendijo como campana mayor de su iglesia parroquial a la cual, siguiendo el Ritual Romano, nombró “Chiquinquirá”.

Campanas de Lobatera. Campana Chiquinquirá y campana mayor de la antigua Iglesia de Lobatera, fundida en Seboruco (estado Táchira) en 1848. Foto José Ernesto Becerra Golindano, 2013

Campana Chiquinquirá y campana mayor de la antigua iglesia de Lobatera, fundida en Seboruco (estado Táchira) en 1848. De forma esquilonada o de esquilón, es la conocida históricamente como “la campana de la contienda” debido al litigio que se prolongó por veintidós años entre las ciudades de Lobatera y Michelena por su posesión, luego de los sucesos posteriores al terremoto del 26 de febrero de 1849. Estos habían dado origen a la nueva población de Michelena, al noreste de Lobatera. Actualmente es propiedad de la iglesia parroquial de San Juan Nepomuceno. Se halla en la torre sur o torre del campanario de la iglesia de Michelena, estado Táchira. Foto José E. Becerra Golindano, 2013.

Campanas de Lobatera. Frontis de la iglesia parroquial de San Juan Nepomuceno, en Michelena (estado Táchira - Venezuela) y busto del Pbro. José Amando Pérez, fundador de Michelena, el 4 de marzo de 1849. El busto es obra del escultor Alejandro Colina (1901-1976) y se fundió y vació en los Diques y Astilleros Nacionales, en 1949, con ocasión del centenario de la ciudad. En la torre de la izquierda (torre sur), se guarda la Campana Mayor de Lobatera de 1848 (Foto Darío Hurtado, 2015).

Frontis de la iglesia parroquial de San Juan Nepomuceno, en Michelena (estado Táchira – Venezuela) y busto del Pbro. José Amando Pérez, fundador de Michelena, el 4 de marzo de 1849. El busto es obra del escultor Alejandro Colina (1901-1976) y se fundió y vació en los Diques y Astilleros Nacionales, en 1949, con ocasión del centenario de la ciudad. En la torre de la izquierda (torre sur), se guarda la Campana Mayor de Lobatera de 1848. Foto Darío Hurtado, 2015.

La campana, con un peso de ocho arrobas (92 kilos, aproximadamente) y un costo de ciento cuarenta pesos, según el texto escrito por el P. José Amando Pérez, había sido fundida en “un campo de la Ciudad de La Grita llamado Seboruco por el Maestro Sr. Zeferino Contreras. Y la dona a la misma Iglesia el dicho Cura” (Libro de Bautismos de la iglesia parroquial de Lobatera, 30 de diciembre de 1848).

En este mismo día 30 de diciembre de 1848, se bendijo un nuevo púlpito, un pendón, un guión procesional, un palco y un nuevo confesionario así como una alfombra para el camarín de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

El 20 de enero de 1872, en visita pastoral que hiciera monseñor Juan Hilario Boset a la vecina población de Michelena, una vez conocida la solicitud de la municipalidad de Lobatera, ordenó al cura párroco de San Juan Nepomuceno de Michelena, el padre Amando Pérez, devolver la campana mayor que él había donado a la iglesia de Lobatera el 30 de diciembre de 1848 y que se había llevado para la iglesia de Michelena, luego del terremoto.

El padre Pérez manifestó que no podía devolverla por cuanto se levantaría una poblada que impediría el traslado de la misma. En tales circunstancias, y para evitar enfrentamientos que agravaran la situación, sin anular el decreto de devolución, el mismo señor obispo encargó a los Estados Unidos una nueva campana para la iglesia de Lobatera y los gastos de compra y traslado de la misma correrían por cuenta del padre Amando Pérez.

Lo anterior se hizo en cumplimiento del principio del antiguo derecho civil y canónico. Ese especificaba que -en este caso las campanas- lo donado a una iglesia es propiedad de esa iglesia cualesquiera que sean sus donantes por cuanto aplica el principio del derecho eclesiástico que define: «Por lo que toca a la Iglesia, la naturaleza del don le es indiferente, la intención del donador es el todo», aun más cuando han recibido la bendición parroquial o consagración episcopal. Por esta bendición, ellas se convierten en cosas eclesiásticas.

La copia del acta de dicha orden episcopal se encuentra en el Libro de Bautismos de la iglesia de Lobatera (1842-1853) y dice:

«[roto] toral Visita de la/[ roto] de Michelena a 20/[roto]de 1872/ [roto] interesado Su Señoria Ylma de las dificultades que se presentaron para que el Venerable Cura de esta Villa, de pronto y puntual cumplimiento al Decreto que fue expedido con fecha 18 del corriente, en que ordenaba en vista de los documentos que se le presentaron, restituyese el [roto] Dr. Amando Perez a la Parroquia de Lobatera la campana perteneciente a ella, no solo por haberla donado, sino tambien por el documento que otorgo ahora veintidos años, exigido por la Municipalidad de devolverla dentro de [roto] meses. Su Señoria Ilustrisima en vista de varios motivos que obrando en su animo i la oposicion general a cumplir su determinacion, despues de haber conferenciado largamente con el citado Venerable Cura Perez, acordo que, dejando existente el decreto ya expedido, el mismo Ilustrisimo Señor encargaria inmediatamente una campana a los Estados Unidos, del peso de diez arrobas, para sustituir i poner en [roto] el campanario por la que se trajo el mencionado[roto] esta parroquia [roto] motiva el prese [roto] del Pbro. Dr. Amando [roto] pasa al mismo Ilustrismo Señor Obispo el costo de dicha campana que la haga traer del Norte hasta su colocacion en la Parroquia de Lobatera, i finalmente que el sobrecitado Pbro. Perez se oblig[roto] su pago y solucion con sus bienes habidos y por haber, i aun con los productos de la fabrica de su Iglesia. En consideracion a lo expuesto en esta acta, firma el enunciado Pbro Dr Amando Perez i el Venerable Cura de Lobatera con su Señoria Ilustrisima en presencia del señor Vicario de San Cristobal Preb. Dr  Jose Concepcion Acevedo, Pbro. Justo Pastor Arias y Pbro. Cecilio Niño y Pbro Francisco de Paula Hernandez Bello por ante mi el infraescrito prosecretario que lo certifica. Pbro. Jesús Manuel Jáuregui».

La campana menor (la Ten, bautizada Nuestra Señora de las Mercedes, f. 1860)

Presenta una forma románica tipo (por reproducir la forma, única, adoptada por las campanas de la península Ibérica en el período artístico conocido como el románico, ss. IX al XII, y cuya forma difería del resto de las campanas de la Europa occidental). Por su apariencia e inscripción resulta la más antigua de aquel campanario. Se desconoce su lugar de fundición. Está ubicada en el vano este, su altura es de sesenta (60) centímetros y su diámetro de cincuenta y cinco (55) centímetros.

En su pie se lee “Dona que le hiso Pedro María Reina a Nuestra Señora de las Mercedes en el año de 1860”. El mecanismo de sujeción está conformado por anillas o asas y su acabado, a diferencia de las otras, es rústico y tosco. Posee una forma atípica para una campana ya que no se diferencia la sección media de la sección del pie. Resulta así muy similar a la forma de antiquísimas campanas (del siglo X, que se conservan en el Museo Arquidiocesano de Mérida).

Las campanas de Lobatera. Campana menor (La Ten). Del tipo esquilonada o de esquilón

Campana menor (La Ten). Del tipo esquilonada o de esquilón, domina desde su altura las bóvedas de crucería de la techumbre correspondiente a la nave central y a la lateral norte. Al fondo, la cúpula de la neorrománica iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera. Foto Samir Sánchez, 2007.

Sobre su donante, don Pedro María Reina, se conoce que fue un personaje destacado de Lobatera que ocupó varios cargos públicos en la municipalidad. Fue el padre del ilustre educador Br. Francisco de Paula Reina (Lobatera, 1851- San Juan de Colón, 1932) y era tío-abuelo del ilustre músico y director de orquesta Pedro Antonio Ríos Reina (San Juan de Colón, 1903- Nueva York, 1971). Los padres de don Pedro Antonio Ríos Reina, José Asunción Ríos (nacido en Maracaibo) y Josefa Antonia Reina Cepeda (nacida en Lobatera e hija de don José del Carmen Reina y Trinidad Cepeda), se casaron en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, el 2 de octubre de 1898.

Campanas de Lobatera. Lápida sepulcral de don Pedro María Reina, en la pared oeste de la sacristía de la Capilla del Humilladero

Lápida de don Pedro María Reina, en la pared oeste de la sacristía de la Capilla del Humilladero

Don Pedro María Reina falleció el 3 de agosto de 1859 y se encuentra enterrado en la sacristía de la Capilla del Humilladero, siendo la única tumba que permanece hasta nuestros días como relictus con su respectiva lápida sepulcral, del antiguo cementerio que funcionó allí, cuyo dato más antiguo se remonta a 1805 ya que en el libro de defunciones del referido año es mencionado con el nombre de Cementerio de la capilla del Humilladero.

Si bien la fecha de la fundición de la campana es posterior al fallecimiento de su donante, puede estar vinculada su realización, en 1860, con una promesa del fallecido; una donación posterior de los herederos de don Pedro María Reina o con la fundida en el pueblo cuyo recuerdo quedó en el mito o la leyenda de los espíritus de la montaña encerrados en la campana.

La campanilla de plegaria (la Tin, f. s/f)

Las campanas de Lobatera. La campanilla de plegaria (la Tin, sin fecha). Foto Samir Sánchez, 2007.

La campanilla de plegaria (la Tin, sin fecha). Foto Samir Sánchez, 2007.

De tipo pascualeja, debe su nombre a que la misma era tocada a clamores (toque para difuntos) en los dobles (tres dobles, para encomendarle, si el fallecido era hombre y dos dobles si era mujer, según la antigua tradición de los sacristanes de Lobatera). Como también en el Día de Difuntos (2 de noviembre), con tañidos solitarios y pausados (largos y cortos).

La pausa corta venía marcada, nos refería el viejo sacristán y campanero don José Zambrano (1921-1985) de forma tal que entre toque y toque se pudiese rezar un Requiem aeternam dona ei, Domine, et lux perpetua luceat ei. Requiescat  in pace. Amen y la larga, una salve rezada. Por igual nos explicaba que el toque o tañer es diferente del repique, el toque es uno solo, pausado y en intervalos; el repique es seguido, acompasado por otras campanas, más armónico y se utilizaba para dar los tres llamados a misa -siendo el último el denominado deje-, el canto del Gloria, las procesiones o al momento de la consagración.

Por igual, relataba que si las campanas tañían solas, como en muchas ocasiones ocurrió -según sus recuerdos- era un presagio de la próxima muerte de un vecino o de una calamidad por venir.

En cuanto a la forma y tamaño de esta campanilla, la misma se corresponde con el perfil de las campanas pascualejas españolas, que tañían en los bautizos.

Ubicada en el ventanal norte, no posee ninguna inscripción ni datos sobre su fundidor. Se encuentra fija a la clave a través de un mecanismo de sujeción de sección cuadrangular con un orificio circular para el agarre. A su vez cuenta con dos placas cuadrangulares de madera que reduce cualquier movimiento, especialmente el que provocaría el viento, pudiendo afectar la campana en caso de tormentas.

Sus dimensiones nos dan treinta y cinco (35) centímetros de alto por treinta y cinco (35) centímetros de diámetro. El estilo y líneas que adornan la panza y la corona, así como el la forma del yugo y el acabado de la misma, resultan idénticos a la campana mediana, lo cual es un indicio que la misma puede datar de 1872 o antes.

Otras campanas de Lobatera

Las campanas de Lobatera. María de Chiquinquirá es la campana más antigua que se conserva en Lobatera la cual data de 1839. Su forma esquilonada, otea desde la altura del campanario de la Capilla del Humilladero.

María de Chiquinquirá era la campana más antigua que se conservaba en Lobatera (1839). El 13 de noviembre de 2018 fue robada. Foto Darío Hurtado, 2016.

María de Chiquinquirá, 1839. Capilla del Humilladero

María de Chiquinquirá era la campana más antigua, y en uso, que se conservaba en Lobatera, la cual databa de 1839. Su forma esquilonada oteaba desde la altura del campanario de la capilla del Humilladero. En la foto de arriba se puede apreciar la sección izquierda (derecha del observador) la antigua Calle Real, ahora Carrera 4° o Bolívar que conduce hasta la iglesia parroquial y la plaza Bolívar de Lobatera.

Campanas de Lobatera. Capilla del Humilladero (Lobatera). Reedificada en 1965, conservó la forma original de la capilla de 1875

Capilla del Humilladero (Lobatera). Foto Samir A. Sánchez, 2012.

La campana, en sus orígenes, perteneció a la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera. En diciembre de 1848 fue trasladada a la capilla del cementerio (actual capilla del Humilladero o Nuestra Señora de Lourdes del Humilladero, como se le conoce desde 1875), cuando se adquiere una nueva campana para aquella iglesia. En la torre del campanario de la capilla del camposanto sobrevivió al terremoto del 26 de febrero de 1849, que destruyó al pueblo.

En su medio pie estaba la siguiente inscripción «§ De Ma Chqqa § Año de 1839 (De María de Chiquinquirá, año de 1839)». En el campanario de la Capilla del Humilladero estuvo hasta la madrugada del 13 de noviembre de 2018, cuando fue hurtada por mercenarios de las mafias del bronce junto a otras dos campanas menores, igual de centenarias.

Campanas de Lobatera. María de Chiquinquirá es la campana más antigua que se conserva en Lobatera la cual data de 1839. Su forma esquilonada, otea desde la altura del campanario de la Capilla del Humilladero.

Sección frontal de la campana mediana de la Capilla del Humilladero, una de la tres robadas el 13 de noviembre de 2018. De tipo románica, no se conoció su fecha de fundición si bien por su forma atípica, se deduce que era de muy antigua data. Foto Cosme Darío Hurtado Cárdenas, 2013.

El inmueble que las albergaba fue reedificado en 1965, aunque conservó la forma original de la capilla de 1875, que a su vez se edificó sobre la antigua capilla del cementerio o camposanto, abierto en 1805 y clausurado en 1849 luego del terremoto.

Las campanas de Lobatera. Antigua cruz flordelisada y en hierro forjado que, desde fines del XVIII y hasta 1856, estuvo sobre la columna en piedra y argamasa del humilladero a la entrada de Lobatera

Antigua cruz flordelisada del siglo XVIII. Foto Darío Hurtado, 2016.

Destaca en esta capilla una antigua cruz flordelisada y en hierro forjado que, desde fines del XVIII y hasta 1856, estuvo sobre la columna en piedra y argamasa del humilladero que se encontraba a la entrada de Lobatera, en el camino real que conducía de esta población a la Villa de San Cristóbal, también conocido como camino de Mochileros o de La Cuchilla.

Al derribarse la columna, la cruz se guardó en la capilla del antiguo cementerio conocida como Capilla del Humilladero. En la remodelación de la capilla, hecha en 1965 por iniciativa de Mons. Manuel García Guerrero, la cruz del viejo humilladero fue reinstalada y se encuentra en lo más alto de la torre del campanario de la capilla. Este prelado conoció la historia de la misma relatada por el primer cronista de Lobatera, don José del Rosario Guerrero Briceño.

Campanas de la capilla del Santo Rostro (Aldea Volador, Lobatera, f. 1941)

Campanas de Lobatera. Sección posterior de la campanilla de la Capilla del Santo Rostro, de la aldea Volador. La misma fue donada en 1941 por la familia Guerrero Rosales. Patrimonio cultural de Venezuela.

Sección posterior de la campanilla de la Capilla del Santo Rostro, de la aldea Volador. La misma fue donada en 1941 por la familia Guerrero Rosales

Las campanas de Lobatera. Capilla del Santo Rostro, aldea Volador, Municipio Lobatera (Foto Cosme Darío Hurtado Cárdenas, 2012). Patrimonio cultural de Venezuela.

Capilla del Santo Rostro, aldea Volador, Municipio Lobatera (Foto Cosme Darío Hurtado Cárdenas, 2012).

En las fotos precedentes se observa la sección posterior de las campanas de la capilla del Santo Rostro, de la aldea Volador, Lobatera. De forma híbrida entre la campana clásica y la románica, fueron donadas en 1941 por la familia Guerrero Rosales (don Sabino Guerrero Colmenares y doña Rosario Rosales de Guerrero) y por otras.

Por el modelo o forma de la campana -similares a las de la capilla del Cementerio Municipal de San Cristóbal-, resulta probable que hayan sido fundidas en la ciudad de San Cristóbal, en el taller de fundición de campanas de Don José Venencio Guerrero Arias que existía en el sector de La Ermita (carrera 2, N° 11-19). La capilla fue edificada y bendecida en 1930.

Campana de la capilla del Santo Cristo de Llano Grande (Aldea Llano Grande, Lobatera, f. 1965)

Campanas de Lobatera. Campana de forma esquilonada, de la capilla principal de la aldea Llano Grande, del Municipio Lobatera. Data de 1965 y fue fundida en la ciudad de Aarle Rixtel, en Holanda

Campana de la capilla principal de la aldea Llano Grande, del municipio Lobatera. Táchira. Foto Darío Hurtado, 2016.

Campana de forma esquilonada, de la capilla principal de la aldea Llano Grande, del Municipio Lobatera. Data de 1965 y fue fundida en la ciudad de Aarle Rixtel, en los Países Bajos (Holanda), por la compañía de fundición Petit & Fritsen, quienes tienen la categoría de real casa de fundidores de campanas de la Corona de los Países Bajos (Holanda).

Campanas de la capilla de Nuestra Señora de la Tablita (caserío La Lajita, aldea La Trampa, Lobatera, s/f)

Campanas de Lobatera. Campanas esquilonadas de la capilla de Nuestra Señora de la Tablita, caserío La Lajita, aldea La Trampa, municipio Lobatera. Foto Darío Hurtado, 2016.

Campanas esquilonadas de la capilla de Nuestra Señora de la Tablita, caserío La Lajita, aldea La Trampa, municipio Lobatera. Foto Darío Hurtado, 2016.

Valores patrimoniales

Las antiguas campanas de Lobatera, tanto las que tañen desde la iglesia principal como desde sus capillas enclavadas en diversos caseríos de ese municipio del Táchira, constituyen un patrimonio cultural de incalculable valor.

Sus tañidos han alimentado leyendas, agitan nostalgias y temores antiguos y proclaman certezas definitivas. Como cuando la campana Chiquinquirá interrumpió aquella conversación crepuscular de la abuela y don Florentino para anunciarles la partida de este mundo de Severiana. Voces de bronce que han acompañado desde el siglo XIX los rituales de vida y muerte del lobaterense.

Ya lo decía Florentino: «¡En el corazón de bronce de esas campanas, vive perennemente el espíritu de nuestra tierra!».

Situación actual

Los ladrones de bronce, y la absoluta impunidad con la que actúan, son actualmente la mayor amenaza para estas centenarias campanas de Lobatera. Hasta el 26 de noviembre de 2018 no se tenían noticias de detención alguna por el hurto de las tres campanas robadas 13 días antes del otero de la capilla de El Humilladero.

Ubicación

Municipio Lobatera, estado Táchira, Venezuela.

Fuentes consultadas

Acosta Sierra, Clemente. Distrito Lobatera, estudio geográfico y social de la zona. Tipografía del estado, San Cristóbal, 1954, p. 109.

Inventario general eclesiástico. 

Libro de Bautismos de la iglesia de Lobatera (1842-1853).

Nava, Manuel Antonio de. Libro de la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá (1776).

Zambrano, José (1921-1985). sacristán y campanero.

Fotos cortesía de: 

Darío Hurtado Cárdenas, Lobatera.

José Bruno Zambrano (1921-1985), antiguo sacristán de Lobatera.

José Ernesto Becerra Golindano, Michelena.

Ivanosky Ramírez Sánchez, Lobatera.

Pbro. Oscar Fuenmayor, párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Lobatera.

Pbro. Nelson Duque, vicario parroquial de la Iglesia de San Juan Nepomuceno, Michelena.

Banco Santander Central Hispano.

Investigación: Samir A. Sánchez Sandoval, @xamir2001. Profesor de Historia del Arte y Métodos de Investigación en la Universidad Católica del Táchira (San Cristóbal – Venezuela). Es autor, entre otras publicaciones, de “San Cristóbal Urbs quadrata” (2003), “Mors Memoriæ o la Extinción de la memoria” (2011) y “Diccionario de topónimos históricos del estado Táchira: siglos XVI a XIX” (2018). Mantiene el blog académico Proyecto ExpArt.

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