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La sátira y la burla reinan en Naiguatá desde hace 60 años con el entierro de la sardina

Entierro de la sardina, tradición religiosa de Naiguatá, estado Vargas. Patrimonio intangible de Venezuela.

Recorrer el pueblo en medio de una parodia, donde el Diablo intenta impedir el entierro de la sardina. Toda una simbología del carnaval y la Cuaresma. Naiguatá, Vargas. Foto C. Sojo.

Nombre: Entierro de la sardina.

Año: 1914.

Tipo de patrimonio: intangible / tradiciones religiosas / Miércoles de Ceniza.

Lugar: Naiguatá, estado Vargas.

Cada Miércoles de Ceniza la irreverencia toma las calles de Naiguatá, parroquia del costero estado venezolano de Vargas, con el entierro de la sardina para despedir los excesos del carnaval y dar la bienvenida a la Cuaresma. Una parodia que involucra lo profano y lo divino con un toque de protesta social.

Nadeska Noriega / @nadeska16. 21/2/2018.

Entierro de la sardina, tradición religiosa de Naiguatá, estado Vargas. Patrimonio intangible de Venezuela.

Residentes de Naiguatá y visitantes de Caracas se reúnen en torno al entierro de la sardina. Foto C. Sojo, febrero 2018.

La Guaira, Vargas. Los trombones y redoblantes suenan con fuerza, escoltando al río de gente que recorre las calles de Naiguatá el Miércoles de Ceniza. Comparsas, disfraces, torsos desnudos con marcas de pintura, harina y talco. Hombres ataviados como damas. Comparsas simbolizando los máximos excesos. Y allí, en el epicentro de la conmoción, los personajes eternos: la viuda y su séquito, el sacerdote, el diablo y un misterioso hombre del maletín, alrededor de una sardina de cartón transportada en una suerte de urna construida con madera, alambre y caña, decorada con verduras y flores multicolores.

La celebración centenaria del entierro de la sardina de Naiguatá es una jornada de irreverencia y burla donde se conjugan lo mundano y lo divino. Una parodia devenida de las raíces españolas de la Colonia con la que se despiden los excesos del carnaval y se recibe la Cuaresma.

En el caso de la costa litoralense, la manifestación de religiosidad popular se celebra desde hace 60 años de forma ininterrumpida, aunque sus primeras manifestaciones fueron registradas en 1914, según la tradición oral de cultores naiguatareños.

“La sardina representa el jolgorio y toda la locura carnavalesca. Según la costumbre, muere a la medianoche del martes de carnaval. Entonces las viudas comienzan a organizar el velatorio. El cura ayuda para llevarla al mar, pero el diablo siempre intenta impedirlo. Al final pierde el diablo y la sardina es lanzada al mar.

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También se relaciona con el tema de la agricultura y la pesca. Se supone que cumpliendo este rito la comunidad será más bendecida el próximo año”, explica Héctor Corro, uno de los integrantes de la Fundación Entierro de la Sardina de Naiguatá y quien participa como una de las viudas llorosas y estrafalarias, desde hace unos 23 años.

De la solemnidad al burlesco

En el libro de investigación histórica Municipio Vargas y sus parroquias, del entonces cronista de la ciudad de La Guaira, Luis Enrique González, al tocar el capítulo referido a la parroquia Naiguatá se aborda el entierro de la sardina como una costumbre traída por la conquista española. Recuerda Gonzélez que esta parroquia fue una de las haciendas más grandes de la zona, con una gran cantidad de esclavos que adaptaron las costumbres hispánicas a las suyas, teniendo como consecuencia manifestaciones híbridas, como es el caso del entierro de la sardina.

“Para el Miércoles de Ceniza, en Naiguatá se hizo costumbre hacer un rosario solemne en procesión para agradecer por la siembra y la pesca. Era un acto propiamente religioso. Luego los hermanos Cáceres y Corro, provenientes de familias arraigadas al quehacer de Naiguatá, incorporaron el uso de sardinas reales y verduras como ofrendas”, revela González.

“En ese entonces en el pueblo no había luz. Los agricultores vivían arriba y los de la pesca, cerca de la playa. El grupo recorría las zonas altas del pueblo y regresaba a las bajas. Lanzaban al mar una sardina y verduras, en un acto simbólico, porque dependían de la pesca y la agricultura. Así la tradición se mantuvo sin variantes durante unos treinta años. Pero en 1958, en plena efervescencia del carnaval, incorporamos la elección de “la viuda” y de personajes como “el cura” y “el diablo”.

Entierro de la sardina, tradición religiosa de Naiguatá, estado Vargas. Patrimonio intangible de Venezuela.

En el entierro de la sardina se suele incluir el reclamo social. En la edición 60 señalaron la militarización y la guerrilla. Foto C. Sojo, febrero 2018.

Con la democracia, nació la sátira política como forma de reclamo a las quejas comunales”, explica el popular Vigueta, el profesor de natación Juan José Montes, quien desde hace 38 años se atavía de falso sacerdote y por biblia lleva una revista con imágenes obscenas y chistes picantes.

Ya la sardina no es un pescado real, sino que es elaborada en cartón, pintada y escarchada. Es transportada en un cortejo fúnebre conformado por una carroza adornada con palmas, flores y diferentes ofrendas.

El recorrido comienza desde el muelle pesquero, donde previamente se instala un centro de belleza para el arreglo de las viudas por las mujeres y estilistas del pueblo, que ofrecen sus servicios.

La procesión es encabezada por los personajes protagónicos y por comparsas organizadas por los propios vecinos o por los visitantes de Caracas, que aprovechan el asueto para permanecer en Naiguatá y conocer la manifestación.

El canto inicial, bajo el ritmo de la parranda costeña, recita “fo, fo, fo, la sardina se murió, fo, fo, fo, ya la llevan a enterrar” y en medio de la algarabía, las viudas lloran y rinden pleitesía a la llamada “viuda reina”, electa por votación popular desde el martes de carnaval. Mientras, el Diablo, representado por Freddy “Cotufa” Castro, intenta raptar a la sardina y el falso sacerdote con sus monaguillos esparce “agua bendita” sacada de una cava rudimentaria con cerveza o licor, para espantar los malos deseos.

Entierro de la sardina, tradición religiosa de Naiguatá, estado Vargas. Patrimonio intangible de Venezuela.

Recorrer el pueblo en medio de una parodia donde el Diablo intenta impedir el entierro de la sardina. Toda una simbología del carnaval y la Cuaresma en Naiguatá, Vargas. Foto C. Sojo, febrero 2018.

Frente a la plaza La Colmena se lanza la proclama, en una misa de cuerpo presente para la sardina, en la que se lee un decreto: un manifiesto jocoso donde se critican los desafueros de propios y extraños. Nadie lo recibe con malestar, sino con sorna. Es parte de la tradición. Es parte del entierro de la sardina.

Una “viuda reina” para cada ocasión

Entre las características más emblemáticas del entierro de la sardina de Naiguatá está la presencia de las viudas, un grupo de hombres disfrazados de mujeres, exageradamente maquillados, con accesorios voluptuosos y con trajes rellenos que simulan las formas femeninas más exageradas. Quienes integran el cortejo llevan décadas en esos menesteres, cumpliendo con la jornada tradicional.

“Antes del recorrido, las viudas comienzan su trajín de embellecerse y todo el mundo aporta su granito de arena; unos traen accesorios, otros maquillan, peinan pelucas y arman el féretro donde viajará la difunta sardina por todo el pueblo. Es un trabajo en equipo”, refiere Ricardo Díaz, quien preside la Asociación Folclórica de la Sardina de Naiguatá.

Díaz expone que otra tradición jocosa del entierro naiguatareño es la elección de una reina de las viudas. “Ese se convierte en el alma de la parranda y es al que más vamos a arreglar”.

Por lo general, solo la muerte o una grave enfermedad aleja a los hombres que hacen de viuda de su compromiso de velar a la sardina. Uno de los más antiguos es Juan Manuel Nays, a quien todo el pueblo de Naiguatá conoce como Comiquita. El entierro de la sardina de este 2018 es la ocasión número 49 en que forma parte de las viudas.

“Todo esto empezó como una joda y ya tenemos 60 años. Nuestros hijos y nietos se van sumando para mantener la tradición. Los naiguatareños nos caracterizamos por cuidar las tradiciones culturales que nos dejaron nuestros antepasados, por eso hasta que mi cuerpo aguante yo voy a ser parte de esto”.

Para la edición 60 del entierro de la sardina de Naiguatá, la responsabilidad de la reina viuda recayó en Ramón Quintero. Este sería su quinto reinado; la última vez que portó la corona fue en 1985.

Entierro de la sardina, tradición religiosa de Naiguatá, estado Vargas. Patrimonio intangible de Venezuela.

Ramón Quintero electo como “reina de las viudas” en la edición 60 del entierro de la sardina. Antes fue en 1985, participa en la tradición desde 1970. Naiguatá, Vargas. Foto Cruz Sojo, febrero 2018.

“Si me preguntan por qué se hace esto, es fácil. Es parte de nuestra realidad cultural. No en vano Naiguatá es la parroquia de Vargas con más manifestaciones culturales. Hay que cumplir con las tradiciones y formar a las nuevas generaciones para que se formen e incorporen”, cuenta Quintero, quien llegó al entierro de la sardina cuando tenía 15 años y ahora ha incorporado a sus hijos y nietos en la guasa popular.

Una lucha para mantener la tradición

El valor patrimonial del entierro de la sardina de Naiguatá es reconocido por el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), que lo incluye como una manifestación patrimonial inmaterial en la edición del Catálogo de patrimonio cultural venezolano de Vargas, editado en el año 2005.

Entierro de la sardina, tradición religiosa de Naiguatá, estado Vargas. Patrimonio intangible de Venezuela.

El bulevar Vargas de Naiguatá se llena de gente. Es el último reducto de la sardina antes de ser lanzada al mar. Entierro de la sardina, Vargas, edición 60. Foto C. Sojo, febrero 2018.

Juan José Montes revela que la aspiración de quienes impulsan el Entierro de la Sardina es a que sea reconocida por instancias mayores como la Unesco, como sucedió, cita como ejemplo, con la Parranda de San Pedro de Guatire, en el estado Miranda.

“Sería un premio para la constancia y para el propio pueblo de Naiguatá, que comprendió que la tradición debe ser preservada y cuidada y no transformada en hechos violentos o vandalismo”, refiere Montes, al hacer referencia a una costumbre instaurada en los años 80 de introducir la pintura y el talco en el juego, lo que ocasionaba fricción ente los asistentes y muchas veces terminó en trifulca.

“Hubo unos dos años en los que solo salimos la comitiva y la procesión. Cumplíamos con el recorrido, lanzábamos la sardina al mar y volvíamos a nuestra casa en señal de protesta, pues ese comportamiento nos iba a dañar la manifestación. Y la gente entendió. Ahora quien quiera jugar o usar pintura lo hace con su grupo y se respeta a quienes vienen de otras latitudes a disfrutar del entierro de la sardina de Naiguatá”, agrega el hombre, mientras rocía a quien se acerca con el agua bendita de la cava.

Al caer la tarde y en medio del dolor y los gritos de falsedad, la sardina se despide en la costa de Naiguatá. La Cuaresma ha llegado y con ella una época de recogimiento, que durará poco en Naiguatá, hasta que vuelvan los repiques de tambor o la danza desenfrenada de los Diablos Danzantes, San Juan o San Pedro. Se enterró a la sardina, pero en Naiguatá siempre sobra razón para celebrar.

Fuentes consultadas

Catálogo de Patrimonio Cultural Venezolano. Instituto de Patrimonio Cultural (IPC). Tomo Municipio Vargas / Estado Vargas. Año 2004 – 2005.

Corro, Héctor. Integrante de la Fundación Entierro de la Sardina de Naiguatá. Entrevista personal realizada el 14 de febrero de 2018.

Díaz, Ricardo. Integrante de la Fundación Entierro de la Sardina de Naiguatá”. Entrevista personal realizada el 14 de febrero de 2018.

González Fernández, Luis Enrique. Municipio Vargas y sus parroquias. Editorial Concejo Municipal del Municipio Vargas. Estado Vargas, Venezuela. Año 1989.

Montes, Juan José. Integrante de la Fundación Entierro de la Sardina de Naiguatá. Entrevista personal realizada el 14 de febrero de 2018.

Nays, Juan Manuel. Integrante de la Fundación Entierro de la Sardina de Naiguatá”. Entrevista personal realizada el 14 de febrero de 2018.

Quintero, Ramón. Integrante de la Fundación Entierro de la Sardina de Naiguatá. Entrevista personal realizada el 14 de febrero de 2018.

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