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Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Plaza Nuestra Señora de la Corteza o plaza la Burrita, hasta marzo de 2017 fue un espacio con árboles y bancos de hierro forjado. Foto Frente Ecológico Portuguesa, 18 agosto 2017.

Nombre: Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita.

Año: circa 1951 – 1953.

Tipo de patrimonio cultural: tangible / inmueble.

Administrador custodio o responsable: iglesia San Miguel Arcángel de Acarigua y Concejo del Municipio Páez del estado Portuguesa.

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

Conocida popularmente como “Plaza la Burrita”, la plaza Nuestra Señora de La Corteza honra el monumento a la Virgen de la Corteza, patrona sentimental de la ciudad. La construcción de este espacio público tiene sus orígenes en las gestiones que, en la década de 1940, iniciaran los párrocos de San Miguel Arcángel de Acarigua, Martín M. González (1937 – 1946) de la orden salesiana y su sucesor el Pbro. Juan José Jiménez Hidalgo (1946 – 1954), más tarde convertido en monseñor. Conocido el primero por su dinamismo como cura y constructor, dejando de lado con frecuencia la sotana para dedicarse a labores de albañilería, inició González la tarea de construir primero una nueva casa parroquial, la cual concluyó bien cimentada y de dos plantas. En 1940 gestionó con el gobierno nacional la elevación de la torre del campanario, la colocación en el mismo de un reloj gigante y, desde 1943, transformar la vieja fachada del templo para convertirlo al estilo neoclásico.

En su libro Evolución del Templo de San Miguel de Acarigua refiere el Ing. Pedro Velazco García que, en el ala izquierda de la iglesia, el padre González construyó una amplia capilla dedicada a la Nuestra Señora de la Corteza, la cual consagró el 14 de diciembre de 1941 (Acarigua: 2000, ps. 17 – 19). Los trabajos de remodelación contaron con los aportes de un maestro de obra de apellido Talavera, los albañiles José Ríos Joseote), José Rodríguez Joseíto, las ideas vinculantes de un padre Lozada de Araure y don Presentación Bolívar, conocido en Acarigua por su oficio de administrar inyecciones a domicilio.

En la continuación del proyecto, inspirado el padre González en una iglesia caraqueña, decidió alargar el templo de San Miguel Arcángel hasta su parte posterior, colocando el altar mayor en el centro. Para ello concibió la idea de adquirir la esquina trasera de la iglesia y construir una pequeña plaza en homenaje a la Virgen del tacamahaco. El 4 de febrero de 1947 se inauguró la primera etapa de la refacción del templo. Para conmemorar el evento, la Sociedad de la Corteza elaboró una imagen grande de la Virgen e imprimió algunas estampas. Un protagonista, el tipógrafo José Ramón Díaz, refiere en sus memorias que ese año “el señor Adelson Scoci, escultor residente en La Victoria estado Aragua me elaboró 150 imágenes de Nuestra Señora de la Corteza, las cuales fueron vendidas a Bs. 150” (José Ramón Díaz, Vivencias de mi vida y de mi Acarigua de ayer, Acarigua: 2004, p. 55).

Quedaba en espera la construcción de la plaza Nuestra Señora de la Corteza, proyecto que vino a ser interrumpido el mismo año 1947 por la dejación de los hábitos sacerdotales del padre Martín González, quien de súbito se mudó a Valencia para formar familia. En sustitución vino a encargarse de la parroquia el Pbro. Juan José Jiménez Hidalgo quien, con dependencia eclesiástica de la Diócesis de Barquisimeto, se apoyó en la experiencia del Hermano Juan de la Congregación de los Hermanos de la Salle de esa ciudad y del historiador mariano Hermano Nectario María Pratlong (1888 – 1986).

La actuación del padre Jiménez Hidalgo, investido luego como monseñor, será fundamental en la construcción de la plaza. En el estado Lara, de donde procedía, contaba con una meritoria trayectoria que le mereció incluso, en 1926, felicitación escrita del Gral. Juan Vicente Gómez, por encontrarse entre los constructores de una carretera en Curarigua donde era párroco. En el opúsculo Historia de Nuestra Señora de la Corteza: venerada en la ciudad de Acarigua, editado en 1949, el Hermano Nectario María cuenta la incorporación del padre Hidalgo en la continuación de los trabajos: “En 1947 asumió la responsabilidad del trabajo, dejado en pésimas condiciones por su predecesor y encargó al Rdo. Hermano Juan, quien goza de reconocida y probada competencia en trabajos de construcción, toda la iniciativa y dirección de la empresa” (Nectario María Ib., 1949, p. 19).

Las labores de construcción continuaron entre 1948 y 1949. Para la prosecución de la obra, se constituyó una “Junta Pro-Templo de Acarigua”, cuya tesorera en 1949 era la marianísima doña Edelmira Ramos. Para la recaudación de fondos, la junta organiza verbenas, veladas y bazares. Las gestiones convocan a todos los acarigüeños, independientemente de sus creencias. En el álbum de recortes de Waldemar Cordero llevado por su madre doña María Vale se conserva una reseña periodística titulada Suntuosa Velada Pro-Templo, evento en el que fungió como maestro de ceremonia el periodista comunista Rafael Rodríguez Heredia, designado años después primer cronista de la ciudad.

Papel preponderante en los trabajos tendrá el Hermano Nectario María, quien en 1949 publica la primera historia documental de la Virgen de la Corteza. Se debe igualmente al araureño don Hilarión López como gobernador de Portuguesa (1948 – 1949) el apoyo financiero de la obra. En su Informe a la Junta Militar de Gobierno deja constancia que el 11 de enero de 1949 libró el Decreto N° 57 probando la asignación mensual de Bs. 2500 “a favor de la Junta Pro-Templo de Acarigua, con destino al pago de los trabajos de reconstrucción de dicho templo” (Ib., p. 7).

Entre 1950 y 1953, el Padre Jiménez Hidalgo recibirá el apoyo del Concejo Municipal de Acarigua. Contribuyeron en orden sucesivo Jesús Filardo Rodríguez (1949 – 1950), Concepción Quijada (1951), César Zambrano Roa (1951), Jesús María Lozada (1951) e Ismael González Bracho (1951 – 1954). El Concejo Municipal se encargaría de comprar los terrenos donde se construiría una nueva plaza dedicada a la Virgen de la Corteza.

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Plaza y conjunto escultórico de la Virgen de la Corteza, en Acarigua. Año 2011. Reproducción de Luis Delgado.

Plaza y conjunto escultórico. El Pbro. Juan José Jiménez Hidalgo al frente de la Iglesia de San Miguel de Acarigua (1946 – 1954) consolidó la realización del Monumento a la Virgen de la Corteza. Inspirado por la historia de la aparición de María Santísima en la costra del tacamahaco a Margarita La Perla, se propuso construir un monumento en bronce que personificara el suceso de 1702.

El acondicionamiento y rehabilitación de la esquina detrás de la iglesia fue concebido por monseñor Jiménez Hidalgo como un centro de devoción mariana. Aprobado por el obispo de Barquisimeto, Críspulo Benitez Fonturvel, el diseño arquitectónico proyectó integrar, espacialmente, tres nodos arquitectónicos: la nueva plazoleta, la fachada lateral del templo y el edificio de dos plantas donde fue instalado un instituto católico. En el centro de la pequeña alameda se entronizaría el sistema estatuario.

Desde 1947 el padre Juan José Jiménez Hidalgo se convirtió en el alma de los trabajos. Aunque entregó la administración parroquial el 1° de marzo de 1954, una década después sobre su persona escribirá el cronista ospinero David Herrera Rodríguez: “Nada podrá acabar con el nombre del sacerdote eximio, que con grandes esfuerzos y muchos desvelos, realizó la obra de esa plaza […] todo podrá concluir, por apatía, en la Plaza de Nuestra Señora de La Corteza, con excepción del nombre del Ilustrísimo Monseñor J. J. Jiménez Hidalgo, porque a él se debe la obra realizada a fuerza de luchas y de sacrificios y que es ornato de la ciudad de Acarigua” (David Herrera Rodríguez, Plaza de Nuestra Señora de la Corteza – Semanario El Imparcial, Acarigua, 18 de noviembre de 1962).

El lugar escogido para edificar la nueva plazoleta era un terreno detrás del viejo templo que hacía esquina entre la antigua avenida Carabobo (calle 8) con la avenida 14, a media cuadra de la plaza Bolívar. En la década de 1920 esta esquina trasera de la iglesia era todavía una calle solitaria. Así lo refiere el cronista Manuel Peña: “Acarigua era tan desolada, que a una cuadra de la Plaza Bolívar, donde está hoy la placita de la Corteza, sólo habían (sic) tres casas: una de Rafael Acosta; al frente, la señorita Filomena Huizzi y su hermano Reynaldo” (Manuel Peña, Panorámica de la Acarigua de los años 20,-Semanario El Imparcial, Acarigua, 10 de marzo de 1979).

Sobre los mismos antecedentes, en términos similares, el ingeniero Velasco García escribe en su libro: “En esos tiempos la iglesia llegaba hasta donde ahora está el Altar Central. Detrás estaba la sacristía, más atrás había un patio y luego de una pared divisoria, en la esquina estaba la casa de la Niña Filomena. Esta casa tenía un amplio solar con abundancia de caujaros. En su lugar está ahora la placita de la Corteza” (ib., p. 18). En otra parte agrega: “El Padre González dejó adelantado el proyecto del templo, con la fachada hecha y el actual San Miguel colocado en las alturas. El padre Jiménez logró que lo construyeran. Él adquirió el terreno detrás de la iglesia, comprándoselo a la familia de la niña Filomena. Allí se construyó la placita de la Corteza” (ib., p. 19).

Ejecutadas las demoliciones de la pared en el solar adquirido a la familia Huizzi, se le acondicionó para instalar la nueva plaza. La obra fue construida en fecha indeterminada entre 1951 y 1953. Para aprovechar el potencial natural del viejo patio de la familia Huizzi, se conservaron los árboles de caujaros y la floresta que daba sombra al lugar. Una vez transformado en plazoleta, se rodeó al perímetro con una cerca de hierro, trazando una corta caminera diagonal hacia la esquina opuesta del templo.

A tenor de fotografías coetáneas, se precisa que el monumento a la Virgen de la Corteza fue cercado con la antigua verja ornamental de la primigenia plaza Bolívar de Acarigua, donada por el presidente Cipriano Castro antes de 1908. Una parte de esta cerca había sido utilizada por el padre Martín González para dar frente a la casa cural construida en 1941, y otra se usó para alinderar la nueva plaza mariana. En 1954, al referirse a esta cerca que bordeaba el edificio cural, registra: “Tiene anexo un solar cercado con una reja de hierro que mide de este a oeste 24 metros y de norte a sur 49 metros 00,5” (Libro de Inventario 1942, folio 7).

En el centro de la nueva plaza se colocó el conjunto estatuario. La magnífica obra de autor desconocido, con base a una escultura tallada y luego vaciada en bronce, fue fundida en los prestigiosos talleres de la Marmolería J. Roversi Sucesores, originaria de Bologna en el centro norte de Italia, especialistas en la producción artística de mármol y bronce. Una inscripción grabada al pie del conjunto así lo precisa: “J. Roversi Sucs. Bologna Caracas”.

El monumento a Nuestra Señora de la Corteza consiste en una representación figurativa compuesta por cuatro efigies independientes, adosadas sobre una amplia plataforma de bronce que sirve como base del conjunto. Entronizados sobre un pedestal de mármol, estos cuatro elementos escultóricos son el tronco de un árbol,  la imagen de la Virgen María como motivo central, las figuras alusivas a Margarita La Perla y su pequeño hijo, y un burro pollino con las orejas alertas y la pata derecha delantera levantada en actitud de sobresalto o encabritado, atado a la diestra del árbol, haciendo el equilibrio plástico del cuadro escultórico.

La gracia con la que fue fundido el asno influyó en la conseja popular para que, desde sus primeros años, comenzase a llamarse “plaza la Burrita”, aun cuando no se trataba de una plazuela dedicada a la hembra del jumento (como tampoco la historia afirma haberse tratado de una hembra del animal la que acompañaba a la mulata en el momento de su aparición), sino a la Virgen aparecida a una mulata.

En el Libro de inventario de la iglesia, en acta firmada en 1954 por el Pbro. J. J. Jiménez Hidalgo, se lee: “La Plaza La Corteza está en terrenos de la iglesia, parte de dicho terreno fueron comprados por el Padre Jiménez Hidalgo a los señores Huizzi con esta finalidad, y la escritura está hecha a favor del Ilustre Concejo Municipal, con la condición de que este la mantenga siempre bien atendida, como ornamento que es de la ciudad” (Ibídem, folio 7 vto.).

El mismo año 1954 una imagen del monumento recién construido fue publicada en la Revista Tricolor por el celebrado cuentista y editor infantil Rafael Rivero Oramas (1904 – 1992). En la edición N° 64 del mes de septiembre, para admiración de los venezolanos, publicó Oramas la flamante obra en bronce con la siguiente leyenda: “Detrás de la Iglesia de Acarigua se encuentra un elocuente monumento, que es admiración y encanto de los ojos, el cual reproduce con toda fidelidad la hermosísima leyenda de la Virgen de la Corteza. Es el instante milagroso en que la Virgen se le aparece en la corteza de un árbol viejo (de ahí viene su nombre precisamente), a la madre campesina y a su tierno hijo” (Tricolor, Caracas: 1954, Año VI, p. 21). La publicación atrae la curiosidad de viajeros y peregrinos que inician visitas al lugar. La plaza mostraba entonces plantas alrededor, con visibles árboles que ofrecían sombra al grato y solaz espacio urbano.

Monumento a Nuestra Señora de la Corteza, Acarigua, Portuguesa. Bien de interés cultural venezolano.

El monumento a la Virgen de la Corteza en 1954. Foto Revista Tricolor, digitalización Wilfredo Bolívar.

En 1956 el proyecto constructivo del Padre J. J. Jiménez Hidalgo detrás de la iglesia se había cumplido. La plaza de la Corteza es el centro de un circuito mariano de carácter educativo. Ese año se asienta en el Libro de Inventario del templo: “La otra casa que mira a la Plaza de La Corteza fue construida por el Padre J. J. Jiménez Hidalgo con el fin de instalar una Escuela Parroquial” (ib., folio 21 vto). En 1958, en esta casa de dos plantas, funciona una Casa de Peregrinos y un colegio dirigido por sacerdotes italianos de la Congregación Misión de los Reverendos Padres Paúles. Al respecto, refiere el Libro de Inventario: “La otra casa que da a la Plaza de La Corteza sirve de colegio para niños, con el nombre de San Pedro y San Pablo; es provisional, pues el fin de esa casa, según su fundador o constructor Padre Jiménez H., es para una escuela parroquial. Este colegio está regentado por los PP Paúles” (ib., folio 31 vto.).

Cuando concluyan los años cincuenta, después de las plazas Bolívar y Páez, la plaza de la Corteza se habrá convertido en el primer espacio cívico-religioso de Acarigua. Le siguió la plaza Andrés Eloy Blanco, construida en 1959 por el presidente municipal Oscar Bustillos. Sobre su manutención, en 1958, en el Libro de Inventario de la iglesia leemos: “La Plaza de la Corteza está en terrenos de la iglesia, pero el jardinero que la cuida está pagado por el Concejo Municipal del Distrito Páez” (ib., folio 16).

Rehabilitaciones y restauraciones. Diez años después de su construcción, la plaza exhibe sus primeros signos de deterioro. Frente al descuidado estado de abandono, el 18 de noviembre de 1962, en el semanario El Imparcial de Acarigua, el cronista local David Herrera Rodríguez imputaba con sonada reflexión: “¿Dónde están las flores que otrora adornaron el lugar y perfumaran el ambiente de la Plaza (sic)?. ¿Qué se hicieron las bombillas eléctricas que iluminaban y daban esplendor, por mucho tiempo, a este lugar sagrado y digno de atención del turista? La apatía y la indiferencia han venido acabando con todas estas cosas que dan brillo y armonía a la ciudad cuna adoptiva de la Madre de Dios. Y ahora también quieren acabar con las barandas de hierro que dan prestancia al lugar sagrado de la Plaza (sic) y con los árboles que dan belleza al paisaje. Todo esto puede suceder” (El Imparcial, Acarigua 18-11-1962).

La preocupación de Herrera Rodríguez encuentra oídos en don Federico Ramos Ramos, devoto presidente del Concejo Municipal del Distrito Páez (1960 – 1964). Conocido por su marianismo confeso, la acarigüeña familia Ramos constituía un emblema del catolicismo local, siendo la madre de don Federico, doña Virginia Ramos de Ramos (1875 – 1966), presidenta por muchos años de la Sociedad Nuestra Señora de la Corteza.

El 30 de diciembre de 1963, poco antes de dejar el cargo, sanciona Ramos Ramos un acuerdo ordenando la primera restauración del monumento. Dictan los considerandos “que la Plaza de ‘La Corteza’ de esta ciudad se encuentra en estado de ruina”, razón por la cual se aprueba “la reconstrucción total de la plaza, de acuerdo con el proyecto aprobado por la municipalidad”. El acuerdo circula en una hoja volante señalando que “los gastos que ocasione la ejecución de la presente obra, serán pagados por la Partida de Obras Públicas Municipales”. La restauración contará con el especial apoyo del Dr. Pablo Herrera Campins, Gobernador de Portuguesa (1959 – 1963), coincidiendo con la construcción de la nueva sede del Concejo Municipal, en sustitución de una vieja casona frente a la iglesia, edificio inaugurado el 13 de junio de 1964, a la que se le adosará en su fachada un vistoso mural de Virgilio Trompiz (1927 – 2012).

Esta primera rehabilitación patrimonial de la plaza de la Virgen de la Corteza fue ejecutada en 1964, durante la administración del Presidente Raúl Leoni. Inaugurada por Pacífico Cordero, presidente municipal en sustitución de Ramos-Ramos, la restauración respetó los árboles originales que brindan sombra al apacible lugar, consolidó la vegetación y jerarquizó las áreas verdes. De igual modo, conservó la antigua verja de hierro ornamental donada por Cipriano Castro.

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Plaza La Corteza en reportaje del 10 de julio de 1966. Foto El Nacional, reproducción Wilfredo Bolívar.

El 10 de julio de 1966 un reportaje sobre Acarigua, publicado en el diario El Nacional de Caracas, muestra la plaza poco después de los trabajos. Presidía el Concejo Municipal el Dr. Teodardo Amaya. Reseña el periódico: “La Virgen de la Corteza es venerada en la Basílica de Acarigua —que tiene más de 300 años de antigüedad— y tiene una plaza, con un moderno monumento, dedicada a la Imagen de la Corteza”. La fotografía del impreso exhibe la fronda de árboles circundando el conjunto estatuario, con una leyenda: “La Plaza de la Virgen de la Corteza, una de las más importantes de la ciudad. Otras son la Plaza Bolívar y la Plaza de San Roque”. El mismo año, el texto es reproducido por el Hermano Nectario María en la Revista Venezuela Misionera, refiriéndole como un ‘moderno monumento’ (“Venezuela Misionera”, Caracas: 1966, N° 321 – 344, p. 285).

El 13 de octubre de 1966 ocurre el robo de la imagen original de la Virgen de la Corteza en la concha del tacamahaco. Las gestiones para la frustrada recuperación las lidera el monseñor araureño Omar Ramos Cordero. El 21 del mismo mes se oficia una misa concelebrada, presidida Mons. J. J. Jiménez Hidalgo, creador del monumento. La iglesia y la plaza se convierten en escenarios de desagravios y rogativas, solicitando el retorno de la reliquia. En Caracas, el médico acarigüeño Jesús Barrios Perchts se asume como albacea periodístico del despojo. Animado por una nueva ‘aparición’ de la Virgen de la Corteza en una piedra, que consigue días después del hurto, se dedica a recopilar un álbum de recortes con las reseñas del sacrílego despojo.

En 1969 se acomete una segunda intervención de la plaza. La obra es ejecutada por el presidente municipal, Dr. Edgar Valero Díaz. Una fotografía de esta refacción muestra una valla que anuncia: “Concejo Municipal del Distrito Páez – Acarigua – Construye Plaza de la Corteza”. El término ‘construye’ no parece casuístico. Con apoyo de la Gobernación del Estado, la inversión ejecutada con recursos del desaparecido municipio del distrito Páez, prácticamente modifica el aspecto original de la plaza. Aniquila los árboles originales del monumento y en sustitución del pequeño bosque que daba sombra a la plazuela, se reacondicionan los jardines.

La contundente remodelación elimina la vieja verja de hierro que protege a la plaza. Pedro Francisco Almeida Pérez, un cronista oral actual de la ciudad recuerda: “Alguien alegó que las barandas eran anticuadas y poco prácticas, pues tales barandas las colocaban en las plazas de los pueblos, donde podían entrar vacas y cabras”. Como aditamento, se instalan bancos de mármol alrededor del monumento y se siembran algunos árboles.

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Plaza la Burrita en una intervención de 1969 que aniquila los árboles originales y reacondiciona los jardines. Foto colección Freddy Escalona Rangel.

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Plaza la Burrita en los años 70, se observan los jardines incorporados en la remodelación de 1969. Foto colección Freddy Escalona Rangel.

2005: patrimonio cultural. Desde el robo en 1966 de la reliquia original de la Virgen de la Corteza la plaza se convierte en centro de devoción pública. En pagos de promesa, los devotos depositan flores al pie del monumento estatuario y los párrocos del lugar usan la plazoleta como espacio para la ocasional liturgia dedicada a la advocación mariana del árbol del tacamahaco.

Cuatro lustros después de su inauguración, durante la década de 1970, la plaza de la Corteza luce un aspecto grato. En el lugar crecen algunos apamates y los jardines son plantados con setos vivos. La moderada vegetación concede posibilidades al esparcimiento citadino, en una capital que apenas sobrepasa los 50 000 habitantes.

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Dos aspectos de la plaza en la década de los 70 del siglo pasado. Fotos colección Fototeca de la Biblioteca Nacional de Venezuela, reproducción Wilfredo Bolívar.

En ausencia de la reliquia, la feligresía usa la plaza con público marianismo. Durante su mandato, el principal devoto es el presidente Luis Herrera Campins (1978 – 1983). El domingo 15 de febrero de 1981 asiste en Acarigua a la misa de la patrona y camina en la procesión confundido entre sus paisanos. En 1983, la colección hemerográfica del doctor Jesús Barrios Perchts muestra el monumento con cientos de peregrinos en la bendición de las palmas el domingos de ramos. La ciudad crece acostumbrada a su segunda plaza, convertida por tradición como hito urbano en culto de devoción popular.

El 30 de junio de 2005 el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) declara la plaza Nuestra Señora de la Corteza como “bien de interés cultural de la nación”. La meritoria afectación viene inserta en el Registro General del Patrimonio Cultural Venezolano, emanado por Providencia Administrativa dictada el 30 de junio de 2005 por órgano del Ministerio de la Cultura. La ficha asociada a inmuebles de valor patrimonial edificado de la república está publicada en el Catálogo del patrimonio cultural venezolano 2004 – 2009, aparte N° 2, atinente a la sección denominada Lo construido.

El catálogo reproduce dos fotografías a color que muestran el paisajismo de la plaza, señalando que posee “ocho jardinerías distribuidas por todo el área con luminarias y bancos de hierro forjado, tiene como ornamento chaguaramos de pequeña altura, y árboles y arbustos varios”. En cuanto la vegetación del monumento concluye: “Ubicado en un sitio abierto que permite ver las áreas externas de su entorno, y lucir verdaderamente hermoso. Es para la comunidad un símbolo religioso de amor, fe y esperanza, un lugar de veneración. También sirve como lugar de encuentro, de descanso, paseo y juegos”. Ocho años después, el pequeño pulmón será devastado.

Monumento a Nuestra Señora de la Corteza, Acarigua, Portuguesa. Bien de interés cultural venezolano.

Monumento de la plaza La Burrita en los años 80, con grafiti. Foto Freddy Escalona Rangel.

2017: restauración rechazada. El crecimiento poblacional y urbano de Acarigua somete la plaza la Corteza a un segundo plano. Como otras plazas de la ciudad, el lugar se convierte en foco citadino de vicios públicos y desarreglos de orden social. Morada nocturna de indigentes, beodos y mujeres ‘placeras’, con la desaparición de las antiguas casas aledañas convertidas en locales comerciales, el monumento sufre un decaimiento de su original espíritu religioso. Un grafiti de los años 90 parece sentenciar el futuro del conjunto escultórico. “Es tiempo de morir”, garabatea una pinta, firmada con el simbólico número satánico.

En la creencia de que una total mutación del espacio podría erradicar los desarreglos sociales dañosos al lugar, a finales de 2016 la alcaldía de Acarigua proyecta la remodelación integral del monumento. En común acuerdo con los rectores del templo de San Miguel Arcángel, se aprueba erradicar la totalidad de sus áreas verdes.

Vísperas a la Navidad, sin anuncio oficial, de manera previa se procede a la remoción de la figura en bronce de la mulata Margarita. El 15 de noviembre de 2016, una fotografía tomada por el memorista Freddy Escalona Rangel denuncia en las redes sociales: “Nos hemos percatado que (sic) de la escultura original ha desaparecido la figura de la mujer y solamente quedan la mula y el niñito” (Facebook, 16-11-2017). El 30 de diciembre señala igualmente que “para aprovechar el cobre con el cual estaba hecha la soga que ataba a la burrita del árbol sagrado, la misma fue hurtada en días pasados”.

El 2 de enero de 2017 Escalona Rangel publica en su cuenta de Facebook: “Desaparecieron la indígena, la soga que enlazaba la burrita al tacamajaca y antenoche, aprovechando la distracción del año nuevo, le dieron unos cuantos martillazos en las patas traseras del indefenso animalito para tratar de defenestrarlo y convertirlo en metal derretido”. El 23 de enero de 2017, en su columna periodística El Temerario, el periodista Rafael Ramón “Pepe” Roldán se hace eco de la denuncia. “La que sí desapareció —reza la nota— fue la figura de Margarita La Perla en la plaza La Corteza (Burrita), así como el instrumento (mecate, guaya o cadena) que sujetaba el jumento al tronco de tacamahaco” (Acarigua – Diario Ultima Hora 23-1-2017, p. 4). Días después, se conoce que la figura ha sido removida por la acordada intervención municipal.

A finales del mes de febrero la alcaldía inicia los trabajos de remodelación. El lunes 20 de marzo de 2017, un pequeño Pailover penetra la glorieta y arranca de raíz la consolidada vegetación de apamates, palmeras y otras especies. La inesperada deforestación causa alarma en el colectivo. Siete días después, el 27 de marzo, el periodista Roldán denuncia en su habitual gacetilla: “Ha sorprendido a parroquianos la demolición de árboles, plantas y estructuras que hiciera la Alcaldía de Páez en la plaza La Corteza, la popular “burrita”. Hay quienes hablan de ‘ecocidio’ por los árboles derribados, acción que podría acarrearle sanciones al ayuntamiento. Particularmente y por ser inexorable, espero que lo que viene sea mejor que lo que había. Menos cemento y más naturaleza, por favor” (Diario Última Hora, 27-3-2027, p. 4).

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Plaza La Burrita el 24 de marzo de 2017 cuando se empieza a intervenir para despojarla de las áreas verdes. Foto Rafael Ramón Roldán.

Las tareas de remodelación duran cinco meses. Con una inversión de 80 000 000 de bolívares, la obra es ejecutada por el alcalde del municipio Páez, Ing. Efrén Pérez, a través de la ingeniería municipal en un denominado “Plan Operativo para la recuperación de espacios públicos”. La demoledora intervención erradica las cuatro luminarias de la plaza, extingue los seis bancos de hierro y elimina totalmente los árboles y áreas verdes. Según la declaración oficial, la rehabilitación ejecuta “trabajos en el embellecimiento del ornato (sic.), pintura de brocales, mejoramiento del alumbrado, así como también la colocación de un mural alusivo a imágenes religiosas” (Diario Última Hora, domingo 27 de agosto de 2017, p. 13).

En medio de reacciones y opiniones encontradas, la reinauguración de la plaza ocurre el sábado 19 de agosto de 2017. En medio de una misa frente al monumento, el Pbro. Leonel Ramírez, párroco local, bendice la plaza y el conjunto estatuario.

La inusitada remodelación deja al descubierto una plazuela inhabilitada para la siembra de árboles. El fondo de la pared oeste es convertido en un mural realizado por el ilustrador José María Galvis. Alejado de las normas estéticas del género muralista y grabado en baldosas horneadas, los motivos iconográficos del mismo representan imágenes aisladas y sin conexión plástica. Bajo el estilo de modernos grafitis estampados en aerógrafo, siete grabados independientes entre sí, fungen como alegorías simbólicas a la plaza. Estas figuras son: el mismo Monumento Plaza la Corteza, una imagen a color de la Virgen de la Corteza, un perfil del Narazeno, la Virgen de Coromoto, el Templo Votivo Nacional a la Patrona de Venezuela, una incoherente figura de un pequeño ángel iluminando a un ángel más grande que se presume sea San Miguel Arcángel y otra imagen del mismo Arcángel San Miguel.

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Mural de la nueva plaza. Foto Wilfredo Bolívar, agosto 2017.

Del mismo modo, los trabajos del conjunto estatuario reciben un tratamiento inadecuado. Contraria a la técnica de devolverle la pátina original, se cubre el bronce con pintura en aceite color negro y dorado a la imagen de la Virgen. Para sostener la imagen de la mulata Margarita La Perla, se adhiere su figura al conjunto estatuario, soldándola por el pie derecho con una suerte de burdo anclaje o estribo que lo asegura a la base del monumento.

Los argumentos del alcalde señalan las motivaciones de la intervención. En declaraciones a la prensa local expresa: “Antes la plaza La Burrita venía siendo usada para hurtos, prostitución, para escondite de delincuentes por las noches y una serie de cosas que van en contra de la moral. La gente veía la plaza como cualquier área común y corriente, a pesar de ser un lugar católico que merece  respeto; por ende, llamamos al pueblo de Acarigua a conservar el lugar recuperado por nuestra gestión y así contribuyen con el embellecimiento de nuestra ciudad” (Diario Ultima Hora, 16 de agosto de 2017).

Las reacciones de los ecologistas contradicen las opiniones del alcalde. Consumada la reinauguración de la plaza, el ambientalista Miguel López, vocero del Frente Ecológico Portuguesa declara a los medios: “No aceptamos las excusas del alcalde Efrén Pérez y del párroco de la iglesia San Miguel, que han manifestado en reiteradas ocasiones que la plaza venía siendo usada para hurtos, prostitución, para escondite de delincuentes por las noches y una serie de cosas que van en contra de la moral. Las aéreas verdes no son responsables de esos problemas que pueden ser resueltos con la aplicación de programas sociales” (Diario Última Hora, 20 de agosto de 2017).

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Protesta simbólica frente al monumento en plaza la Corteza. Foto Frente Ecológico Portuguesa, 18 de agosto de 2017.

En protesta a la intervención, miembros del Frente Ecológico Portuguesa realizan una protesta simbólica en la plaza. Armados de pancartas con consignas y cartones en la cabeza para evidenciar la aniquilación de los árboles de la plaza, se sientan por algunas horas en el suelo desnudo de la plaza y declaran a los medios. El 22 de agosto de 2017 la alcaldía publica en la prensa local media página a color justificando la intervención.

Alfredo Torres Quiroz, cronista del pueblo de la aparición de la Corteza, protesta: “Ese conjunto escultórico tiene su solera artística. La Iglesia y la ciudad, la burocracia y los actores culturales incluidos, han consentido en una intervención de mala calidad, con murales de San Miguel representado cual figura de videojuego y el pintarrajeo grotesco de la estatua”.

El mismo cronista calcula la aniquilación de unos 400 metros cuadrados de áreas verdes y denuncia la desvinculación del Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) en la inconsulta remodelación. “La plaza y el monumento —denuncia— son Bien de Interés Cultural de la República y hay una normativa, incluida una Providencia, que pauta normas para los proyectos de intervención en Bienes Culturales. Las buenas intenciones de la alcaldía no justifican haberle pasado por alto a la razón técnica, ni haber desaparecido las áreas verdes y los bancos”.

Desde su reinauguración, la plaza de la Corteza ha despertado cualquier tipo de críticas y la rechazada restauración deja un sinsabor en la ciudad. La generalidad de los transeúntes cuestiona la exterminación de los árboles y áreas verdes, la eliminación de los bancos para descansar el ajetreo de la urbe y la incorporación de un mural, como nuevo elemento figurativo, que distrae el conjunto estatuario como motivo principal de la plaza.

La gente ha comenzado a hablar de una plaza desierta y despersonalizada. Y para aludir su total desnudez, en sorna, comienzan a calificarla como una “pista de hielo” en medio de la ciudad. Lejos queda el recuerdo de la plazuela con árboles alrededor, como espacio de grato solaz citadino. Pero sobre todo, el lugar donde antaño la gente venía a mirar la escena de la aparición de Virgen de la Corteza a Margarita, a su hijo y al borrico, como una permanente y cotidiana posibilidad de creer en la fe, despertada por su tradicional y poderoso símbolo mariano.

Descripción

Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita, patrimonio histórico de Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

Plaza Nuestra Señora de la Corteza o plaza la Burrita, sin árboles ni bancos para sentarse. Foto Frente Ecológico Portuguesa, 18 agosto 2017.

Plaza con monumento central de carácter religioso con la representación figurativa de la aparición de la Virgen María a la mulata Margarita La Perla, ocurrida en 1702. El monumento está compuesto por cuatro efigies en bronce entronizadas sobre pedestal de mármol. Estas son: el tronco de un árbol con la imagen de la Virgen, la figura de una mulata representando a Margarita “La Perla”, un niño descalzo con pantalón corto y un pequeño burro, en actitud de sobresalto atado al árbol mirando la escena de la aparición.

En 2009, año de la publicación del Catálogo del patrimonio cultural venezolano, el IPC describe el inmueble como sigue: “Plaza adyacente a la Iglesia San Miguel Arcángel. En ella se encuentra un grupo escultórico exactamente en el centro, sobre un pedestal de cemento mármol y granito, que representa a la aparición de la Virgen de La Corteza […]”. Con algunas imprecisiones acerca de la historia del tacamahaco, sobre la escultura de Roversi & sucesores, expresa: “Tallada en bronce, la obra descansa sobre una base de concreto recubierta de losetas de cerámica tipo mármol” (Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004 – 2009 – Municipios Páez y Araure, Caracas: 2009, p. 59).

Valores patrimoniales

Para el gentilicio acarigüeño la plaza Nuestra Señora de la Corteza, patrona sentimental del poblado, es considerada la segunda plaza de la ciudad, solo después de la plaza Bolívar. Esta se ha convertido por tradición, desde 1953, como hito urbano en culto de devoción popular.

El 30 de junio de 2005, el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) declara el espacio como “bien de interés cultural de la nación”. La meritoria afectación viene inserta en el Registro General del Patrimonio Cultural Venezolano, emanado por Providencia Administrativa dictada el 30 de junio de 2005 por órgano del Ministerio de la Cultura. La ficha asociada a inmuebles de valor patrimonial edificado de la república está publicada en el Catalogo del patrimonio cultural venezolano 2004 – 2009, aparte N° 2, atinente a la sección denominada Lo construido.

Situación actual

El sábado 19 de agosto de 2017, en Acarigua, estado Portuguesa, la alcaldía del municipio Páez reinauguró la plaza Nuestra Señora la Corteza. La reapertura transcurre en medio de desacuerdos y descontentos por la impericia de la restauración del conjunto estatuario. Las principales protestas son lideradas por grupos ambientalistas, quienes rechazan una remodelación que dispuso la total eliminación de áreas verdes, vegetación, árboles y algunas palmeras que daban sombra al lugar.

Monumento a Nuestra Señora de la Corteza, Acarigua, Portuguesa. Patrimonio cultural venezolano.

Al monumento de bronce se le cubre con pintura de aceite color negro, y la base con un intenso dorado. Foto Wilfredo Bolívar.

Reconocidos cronistas acarigüeños, como Alfredo Torres Quiroz, que centra sus relatos en la significación popular del monumento y de la plaza, han protestado la burda intervención del conjunto escultórico broncíneo, pintadas las figuras con pintura negra de aceite y la base con un dorado intenso. Asimismo, resalta el burdo estribo con que el que se fijó gruesamente el pie derecho de Margarita La Perla a la base de la escultura.

El que fuera un grato espacio urbano es hoy una árida explanada de concreto rematada en un mural de dudosa coherencia estética que le resta protagonismo a la imagen de la advocación mariana que se le apareció en el tronco de un árbol a la mulata Margarita La Perla, a su hijo y al borrico. Esa Virgen de la Corteza tan solitaria en medio de la nada, pese a ser la patrona sentimental del pueblo desde hace 315 años.

Ubicación

Calle 8 con avenida 14, a media cuadra de la plaza Bolívar. Municipio Páez, estado Portuguesa.

Fuentes consultadas

Acarigua, una ciudad con 300 años y todo un porvenir para el progreso. Diario El Nacional – Suplemento Especial, Caracas domingo 10 de julio de 1966.

Álbum de recortes. Archivo personal del Gobernador Waldemar Cordero Vale.

Carrillo, Alí. La Virgen de la Corteza: patrona de Acarigua. Caracas: 1999.

Catálogo del patrimonio cultural venezolano 2004 – 2009. Municipios Páez y Araure. Instituto del Patrimonio Cultural (Caracas: 2009).

Diario Última Hora – Acarigua (Ediciones del 16 y 27 de agosto de 2017).

Díaz, José Ramón. Vivencias de mi vida y de mi Acarigua de ayer. (Acarigua: 2004).

Duarte, Carlos F. Pintura e iconografía popular de Venezuela. (Caracas: 1978, E. Armitano).

Hermano Nectario María. Historia de Nuestra Señora de la Corteza: venerada en la ciudad de Acarigua. (Caracas: 1949, Los Dos Caminos, Librería escolar).

Herrera Rodríguez, David. Plaza de Nuestra Señora de la Corteza. Semanario El Imparcial, Acarigua, 18 de noviembre de 1962.

Historia Documental de los Orígenes de Acarigua. Madrid: 1964; Imprenta Juan Bravo.

Libro de inventario – Año 1942. Iglesia San Miguel Arcángel de Acarigua.

Peña, Manuel. Panorámica de la Acarigua de los años 20. Semanario El Imparcial, Acarigua, 10 de marzo de 1979.

Martí, Mariano. Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas, 1771 – 1784. (Caracas: 1969, Tomo I).

Velazco García, Pedro. Evolución del templo de San Miguel de Acarigua. (Acarigua: 2000).

Revista Tricolor. (Caracas: 1954, Año VI, p. 21).

Revista Venezuela Misionera. (Caracas: 1966, N° 321 – 344).

Bolívar Wilfredo y Anzola Aleyda. Nuestra Señora de la Corteza: historia e imagen en el tiempo. Plegable (Acarigua: 2007 – Alcaldía del Municipio Ospino).

Investigación: Wilfredo Bolívar.

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1 Comentario en Plaza Nuestra Señora de la Corteza / Plaza la Burrita

  1. gmonteroalcala // octubre 6, 2017 en 10:38 am // Responder

    Excelente artículo, ¡muchas gracias por la investigación!

    Me gusta

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