Palacio Federal Legislativo

Nombre: Palacio Federal Legislativo o Capitolio Nacional.

Autor: Arq. Luciano Urdaneta.

Año: Siglo XIX.

Tipo de patrimonio cultural: Cultural/inmueble/mueble.

Administrador custodio o responsable:  Asamblea Nacional.

Historia
Descripción y evolución del Palacio
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

Desde los inicios de la República hasta pasada la Guerra Federal en Venezuela el parlamento nacional no tuvo sede edilicia. Esto nos permite apreciar las pocas transformaciones y la profunda crisis económica y política de ese período. La fisonomía urbana de Caracas desde 1800 hasta 1870 reflejaba la imagen de una “villa”, que adolecía aún los impactos del terremoto devastador de 1812, los embates y secuelas de la larga guerra de Independencia y luego la de la Federación. El país apenas avanzaba.

Cronistas y pintores extranjeros en esa Caracas en ruinas, de esa “villa” rodeada de campos, bosques, ensenadas y caminos de tierra, nos revelan una imagen pastoril y cuasi-romántica. Un artista francés impresionista como Camille Pisarro visita entre 1852 y 1854 nuestro país como aprendiz de su maestro danés, Fritz Melbye, dejando no pocas estampas de estos ambientes, costumbres, paisajes naturales y urbanos que nos pueden dar una gráfica del ambiente urbano de esta villa caraqueña de mediados de siglo XIX.

Esa imagen permanecerá casi inalterable durante la mayoría de ese período y solo será hasta mediados de los años 60 y 70 que empieza una paulatina y radical transformación urbana en la ciudad que modificará por completo la fisonomía de la “villa” caraqueña.

Luego de finalizada la Guerra Federal, con la firma del Tratado de Coche en 1863 entre las fuerzas en conflicto, se da inicio a una nueva etapa en la república. Anudados los problemas, momentáneos y siempre subyacentes, que se libraron en las contiendas, se fue preparando un terreno propicio para recuperar “el tiempo perdido” en diversos ámbitos de la vida nacional; no era poco lo que había que emprender, la hacienda pública en bancarrota, sin institucionalidad, un pueblo sin instrucción, educación, salud o seguridad. Las últimas décadas del siglo XIX serán el marco de una reconfiguración de la república que había declarado su independencia sesenta años antes.

En medio de estas no pocas carencias, las sedes edilicias de los poderes y de la representación del estado nacional eran también un compromiso al que se debía establecer prestamente una estructura e imagen correspondiente al ideario político, social y económico que se gestaba bajo la égida del guzmancismo.

Fue entonces el Proyecto Nacional Liberal del gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, el encargado de enmarcar el proceso de modernización del país, bajo el modelo de estado nación que se desarrolló a lo largo del continente latinoamericano en el siglo XIX. Es así como se crean sedes para los incipientes poderes políticos, la federación de los estados, el parlamentarismo y los derechos individuales de los ciudadanos. Así mismo esta recién adquirida ciudadanía “republicana”, conformada por una clase social en ascenso, requirió de una mayor representación en la vida pública, para lo cual se proyectaron edificios públicos, paseos y sistemas de vialidades (caminos, trenes, diques, represas, etc.) que permitieron sintonizar con la “modernidad” que se desarrollaba en Europa y Norteamérica y permitir un desarrollo de la economía y las relaciones comerciales con el resto del mundo. En este ambiente re-constructivo y re-fundacional de la imagen nacional, se decretó la edificación de la sede del Capitolio o Palacio Legislativo, el 11 de septiembre de 1872.

Se contrata para el proyecto al arquitecto Luciano Urdaneta, quien contaba con amplios estudios en Europa y era experto de las tendencias constructivas y lenguajes arquitectónicos que se imponían en el mundo; siendo además el hijo del prócer de la Independencia, general Rafael Urdaneta. En un lapso inaudito para la época, (apenas tres meses o 132 días ) utilizando tecnologías constructivas mixta (tapias, ladrillos, concreto) y un lenguaje estético apropiado según las tendencias historicistas de la arquitectura decimonónica, se erigió el futuro Congreso Nacional o Palacio Legislativo.

Se pueden apreciar diversos momentos a lo largo de la edificación del Capitolio Nacional, que dan cuenta de la complejidad y magnitud de la empresa, tanto por la diversidad de elementos involucrados para la sede parlamentaria, por las características que formulaba la concreción del inmueble, así como por las vicisitudes económicas y políticas que afectaron de manera notable su conclusión.

El edificio del Palacio Federal Legislativo se implantó en los terrenos del Convento de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, el cual fue expropiado al momento que se ejecutaba la clausura de todos los conventos y seminarios de la república. Proyectado, ejecutado e inspeccionado por el ingeniero Luciano Urdaneta, se inicia una primera fase que es la construcción de la sede del parlamento, o Palacio Legislativo, entre noviembre de 1872 y febrero de 1873. Se trataba de un edificio rectangular de una sola planta, a lo largo de la calle que colinda con la esquina San Francisco y la esquina La Bolsa, donde se ubicaba la huerta del convento al lado de un almacén comercial de Boulton C&A.

Palacio Federal Legislativo. Litografía de Enrique Naun, 1877-1878.

Cuando se inician los trabajos aún el edificio del convento no había sido eliminado, mientras se demuelen al frente de la futura sede las antiguas estructuras coloniales del seminario de San Francisco para dar paso a una nueva fachada de orden neogótica para la sede de la Universidad Central de Venezuela. En tal sentido, el futuro congreso va tomando forma a medida que se realizan cambios en el entorno urbano inmediato a la edificación. Justamente, para adecuar el monumental edificio recién construido, se realizan trabajos de fachada neogótica en la Universidad Central de Venezuela, y posteriormente, en la sede del Museo Nacional próximo a la esquina la Bolsa, que luego será asiento de la Corte Suprema de Justicia, así como renovación de la fachada neobarroca de la iglesia San Francisco, en un entorno que con la construcción de una plaza frente a la fachada sur del palacio conformará uno de los primeros intentos por dinamizar a la manera moderna el antiguo entorno urbano poscolonial que quedaba en la cuadricula fundacional de la ciudad.

Posteriormente el Palacio Legislativo continuará su evolución constructiva, y así, entre 1873 y 1874, se crearán los ahora llamados cuerpos laterales adyacentes a los extremos del primer edificio, que fueron inicialmente dos estructuras laterales de empezaban a cerrar la manzana del antiguo convento, pero sin conexión de continuidad con el originario congreso. Aún estaba sin demoler la construcción del convento de las concepcionistas, cuando se planificaban sendos bulevares y jardines hacia el norte, estableciendo una lectura urbana con la próxima y remozada plaza Bolívar. En estos años, ingresan las primeras piezas de hierro que habían sido encargadas a empresas norteamericanas, principalmente de origen inglés y norteamericano, como las columnas, balaustradas y rejas, así como la monumental fuente ornamental realizada por la empresa Val de Osné, de origen francés, que posteriormente será el ápice central del conjunto edilicio.

Pero los planes de esos bulevares no se concretan y al demolerse el edificio del convento se erigen los cuerpos laterales de la parte norte y se comienza a construir el Palacio Federal entre 1876 y 1877. Una vez concluida esta fase de cerramiento de la manzana concepcionista, se van realizando otros trabajos que abarcan acabados, techos, fachadas, jardinerías internas y externas. Será solo en 1881 cuando se cierra el monumento y edificios con la colocación, a ambos lados del conjunto, de un arco en forma de frontis entre los cuerpos laterales sur y norte, haciendo de elevada bisagra que cierra las estructuras del Palacio Legislativo y del Palacio Federal. En medio de estos edificios de caracteres estilísticos y formales tan disímiles, el patio central ciñe la fuente ornamental como elemento que armoniza el conjunto completo, en cuyos jardines expresa y evoca la distribución del patio central en la antigua casa colonial.

De esta manera, se perpetúa paradójicamente en la recién adquirida modernidad estilística del Capitolio Nacional, la rica herencia del pasado y la larga tradición prerrepublicana de la provincia venezolana. La construcción de este edificio tuvo un impacto político para el régimen de Guzmán Blanco, y urbano en la villa de Caracas. Significaba por una parte un ápice de la labor constructiva en la gestión de la hacienda pública durante el guzmancismo en la conformación de una estructura estadal de la nación que implicaba radicales reformas y estrategias para su desarrollo e inserción al movimiento económico mundial, bajo los marcos ideológicos que detentaba el nacionalismo de la época, pero significaba también el emblema edilicio de la modernidad envestida como modelo de un ideario racionalista, un magno signo de civilización que iluminó y asombró a la aun Caracas de “techos rojos”.

El Capitolio Nacional fue, sin duda, el inicio de una serie de transformaciones urbanas que modificarán la imagen y la dinámica de la ciudad y se erigió entonces como emblema de los inevitables cambios hacia una incierta e incipiente modernidad que inició, con pesados y simbólicos pasos, a finales del siglo XIX en Venezuela.

Descripción y evolución del Palacio

El Capitolio Nacional constituye principalmente dos grandes cuerpos edilicios muy emblemáticos, el Palacio Legislativo, al sur de la manzana que ocupa el conjunto, y el Palacio Federal al norte, unidos por dos amplios volúmenes que se extienden hacia sus extremos este-oeste. El Palacio Legislativo, en estilo neoclásico, es el lugar de Poder Legislativo, la casa de las leyes, donde se discute y se presentan las reglamentos que han de regir la legislación nacional, donde toma origen y derecho la representación del Estado y la república. El Palacio Federal, en estilo neobarroco, es en cambio es lugar de la representación, la escenografía que relata los orígenes de la historia nacional y los fundamentos de la identidad venezolana; en los salones protocolares de este cuerpo se despliega el carácter simbólico de la nacionalidad, donde las artes y la arquitectura se sustraen como una imagen total teniendo como sustrato fundamental los valores y emblemas de la república. La coexistencia de diversas soluciones estilísticas para ambos palacios al norte y al sur, decantados cada uno hacia el neoclásico y hacia el neobarroco, contribuye a hacer del conjunto, un ejemplo particular y único de edificación capitolina. Al momento de su erección en el congreso hacían vida todos los poderes, tanto el ejecutivo como el judicial tenían despachos en los espacios extremos del Palacio Federal, mientras que en los demás salones del sur (Palacio Legislativo) y extremos oeste y este funcionaban dependencias y oficinas ligadas a la actividad parlamentaria.

Arquitectónicamente, el Palacio Legislativo exhibe el estilo neoclásico en su fachada sur, donde la disposición y el ritmo de los vanos con las columnas y pilastras estriadas narran con reequilibrio una riqueza ornamental propia del clasicismo y estilísticamente ajustada a los cánones griegos. Por su parte, el Palacio Federal hace gala del neobarroco en una profusa decoración corintia en el peristilo, con columnas estriadas con capiteles de hojas de acanto, y en las cariátides como figuras significantes y en la teatralidad decorativa y espacial de sus áreas, con la tendencia a fusionar estilos distantes en el tiempo, y expresada en su magnanimidad en la cúpula elíptica y en el artificio visual de las texturas que imitan el mármol, en la entrada abierta que proporcionan las escaleras, entre otros aspectos.

Palacio Federal
Durante la construcción del Palacio Federal, se acomete la realización de uno de los espacios más paradigmáticos de la historia de la arquitectura venezolana del siglo XIX: el Salón Elíptico, cuya forma fue sugerida a Guzmán Blanco mientras se edificaba el conjunto por el ingeniero Esteban Ricard. Su carácter principal es la forma de elipse en su planta central y la cúpula ovoidal homofocal que le cierne, y donde se desarrolla toda una experiencia visual y estética cercana al efecto de la obra total del barroco, con la integración de importantes obras de arte del siglo XIX en nuestro país, conjuntamente con la decoración mural, el mobiliario y la arquitectura.

Justamente en 1888 se incorpora la gran obra “Batalla de Carabobo” de Martín Tovar y Tovar en el cielorraso de la cúpula elíptica, una compleja obra artística que representó una proeza técnica para el momento en el país, que describe en sus 458 m2, una síntesis de los acontecimientos ocurridos en la batalla. Al momento de su instalación se realiza una profunda transformación formal y cromática en el salón, donde destaca el color rojo ladrillo en diversas saturaciones con valoraciones en dorado, con una imponente cornisa alrededor de la obra que le sirve de marco.

Se añaden sucesivamente obras de arte de Martín Tovar y Tovar, en una galería de retratos de los héroes de la Independencia, así como otros elementos gráficos como tarjetas, cartelas y trofeos que narran e identifican los acontecimientos, batallas, personajes y salones que integran el espacio. A los salones internos a los extremos, se acceden mediante grandes intersticios con arcos y columnas corintias decoradas también con hojillados dorados, donde se encuentran así mismo diversas obras de arte, batallas y personajes de la historia independentista de la república. La cúpula que corona el Salón Elíptico sufre a lo largo de los años algunas modificaciones que permitieron luego una caracterización como imagen del congreso nacional venezolano. A una achatada cúpula, sin linterna, que no daba realce al restante cuerpo de la cubierta de la gran masa de la bóveda elíptica, se sustituye en 1981 con la colocación de una sobrecúpula de fabricación belga, con linterna entramada que permanecerá por más de 60 años, identificándose como imagen del Parlamento Nacional.

En el siglo XX ingresan otros elementos al Salón Elíptico, como el arca y cofre, confeccionadas por la empresa de orfebrería, Gatmann Hermanos, para recibir en 1911, los libros de actas del congreso de 1811 donde se encuentra el Acta de la Declaración de la Independencia, con motivo de la celebración del Centenario de la Declaración de la Independencia en 1911, con lo cual se cobra mayor sentido el espacio como celebración de los momentos determinantes para la conformación de la República venezolana.

Como parte de la celebración del referido centenario, se realiza una importante modificación en otro de los salones del Palacio Federal, al oeste del Salón Elíptico. Hasta 1911 estaba en el espacio la Sala de Reuniones del Gabinete Ejecutivo, donde oficiaba el presidente de la república. Ya para ese momento el estado había adquirido el Palacio de Miraflores, que había sido inicialmente construido por Joaquín Crespo a finales de los 90 del siglo XIX, y pasa a ser a partir de ese año despacho oficial del Poder Ejecutivo. Como parte de las conmemoraciones, ingresa a este salón una importante obra de Tito Salas llamada Tríptico bolivariano, a partir de cual pasa a llamarse este espacio Salón del Tríptico, e instalado y enmarcado sobre el muro oeste del antiguo despacho presidencial.

Posteriormente el espacio fue sometido a diversas intervenciones, que modificaron principalmente sus techos, mobiliario, decoración y pisos de madera, introduciendo molduras y variados papeles tapices con motivos floreados en muros, e incluso elementos de madera dorados (panneaux) usados en el Art Deco, conjugados con azules grisáceos y rojos venecianos. Para 1952 el salón adquiere otra imagen, donde se adicionan nuevos mobiliarios en estilo renacimiento español, incluyendo una gran vitrina, que servirá en lo sucesivo para exponer un conjunto original e invaluable de la mayoría de las constituciones de Venezuela, desde 1830 hasta la 1999. Esta colección de documentos amplificará la importancia simbólica y representativa del salón en el devenir político del Poder Legislativo nacional en el Palacio Federal Legislativo. Posteriormente, en 1958, se construye una nueva sobrecúpula en aluminio anodinado sobre el Salón Elíptico, que será la imagen del parlamento hasta nuestros días, y se coloca un gran escudo de bronce forjado en el muro exterior sur del Palacio Federal,

En el Palacio Federal se encuentra también otro espacio ceremonial y protocolar que en sus orígenes fue la sede del Poder Judicial en el mandato de Guzmán Blanco, y que perduraría hasta principios de los ’50 cuando se realiza una importante intervención durante el gobierno del General Marcos Pérez Jiménez y pasa a denominarse desde entonces como Salón de los Escudos.

Ingresa en 1954 lo que será una obra hito dentro de este espacio y en la iconografía que promulga este régimen bajo la premisa del Ideal Nacional, pues de alguna manera se expresan en ella los valores y los símbolos que identifican la doctrina de este período, lo cual está en consonancia con otros discursos nacionalistas que los gobiernos precedentes de Guzmán Blanco y Gómez pudieron labrar y dejar como hito de su programa político en el Palacio Federal Legislativo. Se trata de una pieza de gran formato, titulada Venezuela recibiendo los símbolos del Escudo nacional, ejecutada en la técnica del marouflage sobre el muro este del salón, por el artista Pedro Centeno Vallenilla

A la instalación de esta gran obra, se realiza un cambio importante en la decoración del salón, que pasa a estar acorde, cromática y estilísticamente, con la pintura de Centeno Vallenilla. Se pintan los muros en colores semejantes a los que se encuentran en la obra del artista, en tonos azules y verdes con cierto ritmo e intensidades sobre los paramentos de madera que rodean el espacio, y se introduce un mobiliario de origen norteamericano en estilo republicano francés, que realza su imagen clásica y ceremonial. Con estas modificaciones se logra una integración entre las artes y la arquitectura en el espacio permitiendo una lectura total y uniforme del salón que, luego de la restauración ejecutada en 2001, se ha rescatado para su apreciación y disfrute por parte de los visitantes y usuarios de este espacio del Palacio Federal.

Palacio Legislativo
Desde su creación, diversos momentos han sido claves en la consolidación de imagen y del uso del Palacio Legislativo, sede histórica del parlamento nacional. Luego de su erección, se realizan en 1891 importantes modificaciones en su espacialidad y arquitectura, que consolidarán su imagen tal y como hoy en día podemos apreciarla, bajo la dirección del arquitecto Antonio Malaussena, quien regresaba al país luego de realizar estudios de arquitectura en la Academia de Bellas Artes en París.

Se ejecutó entonces una intervención en los espacios de ambas cámaras legislativas, que hasta ese momento eran dos salas rectagulares, se abre hacia el muro norte de los recintos una gran estructura de concreto armado curva o concha acústica que será de las primeras obras de concreto armado que se elaboran en el país, la cual servirá como pantalla de concentración focal de los hemiciclos así como proyección del sonido de la sala.

Sobre esta concha se instala un conjunto mobiliario de madera en diversos niveles como un podio tribuna para oradores y asiento de la presidencia y vicepresidencia, secretaría y taquígrafos, en las representaciones del senado y diputados de la república. Asimismo se construye un cielo raso de hierro con sendos vitrales cenitales y se introducen diversos elementos decorativos en estilo art nouveau: la concha se decora con un gran arco de yeso, se instalan relieves esculturales a los lados con figuras alegóricas de la paz y la justicia, frisos y cornisas con follajes, así como pilastras y ventanas hacia el norte rematadas con repisas de líneas clásicas y guirnaldas.

Finalmente se construye un primer y alto balcón superior para el aforo del público en las sesiones parlamentarias, incluyendo dos hermosas escaleras de hierro colado de característica estilísticas propias del art nouveau en los extremos este y oeste de ambos recintos. De esta manera se integraron de manera unívoca arte, arquitectura y mobiliario, en una visión única y original de la arquitectura decimonónica venezolana, en los espacios que desde entonces se denominaron hemiciclos del Palacio Federal Legislativo.

A lo largo del siglo XX, se ejecutaron no pocas transformaciones en estos espacios. Así se cierran los balcones exteriores de los espacios laterales del palacio hacia el patio central para nuevas oficinas y dependencias de los poderes en los años 20 y 30; se realiza un segundo balcón en ambos hemiciclos de sesiones de diputados y senadores en 1946, entre otras intervenciones en techos, muros, decoración interna de salones y mobiliarios, lo cual permite comprender la edificación como un cuerpo en perpetuo movimiento y crecimiento, acorde con la impronta histórica y estilística que le ha tocado detentar y expresar como patrimonio cultural en permanente uso de los poderes del estado nacional.

Otros salones y espacios ocupan ahora en el Palacio Federal Legislativo un lugar frecuente para el desarrollo de la actividad parlamentaria y que han sido debidamente recuperados y restaurados recientemente: el Salón Generalísimo Francisco de Miranda, el Salón Bicentenario del Juramento del Monte Sacro y la Biblioteca Parlamentaria Luís Beltrán Prieto Figueroa, fueron adaptados a los nuevos requerimientos del congreso con nuevas tecnologías, mobiliario, artes decorativas y obras de arte, para complementar el congerso en la imagen integral que le caracteriza como sede del poder legislativo nacional.

Valores patrimoniales

El Palacio Federal Legislativo, actual sede del Parlamento Nacional, ha sido decretado Patrimonio Cultural (1997) por sus valores como monumento arquitectónico, por las colecciones de bienes de valor histórico, artístico (las pinturas épicas del arte venezolano más importantes de los siglo XIX y XX) y documental (originales de las constituciones de la república desde 1811) en él contenidos, y su relevancia como imagen a lo largo de su existencia del orden constitucional.

La valoración del patrimonio que constituye este monumento y su imponente colección de arte y mobiliario supone el reconocimiento de su historicidad, esteticidad y trascendencia social a partir de sus componentes tangibles e intangibles que se materializan en la edificación y su contenido.

Estos bienes culturales de la nación representan en su integridad y en su indivisibilidad un conjunto patrimonial único en su nuestro país. Las características particulares en su conformación como edificio sede del poder legislativo nacional, pueden ofrecer un panorama de los profundos procesos históricos que han definido nuestra historia como república. Así mismo, en la aprehensión de las claves simbólicas que están representadas en la más importante pinacoteca del siglo XIX y XX venezolana podemos encontrar algunos de los puntos cardinales que conforman la identidad nacional. El Capitolio Nacional conserva no sin restrictas intervenciones diversos hitos creados a lo largo de diversos regímenes y que testimonian en sí mismo una visión particular de los relatos e ideologías que se han sucedido a lo largo de casi siglo y medio de existencia, y que han representado las doctrinas y las imágenes que acompañaron nuestro devenir como sociedad moderna.

Situación actual

Desde el año 1996 se creó una Oficina Técnica de Restauración Integral del Palacio Federal Legislativo, en convenio con el antiguo Congreso Nacional y el recién creado Instituto del Patrimonio Cultural, la cual se encargó de realizar diversas acciones para la recuperación, restauración y conservación del edificio sede del Parlamento Nacional. La investigación realizada por esta oficina permitiría un acercamiento progresivo, científico y sistemático a los bienes inmuebles y a la edificación, revelando sus problemas y dolencias, así como sus valores y significados. A lo largo de años se pudieron acometer acciones de restauración y difusión que se concretaron de manera paulatina en una primera fase con la Oficina Técnica de Restauración Integral del Palacio Federal Legislativo, entre 1996 y 2002.

Posteriormente, con la nueva Asamblea Nacional se redirecciona el proyecto desde la propia sede del poder legislativo y se crea en su seno la Dirección de Patrimonio y Archivo Histórico, que será luego Dirección Estratégica de Patrimonio Cultural de la Asamblea Nacional. En esta fase se lograron no pocos alcances del proyecto inicial de la Oficina Técnica, pues se pudieron acometer en forma integral los mayores proyectos de restauración del edificio y sus colecciones de arte, mobiliario y arte decorativas. Estos proyectos fueron acometidos con el mayor rigor técnico y científico, empleando las nuevas tecnologías y materiales en cuanto a la restauración de obras de arte. Asimismo el abordaje técnico y profesional de personas especialistas permitió un abordaje acorde a los valores patrimoniales del edificio sede del parlamento nacional.

Lamentablemente, muchos de los trabajos alcanzados sobre la edificación y sus colecciones se encuentran en peligro, pues no ha sido posible en los actuales momentos que se acometan los tratamientos preventivos, de conservación y mantenimiento que ameritan, debido a la problemática política y económica que afecta de manera directa al Poder Legislativo; ha sido notorio y público que, desde el año pasado hasta los actuales momentos, la Asamblea Nacional no recibe los recursos necesarios para su normal funcionamiento, y de esta manera poder activar los proyectos de restauración y conservación que viene ejecutando desde hace varios años. En este sentido, es notable la deplorable imagen de fachadas que presenta el Palacio Federal Legislativo, pues se trata no solo de un inmueble en permanente uso, sino una edificación antigua, como las pocas que quedan en el centro histórico de Caracas, que lamentablemente es asediada por el maltrato del medio ambiente y no menos por las violentas arremetidas de grupos afectos al gobierno que perpetran daños de manera continua al patrimonio y a la memoria histórica, artística y cultural de la nación.

Ubicación

Entre Av. Universidad y Av. Este 2, entre las esquinas de Monjas a Padre Sierra y San Francisco a la Bolsa, Municipio Libertador, Distrito Capital.

Fuentes consultadas

AA.VV. Diccionario de Historia de Venezuela (4T). Caracas, Fundación Polar, 1997.
AA.VV. Diccionario biográfico de las Artes Visuales en Venezuela (2T).  Fundación Galería de Arte Nacional / Fundación Cisneros, Caracas, 2005.
Capitolio: un recorrido histórico y artístico. Dirección de Cultural, Asamblea Nacional. s.f.
GASPARINI, Graziano, POSANI, Juan Pedro. Caracas a través de su arquitectura.  Armitano Editores, Caracas, 1998.
Monumentos Históricos Nacionales 1. Cuadernos del Patrimonio Cultural. Serie Inventarios. Instituto de Patrimonio Cultural, Caracas, Editorial Arte. 1998.
RODRIGUEZ, Manuel Alfredo. El Capitolio de Caracas. Un siglo de historia de Venezuela. Ediciones del Congreso de la República. 4ta edición. Caracas, 1997.
YEPES BOSCAN, Guillermo. El Palacio Federal Legislativo. Patrimonio y restauración. Ex Libris, Caracas, 2000.

 

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