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Monumento Ecuestre al Libertador Simón Bolívar en Mérida

Monumento ecuestre a Bolívar en la ciudad de Mérida. Foto Samuel Hurtado Camargo. Mayo 2017.

Nombre: Monumento Ecuestre al Libertador Simón Bolívar en Mérida.

Año: 1930.

Tipo de patrimonio cultural: tangible/inmueble. Monumento en espacio público.

Administrador custodio o responsable: Alcaldía del Municipio Libertador y Corporación Merideña de Turismo (Cormetur)

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

El 17 de diciembre de 1930 es conmemorado en Venezuela el centenario de la muerte del Padre de la Patria, fecha propicia para expresar a través de la inauguración de obras públicas -entre ellas, plazas y monumentos-, los sentimientos bolivarianos que pregona cada gobernante regional. De allí que no resulta “extraño” la inauguración en el país de un significativo número de monumentos destinados a la memoria del Libertador y a los llamados “próceres regionales”.

En Mérida, como era de esperar, esta fecha cívica es rememorada durante ocho días, partiendo desde el 16 hasta el 21 de diciembre. En ellos tiene lugar la inauguración de una serie de monumentos de gran significación dentro del componente urbano de la ciudad, efectuándose el “embellecimiento y mejoras” de las plazas menores y de la plaza Bolívar, en cuyo centro se levantará por vez primera la estatua ecuestre del Libertador. Demostrándose así, la acogida que tuvo dicha conmemoración, pues mientras que en otras ciudades del país no había sido posible la consagración de algún monumento a Bolívar, en Mérida se erigirá seis nuevas obras escultóricas, de las cuales la mitad estarán dedicados al Padre de la Patria. Del mismo modo, es notoria la apertura de la Biblioteca Simón Bolívar y de los primeros trabajos de la construcción del Hospital de Los Andes.

El primer monumento escultórico inaugurado en la ciudad de Mérida como parte de los actos festivos de la conmemoración del centenario de la muerte del Libertador, es su estatua ecuestre en la plaza Bolívar. Ello venía a satisfacer unos de los deseos que albergaba la población merideña desde finales del siglo XIX, quienes habían realizado un conjunto de actividades destinadas a levantar un bronce a Bolívar en la plaza homónima, pero que no había tenido feliz término.

Ciertamente, para diciembre de 1894, la junta directiva del centenario del natalicio del general Antonio José de Sucre acordó abrir una suscripción pública en el estado Los Andes para proceder al embellecimiento de la plaza Bolívar y erigir un busto del Padre de la Patria, con la cual se logró adquirir desde Italia una escultura de bronce que llegó a la ciudad en los primeros días del mes de febrero de 1895. A pesar de ello, los trabajos de remodelación de la plaza no finalizaron para la fecha prevista de su inauguración -4 de febrero de 1895- , por lo que se procedió a su colocación, en forma provisional, en el salón principal de la Casa de Gobierno.

Aunque parte de los trabajos de remodelación y embellecimiento de la plaza fueron inaugurados el 28 de octubre de 1895, día del onomástico del Libertador, el busto de Bolívar no se levantó en su centro como se tenía proyectado. Por el contrario, en 1900 la obra coronará el histórico monumento La Columna Bolívar, mientras que en la plaza solo estará una pila de agua, la cual será inaugurada el 23 de mayo de 1907, fecha en que se construye el acueducto de la ciudad.

En ese mismo año, el Concejo Municipal del Distrito Libertador reaviva el sueño de los merideños al emitir un acuerdo, publicado un año después en el Boletín Municipal, el 5 de julio de 1908, en el que se disponía la erección de una estatua pedestre del Libertador en la plaza Bolívar de la ciudad, para ser inaugurada en el centenario del 19 de Abril de 1810. Pasó el tiempo y en Mérida, en palabras de don Tulio Febres Cordero, “no hubo nada notable en la conmemoración”, solo paseo cívico con discursos y coronas a Bolívar y “fiestas populares, sobre todo corridas de toros”. Es decir, la propuesta tampoco llegó a consolidarse.

Fue entonces, hasta el año de 1926, cuando verdaderamente se reanudan los esfuerzos por levantar un monumento al Libertador en la plaza Bolívar. Dos hechos resultan transcendentales en esta fecha, los cuales abrieron los caminos para que en 1930 la plaza principal de Mérida contara con la estatua ecuestre del Padre de la Patria. El primero de ellos, es la conformación, el 15 de agosto de 1926, por disposición del general Isilio Febres Cordero, encargado del ejecutivo regional, de la Junta Pro Monumento al Libertador presidida por don Avelino Briceño, que mediante una suscripción popular logró contribuir con una parte de los costos de la obra.

El otro hecho fue el inicio de uno de las más importantes intervenciones que sobre la plaza Bolívar se harán durante el siglo XX, como lo es la pavimentación de sus avenidas y de su glorieta central y la construcción de su jardín. Al respecto, en el periódico Patria se decía, el 26 de febrero de 1927, que “próximos” estaban a culminar los mencionados trabajos, gracias a la actividad que para este fin había desplegado “la progresista” administración del ejecutivo regional, “secundada particularmente en este asunto por el señor general Felipe González, culto gobernador del Distrito Capital, quien en persona ha vigilado la marcha de los trabajos ya hechos, del objeto futuro a que dicha plaza y parque se destinan, que es de servir de cónsono marco a la estatua que allí se erigirá al Padre de la Patria”.

Dos años después, el presidente del estado Mérida, José R. Dávila, conforme a las labores desarrolladas por la Junta Pro Monumento y con la finalidad de rendir tributo al Libertador y de demostrar a los “visitantes” de la ciudad la “clásica cultura y probado patriotismo” de los merideños, emitió un decreto el 5 de julio de 1929 ordenando la erección de una estatua ecuestre al Libertador y Padre de la Patria, en el centro de la plaza Bolívar de la capital del estado, en cuyo pedestal se grabarían “en parte notable los escudos de Venezuela y Mérida”, y un conjunto de inscripciones, “convenientemente distribuidas y en la forma artística más apropiada”. De la misma forma, dispuso la erogación por la Tesorería del Estado la cantidad de 41 602,75 bolívares que sumada a los 10 397,25 bolívares aportados por la junta respectiva, se utilizarían para el costo del monumento “en los talleres de fábrica, según modelo y presupuesto ya aprobado, más el transporte hasta Maracaibo”.

Plaza Bolívar a mediados de 1929, sin la estatua ecuestre del Libertador. Colección Gabriel Pilonieta. Digitalizacón Samuel Hurtado Camargo.

Al año siguiente, el 19 de abril de 1930, José R. Dávila, con la finalidad de “perpetuar la memoria del grandioso día” del centenario de la muerte del “padre espiritual de la Patria y creador único de nacionalidades”, decretó finalmente, la inauguración en la plaza Bolívar de la ciudad de Mérida de la estatua ecuestre del Libertador. Para tal fin, el citado mandatario nombró el 11 de septiembre la Junta Cooperadora del Centenario de la Muerte del Libertador, dirigida por el escritor Tulio Febres Cordero, la cual tenía como finalidad coadyuvar al ejecutivo del estado en los actos que con motivo del luctuoso centenario se llevarían a cabo en la ciudad serrana.

En los primeros días del mes de diciembre, tras las gestiones de la marmolería y fundición J. Roversi Sucs., a quien se le había encargado la adquisición del monumento, arriba a la meseta merideña la tan esperada estatua, obra fundida en los talleres de Vittorio Lera ubicados en Viareggio provincia de Toscana (Italia) y realizada por el escultor Emilio Gariboldi, siguiendo el modelo de la estatua ecuestre del Libertador que Adamo Tadolini (1788 – 1868) hizo para Lima en 1859.

Finalmente, el 5 de diciembre de 1930, mediante la publicación de hojas sueltas, es conocido por la colectividad emeritense el programa que regiría los actos a realizar para conmemorar “tan magno evento”. Según la reseña hecha por la editorial Patria, previo a la inauguración del monumento y con la finalidad de darle mayor solemnidad a la ceremonia cívica, la mañana del día 17 inició con la izada del pabellón nacional a media asta en los edificios públicos y particulares, el lanzamiento de veintiún disparos de mortero en la plaza Bolívar que anunciaban el día luctuoso, las honras fúnebres a la memoria del Libertador en todas las iglesias de la ciudad, regido por un acto principal celebrado en la Iglesia Metropolitana de Mérida, en cuyo centro se levantó un “severo y sencillo” catafalco diseñado por los artistas Pedro Febres Cordero y Marcos León Mariño, que estaba adornado con banderas de los países libertados por Bolívar y coronas ofrendadas por las instituciones y diversas individualidades.

La inauguración del monumento ecuestre al Libertador se realizó en horas de la tarde (3 p. m.) a través de una pomposa ceremonia dirigida por el general José R. Dávila, presidente del estado; el doctor Abdón Vivas, secretario general; el excelentísimo arzobispo de Mérida, monseñor Acacio Chacón Guerra y su secretario de cámara, presbítero doctor José Humberto Quintero. Para mayor “lucimiento de los actos”, le acompañaban ocho niñas del Colegio de Niñas del Estado y seis alumnas de la Escuela Graduada Rivas Dávila, quienes hermosamente ataviadas representaban los distritos del estado Mérida y la repúblicas bolivarianas, respectivamente.

La entonación del Himno Nacional marcó la génesis del evento, seguido por el discurso de orden a cargo del doctor Abdón Vivas, quien además de exaltar la figura de Simón Bolívar, procedió a destacar la labor de “progreso” que el presidente de la entidad estaba realizando sobre la ciudad. En sus palabras finales precisó la significación que tenía para Mérida el citado monumento, donde el espíritu público “rendirá a diario solemnes homenajes de gratitud ferviente” al Padre la Patria. “Aquí -apuntaba el orador- el procerato ilustre de la heráldica ciudad (…), desfilará en constante procesión como un rito patrio al eco marcial de los clarines de Niquitao, Los Horcones, Mosquiteros y La Victoria. Aquí la ciudad de don Juan Rodríguez Suárez, rindiendo en los torneos de civismo, ante el bronce que modeló el artista, espiritualizará el cariño, el vasallaje del patriciado emeritense y en las tardes narcadas en que fulgura la argentada cima en un rayo de luz vendrá hasta nosotros el espíritu de nuestro Libertador que como un genio tutelar vaga por los ámbitos de sus repúblicas”.

Parte de las autoridades que presidieron la inauguración del monumento a Bolívar, en 1930. Foto Carmona. Dig. Samuel Hurtado.

Concluida la disertación, se procedió por los presentes a la desvelación de la “efigie inmortal” del Libertador , seguido de la colocación de cincuenta ofrendas florales por un conjunto de personalidades en representación del Ejecutivo Nacional y sus ministerios, las gobernaciones, el poder judicial y municipal, instituciones educativas, sociedades religiosas, colonias extranjeras (colombiana, francesa y rusa), y gremios de trabajadores. Posteriormente, se ejecutó el canto patriótico del estado Mérida, finalizando el evento con el desfile del Batallón Infantil por el frente del monumento.

Desde entonces, el monumento a Simón Bolívar se convierte en el principal referente estatuario y símbolo de la ciudad, cuyas imágenes son reproducidas en las fotografías postales que desde los años treinta comienzan a circular en el país y fuera de él acerca de la ciudad emeritense.

Posteriores intervenciones se realizaron a la plaza Bolívar, como la reconstrucción completa de su jardín a mediados de 1939, la de todas sus avenidas mediante el sistema de granito en los años cincuenta y, el cambio de estos, en los años ochenta por cemento “martillado”. Este último, duramente criticado en los rotativos regionales. Sin embargo, ello no ha significado la transformación del monumento al Libertador, el cual se “conserva” sin ningún cambio de trascendencia desde su erección en 1930.

A pesar de su significación histórica, a finales de la década de los noventa se registran algunos hechos que evidencian una relación “inapropiada” de los ciudadanos con el monumento a Bolívar, quienes habían tomado como costumbre subirse en el pedestal, cumpliendo muchas veces funciones de banco u asiento. Fue tan notorio ese proceder, que según una nota de Adelfo Solarte publicada en el diario Frontera, el 27 de junio de 1999, al pie del pedestal “fueron pegados unos inapropiados y antiestéticos anuncios” que de manera categórica sentenciaban: “Prohibido terminantemente subirse al pedestal”. Ante esa demostración de mal gusto, el periodista puntualizaba que había sido “peor el remedio”, ya que “con semejante acto se atentaba contra una obra artística que ameritaba otro trato”.

La situación fue empeorando en los años siguientes a tal punto que, de acuerdo a otra reseña del diario Frontera de fecha 6 de mayo de 2002, las personas no solo se sentaban de manera “irrespetuosa” en el pedestal, sino que “llegaban al extremo de encaramarse en la estatua, sin la conciencia ciudadana que se debe tener ante los valores patrios”. Ello motivó a la Corporación Merideña de Turismo (Cormetur) a la instalación de una “protección a la estatua”, compuesta de diez columnas de mármol unidas entre sí por cadenas de bronce. Paradójicamente, ya en el citado mes, uno de los ataderos metálicos había sido sustraído por “personas inescrupulosas”.

Monumento al Libertador cercado con pedestales de mármol y cadenas de bronce. Foto Samuel Hurtado Camargo, 10 de diciembre de 2006

Desde que en 2015 retiraron el cercado, se reanudó la mala costumbre de sentarse en el pedestal. Foto Samuel Hurtado, 2017.

Aunque la propuesta fue severamente cuestionada, logró su cometido hasta que a mediados del 2015, por razones desconocidas, fueron desincorporadas las columnas, repercutiéndose negativamente sobre el monumento, ya que los ciudadanos volvieron a repetir las viejas prácticas de sentarse sobre el pedestal o subirse a la estatua.

Por otra parte, en junio del 2007, a través de Cormetur, el monumento es sometido a un proceso de restauración llevado a cabo por el técnico fundidor y restaurador Manuel Parra, que implicó la limpieza del pedestal y remoción de impurezas y manchas de excremento de palomas existentes en la superficie de la escultura, siendo esta la última intervención registrada.

Trabajos de restauración del monumento a Bolívar en junio del 2007. Foto Samuel Hurtado Camargo.

Descripción

Ubicado en el centro de la plaza Bolívar, en un área cuadrangular, el monumento ecuestre al Libertador y Padre de la Patria mira hacia la parte central del costado noreste de su emplazamiento. Posee una altura superior a los seis metros, distribuidos entre la estatua propiamente dicha y su pedestal, caracterizado por ser una obra conmemorativa con influencia de la escultura neoclásica italiana, de marcada sobriedad y diseño singular, que según estudio de Luis Rodríguez Torrejón, encarna de manera ecuánime el poder y la gloria del Libertador Simón Bolívar.

El Libertador, montado sobre el caballo, presenta cabeza destocada mirando a la izquierda, luce uniforme militar de casaca ornamentada con hojas de laurel en el pecho y cuello, y charreteras con canelones de pala. Pantalón con galones, botas a la rodilla, con espuelas y afianzado a los estribos; cinturón rematado en borlas enlazados por el costado derecho. En el pecho, un medallón sin identificar. Sobre la espalda, cubriendo parte del hombro derecho una capa, la cual ostenta un sobrio y elegante movimiento. La mano derecha extendida hacia el frente empuña una espada, mientras que con la izquierda, sostiene las riendas del corcel.

El caballo al paso, es representado con la pata derecha semilevantada, detenido sobre las demás; la cabeza en posición hacia abajo y hocico entreabierto, mira a la izquierda. Exhibe las gualdrapas y demás aperos de montar.

Las figuras reposan sobre un pedestal de mármol en forma rectangular redondeada, de cornisas voladas, el cual culmina en la parte inferior en una superficie escalonada (ascendente) de granito. En su cara frontal, parte superior, exhibe el escudo del estado Mérida fundido en bronce, y más abajo, una inscripción en bajorrelieve: “A BOLIVAR / EL GOBIERNO Y LA CIUDADANIA / DEL ESTADO MERIDA / 1930”. En su cara posterior, diseñado en bronce, el Escudo Nacional, acompañado en la parte inferior de la leyenda: “HUELLAS PERDURABLES / DE HONOR Y GLORIA DEJASTEIS / AL ATRAVESAR VICTORIOSO / EL TERRITORIO DE MERIDA / EN 1813 1820 Y 1821”, con la que se deja constancia de los diferentes momentos históricos en los que pasó Bolívar por el territorio andino.

En el lateral derecho se destaca el patriotismo y participación de los merideños en la guerra de Independencia, quienes a pesar de los desastres del terremoto de 1812, apoyaron a Bolívar en la Campaña Admirable. En la inscripción se lee: “MERIDA / DESTRUIDA POR EL TERREMOTO / OS DIO SINEMBARGO / EN 1813, QUINIENTOS VOLUNTARIOS / DIEZ Y SEIS CAÑONES / OCHOCIENTAS CABALLERIAS / TREINTAMIL PESOS EN ORO / PARA LIBERTAR A VENEZUELA”. Por su parte, en el lateral izquierdo se rememora unos de los hechos más significativos del bolivarianismo merideño, conocido en la historiografía regional, como fue la aclamación de Bolívar como Libertador: “MERIDA / PORTICO DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA / GLORIASE DE HABERSE DADO / POR PRIMERA VEZ / EL 23 DE MAYO DE 1813 / EL BRILLANTE TITULO DE LIBERTADOR / CONQUE HOY OS CONOCE / EL MUNDO ENTERO”.

Valores patrimoniales

El monumento ecuestre a Simón Bolívar (1783 – 1830) en la plaza homónima de la ciudad de Mérida, es una de las obras artísticas en espacio público símbolo del bolivarianismo merideño, en el que se expresa la unidad indisoluble del pueblo y el Gobierno, quienes sumaron esfuerzos para consagrar, luego de varios años de lucha, una estatua al Padre de la Patria. Obra de singulares características y estilo propio, única en el país, en la que los ciudadanos le ofrendan coronas y pronuncian elocuentes discursos en ocasión de alguna fecha conmemorativa o actividad especial. Asimismo, con dicha escultura se eterniza la participación del pueblo emeritense en el proceso de la emancipación venezolana, en cuya ciudad, según la historiografía regional, el entonces brigadier Simón Bolívar fue aclamado Libertador el 23 de mayo de 1813, título con el cual será reconocido en el mundo.

La estatua ecuestre a Bolívar es una de las tres obras escultóricas levantadas en 1930 en la ciudad de Mérida dedicadas al Libertador en el marco del centenario de su muerte, cuya autoría corresponde al destacado artista italiano Emilio Gariboldi, autor de importantes obras funerarias y conmemorativas como las esculturas y relieves del Arco de la Federación (1895); el monumento 19 de abril de 1810 (circa 1911), ubicado en la plaza Madariaga de El Paraíso (Caracas); y las estatuas del Libertador en las plaza Bolívar de Maracaibo y Trujillo, inauguradas en 1930.

Por su valor histórico, artístico y sociocultural, el monumento ecuestre a Simón Bolívar fue declarado el 7 de julio de 2004 Patrimonio Histórico del Municipio Libertador del estado Mérida; y Bien de interés cultural de la nación, categoría Creación individual registrado en el Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano (2007).

Situación actual

El monumento ecuestre a Simón Bolívar posee regular estado de conservación. Se observan manchas e impurezas en la superficie de las figuras de bronce ocasionadas por factores físicoambientales y el excremento de palomas, muy evidentes en la parte superior de la escultura del Libertador. En cuanto al pedestal, se aprecia desvanecimiento de las inscripciones de la cara frontal, fragmentación en las molduras y acentuadas manchas de humedad en ambas caras.

Ubicación

Plaza Bolívar, entre avenidas 3 Independencia y 4 Bolívar, y calles 22 Uzcátegui y 23 Vargas. Sector Sagrario, parroquia Sagrario, municipio Libertador, estado Mérida, Venezuela.

Fuentes consultadas

Decreto relativo a la erección de una estatua ecuestre al Libertador y Padre de la Patria, en el centro de la Plaza Bolívar de la Capital del Estado (5 de julio de 1929), en Gaceta Oficial del Estado Mérida, p. 8.638, Mérida, 31 de julio de 1929.

Decreto relativo a la inauguración de la estatua ecuestre de bronce del Libertador en la Plaza Bolívar de la ciudad de Mérida (19 de abril de 1930), en Gaceta Oficial del Estado Mérida, pp. 8.777-8.779, Mérida, 31 de mayo de 1930.

Editorial Patria. Centenarios de Sucre y Bolívar en Mérida (Reseña de grabados alusivos), Patria, Mérida, 1930; 230 pp.

Febres Cordero, Tulio. Obras Completas: Memorias de Tulio Febres Cordero [1910], Banco Hipotecario de Occidente, san Cristóbal, 2da. Edición 1991, tomo II, pp. 22.

Hurtado Camargo, Samuel Leonardo. La estatuaria pública conmemorativa de la ciudad de Mérida (1842-2006): análisis histórico. Universidad de Los Andes, Escuela de Historia (Memoria de Grado), junio 2007; 500 pp.

Instituto del Patrimonio Cultural. Municipio Libertador, estado Mérida, Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Los Andes: ME-12, 2007.

Prensa Gobernación. Cormetur exige respeto a nuestro patrimonio histórico, en Frontera, p. 2A, Mérida, 6 de mayo de 2002.

Rodríguez Torrejón, Luis Gabriel. El Libertador en la ciudad de Mérida, en Leonardini, Nanda (coordinadora). Bolívar: el rostro de Nuestra América (esculturas en el Perú y América), Grupo de Historia Guanahaní, Perú, 2011, pp. 85 – 86.

Solarte, Adelfo. Peor el remedio, en Frontera, p. 1A, Mérida, 27 de junio de 1999.

Investigación: Samuel Hurtado Camargo.

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