Catedral Metropolitana de Mérida, herida de rojo

Consignas chavistas profanan la catedral de Mérida, Monumento Histórico apreciado no solo por su valor material e histórico, sino por su enorme simbolismo espiritual. A 24 días del hecho, el desdén institucional le echa sal a una herida que no sana.  

Frank Gavidia y Sarah Rimer 10/5/2017.

La Catedral Metropolitana de Mérida se ha sumado a la lista de patrimonios atacados por el vandalismo político en los últimos meses, reforzado por el recrudecimiento de la crisis sociopolítica del país.

Ante la mirada atónita de los merideños, en la mañana del pasado 17 de abril el edificio eclesiástico amaneció con las rojas consignas “Chavistas al combate, venceremos”, “Maduro por siempre”, “Baltazar, diablo con sotana”, entre otras ofensas oficialistas perpetradas en diversas paredes de la majestuosa edificación, Monumento Histórico Nacional según Gaceta oficial número 32 039 del 4 de agosto de 1980.

Cundió entonces la indignación de las autoridades eclesiásticas, feligresía y ciudadanos ante la indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de resguardar los bienes que trazan la identidad cultural del país. Las reacciones y reclamos no se hicieron esperar.

El Padre Luis Enrique, Kike, Rojas, párroco de la catedral, se pronunció a través de Radio Fe y Alegría Noticias Mérida ante este hecho, al tiempo de realizar un llamado a las autoridades: “Ese palabrerío es más de un sistema que quiere siempre azotar y asustar a la comunidad. Esta es una forma, como lo han dicho muchos, muy cobarde de querer hacerse sentir, pero lo que produce es un rechazo total de todas las personas porque lo que se manifiesta es eso; se manifiesta un rechazo total ante este tipo de vandalismo, que no es otra cosa más que eso. Y con esto pues, no se perjudica al cardenal, no se perjudica al clero; se perjudica nada más y nada menos que al patrimonio, porque es triste despertar hoy y encontrar así la catedral, el rectorado, la iglesia de Milla, la iglesia del Llano, y ya había sucedido también en Táchira. Entonces con esto no crean que están sembrando terror ni miedo porque al final esto es más de lo mismo”.

Jesús Vera Briceño, miembro del consejo parroquial de la catedral.

Jesús Vera Briceño, miembro del Consejo Parroquial de la catedral de Mérida y presidente de la Cofradía de Jesús Nazareno, comenta sobre el incidente al equipo de Iam Venezuela: “Son personas con una carencia de moral total, una falta de respeto a la religión católica. Por intereses mezquinos atentaron contra la catedral haciendo pintas obscenas tratando de desmeritar la labor del cardenal Baltasar Enrique Porras. Exigimos respeto a la institución católica, y sobre todo a nuestra catedral, patrimonio histórico de nuestra región, que pronto con la ayuda de Dios será investida como Basílica Mayor”.

Guido Mercado, concejal de Libertador. Foto F. Gavidia.

Líderes municipales también se pronunciaron ante el ataque a diversas edificaciones religiosas, como Guido Mercado, concejal del municipio Libertador, quien advierte que “Estas acciones no son nuevas, no son de este momento. Anteriormente, en situaciones de alto enfrentamiento político, cuando los procesos políticos han estado bastante polarizados, siempre se habían observado estos ataques contra edificaciones de la Iglesia católica y contra el rectorado, que están muy cercanos a la plaza Bolívar, contigua a la Gobernación del estado que dirige un gobernador chavista del PSUV; pero ahora no solo la catedral fue víctima de este vandalismo en contra de las sedes de quienes dirigen la curia merideña… fueron víctimas también de agresiones a la planta física la iglesia El Llano, también ubicada en el centro de la ciudad, en el sector El Llano; la iglesia de Milla, situada al norte del centro de la ciudad, donde empieza el centro como tal, con mensajes en contra de la Conferencia Episcopal Venezolana, en contra de Baltazar Porras y en contra de la Iglesia”.

Abordamos a Mezin Abou Assi, diputado del Consejo Legislativo por el PSUV, para que se pronunciara sobre estos hechos, pero ignoró nuestra solicitud, sumándose al mutismo oficial en relación con estos actos delictivos contra la catedral perpetrados por sus correligionarios.

Sobre la afrenta de tinte político a los inmuebles de la catolicidad, Mercado rescata la reacción de la ciudadanía: “Obviamente, comenta, la respuesta de los ciudadanos ha sido, sin importar de qué lado está su militancia, sin importar cuál es su percepción del Gobierno, de total repudio y rechazo a estas acciones que lejos de manifestar una posición, o lejos de manifestar una visión de la cosa política del actual momento, perjudica a todos e intensifica el nivel de confrontación”.

¿Y las autoridades de la cultura? Bien, gracias

Al 10 de mayo han transcurrido 24 días desde que afectos al oficialismo vandalizaron paredes y fachada de la catedral y esta sigue “intacta”, sin que las autoridades gubernativas obligadas por ley al resguardo y preservación de este monumento nacional se hayan pronunciado, ni mucho menos emprendido acciones para reparar el daño. Y eso que la catedral exhibe la ofensa cerca de organismos municipales y regionales, como el Concejo Legislativo, la Casa de la Cultura y la Gobernación. La convicción partidista, incluso más que la habitual omisión gubernamental parece haber primado sobre la denuncia, la búsqueda de responsables y el reparo de este acto vejatorio contra este patrimonio arquitectónico y cultural del país.

Para el padre Luis Enrique Rojas, “las autoridades son las primeras que tienen que salir al frente de esta situación y hacer lo que les corresponde, y para hacer lo que corresponde tienen que poner en práctica la justicia en cualquier lugar. Esto es vandalismo, esto crea un estado de inseguridad, esto es muestra de que en nuestra sociedad vivimos de esta forma tan desordenada donde el respeto y los valores se han perdido. Las autoridades competentes tendrían que hacer lo que les corresponde ante estos hechos vandálicos”

El sacerdote alude a la ley de Protección y Defensa del Patrimonio Nacional, aprobada en Gaceta Oficial Extraordinaria N° 4623, del 3 de septiembre de 1993, y que establece en su artículo 2 la obligación de la defensa del patrimonio cultural de la república al Estado y a la ciudadanía: “El Estado venezolano, a través del Instituto de Patrimonio Cultural como órgano competente en la materia (Art. 7) y, en coordinación con los estados y municipios, tienen la responsabilidad en la preservación, rehabilitación, defensa, salvaguarda y consolidación de todas las obras, conjuntos y lugares que sean declarados por el Estado como bienes de Patrimonio Cultural, que por su contenido cultural son elementos fundamentales de la identidad nacional”. Esta ley contempla en su artículo 44 la responsabilidad del ciudadano para la defensa y conservación del patrimonio, estableciendo penas de 2 a 4 años de prisión por concepto de agravio y daño de los bienes patrimoniales.

Sí, la ley de protección a los bienes culturales establece, incluso, penas. Pero en este caso los responsables de honrar la letra jurídica y sentenciar los respectivos castigos son quienes consienten, a juzgar por la tolerancia mostrada hasta ahora, esta afrenta continuada a un edificio de rango nacional.

Ni justicia ni restauración

La catedral de Mérida fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1980. Foto Frank Gavidia.

La catedral de Mérida, que data de 1805, fue rediseñada en 1945 por el arquitecto Manuel Mujica Millán y reinaugurada en 1958 a propósito de los cuatrocientos años de la ciudad; los trabajos finales estuvieron a cargo del arquitecto Francisco J. Lluch. El templo se alza como un Monumento Nacional por sus características arquitectónicas y su significación histórica y espiritual para la sociedad.

Sin embargo, las pintas políticas que sufrió a mediados del pasado abril no son más que la guinda de una persistente degradación material del inmueble por estar asentado entre bulevares donde se ejerce sin cortapisas el comercio informal. Por ello, el desatendido rosario de males es de vieja data: su fachada es agredida por los puestos de buhoneros durante el día, y por las noches ha devenido en urinario público, afectándose gradualmente el mármol y el granito de las entradas principales del templo, así como sus puertas de antiquísima madera, que datan de la reconstrucción de la catedral tras el mentado “Gran sismo de Los Andes”, de 1894.

El concejal Mercado lamenta: “Pareciera que para el patrimonio cultural no existen cuidadores, ni dolientes”. La fachada de la Catedral Metropolitana de Mérida, herida aún de mensajes rojos, le da amargamente la razón. Mientras, el presidente de la Cofradía de Jesús Nazareno, Jesús Vera Briceño, añade que “El atentado hacia los bienes culturales, la débil acción institucional del Estado venezolano frente a estos daños patrimoniales y la escasa reacción ciudadana reflejan la falta de una conciencia clara sobre el significado y la responsabilidad que implica la protección y preservación del patrimonio cultural para la memoria histórica de una nación”.

Sobre la recuperación de la fachada de la catedral, Vera agregó: “Son daños difíciles de cubrir económicamente para los miembros de la Iglesia, por el alto costo de los materiales, como pinturas especiales, con los que no cuenta la iglesia; sin embargo, confiamos en la buena fe de los feligreses para que se acerquen a la casa parroquial a ponerse a la orden para colaborar”.

Este majestuoso monumento espiritual, referente cultural de la sociedad merideña y venezolana, que pasó de iglesia parroquial a Basílica Menor en un lejano febrero de 1778 por gracia de la bula Magnitudo divinae bonitatis, que ha soportado dos grandes terremotos (1812 y 1894) y varias refundaciones, hoy es acechado por el vandalismo de tinta roja, por el descuido patrimonial de la colectividad y por la ausencia de respuestas institucionales para la preservación de un recinto representativo de la identidad nacional.

De allí que la denuncia, el clamor de la Iglesia y los rezos de la feligresía aun sean pocos para el urgido rescate de la Catedral Metropolitana de Mérida de la omisión institucional ex profeso. Pero también del olvido colectivo.

Fuentes consultadas

Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural N° 4623. Congreso de la República de Venezuela, Caracas, 3 de septiembre de 1993.

Mercado, Guido. Entrevista realizada en Mérida el 4 de Mayo de 2017.

Rivadeneira, C. (1992) La Plaza Mayor de Mérida. Caracas: Academia Nacional de la Historia.

Rojas, Luis Enrique. Entrevista cortesía de radio Fe y Alegría realizada el 17 de abril de 2017. Mérida.

Torres, C. (1994) La Catedral de Mérida. Caracas: La Inala.

Vera, Jesús. Entrevista realizada en Mérida el 2 de mayo de 2017.