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Casa de la Cultura Napoleón Sebastián Arteaga

Fachada de la Casa de la Cultura Napoleón Sebastián Arteaga. En plena rehabilitación. Foto Marinela Araque Rivero.

Nombre: Casa de la Cultura Napoleón Sebastián Arteaga.

Año: 1786 – 1790.

Tipo de patrimonio cultural: tangible/inmueble.

Administrador custodio o responsable: gobernación de Barinas.

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

La antigua cárcel pública, hoy sede de la Casa de la Cultura, no fue edificada de una sola vez, su construcción se prolongó por largos años. Todavía después de construida experimentó con el tiempo ampliaciones y mejoras, aunque conserva su arquitectura colonial.

El historiador Virgilio Tosta señala que “para 1786, cuando el rey Carlos III erigió la provincia de Barinas, el local de la cárcel apenas se encontraba en sus comienzos. Una de las tareas cumplidas por el gobernador Fernando Miyares González (1786 – 1789) no solo consistió en terminar el edificio, sino también en aumentar su extensión. Así lo informó el referido magistrado al rey de España, en notas fechadas en Barinas el 25 de enero de 1787.”

La obra fue complementada por el sucesor de Miyares,  Miguel de Ungaro y Dusmet (1798 – 1808), quien la dotó en su primer año de gobierno de amplios calabozos en la parte alta del edificio; según dicen, para simultáneamente alojar la sede del Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad en la planta baja.

Durante la Guerra de Independencia la prisión real fue escenario de diversos acontecimientos que marcaron la vida pueblerina de la época; la participación de la sociedad barinesa en la Campaña Libertadora de Venezuela, conocida hoy como Campaña Admirable, se hizo más notable.

En este sentido, se recuerda que con Antonio Tíscar en Barinas se instruyeron varias causas de infidencias, proceso penal mediante el cual se abrieron juicios a hombres y mujeres que “desobedecieron el poder español por medio de actos, palabras, escritos e intentos de instaurar gobiernos republicanos”.

Una de esas causas fue la “formada a varios patriotas acusados de fraguar una revolución en Barinas, descubierta en mayo de 1813”. En menos de diecinueve días fueron capturados y sometidos a juicio los 19 barineses implicados.  Llevados a la cárcel real, hoy Casa de la Cultura Napoleón Sebastián Arteaga, serían fusilados en los días siguientes. Uno de los protagonistas de la conspiración fue don Juan José Briceño, alcalde de la ciudad.

En palabras del historiador Samuel Hurtado (2014), los realistas creyeron que fusilando a los principales implicados en la conspiración darían escarmiento a los barineses y evitarían otra acción insurgente, pero el panorama fue otro… los objetivos de la conspiración se lograron poco después, cuando el 6 de julio de 1813 Bolívar hace su entrada triunfal a la ciudad de Barinas, que había estado en manos de las fuerzas leales al régimen monárquico desde 1812.

El fusilamiento de los insurgentes, en mayo de 1813, “es una muestra evidente del patriotismo de los barineses.” Según Simón A. Jiménez Garrido, citado por Hurtado (2014), se refuerza la tesis de que los fusilamientos del 22 de mayo fueron el acontecimiento detonante para que el Libertador Simón Bolívar lanzara su proclama de Guerra a Muerte, ante la evidencia de que los habitantes de la Provincia de Barinas eran afectos al movimiento independentista. En una celda de esta cárcel real también estuvo preso el coronel Antonio Nicolás Briceño, conocido como El Diablo, quien también fue fusilado el 15 de junio de 1813 en la antigua plaza Dolores.

Placa que conmemora el presidio del coronel Antonio Nicolás Briceño. Foto Marinela Araque, 2010.

Puerta de la celda del prócer Antonio Nicolás Briceño. Foto M. Araque, 2010.

Briceño, aún en prisión, ese mismo día le escribió una carta de despedida a su esposa Dolores (Lola), en términos poéticos: “Mi idolatrada Lola: Casi al borde de la tumba te escribo estas líneas. Víctima de un accidente inesperado fui hecho prisionero y me encuentro en capilla para morir. ¿Debí estar siempre a tu lado, gozando de las caricias de una vida apacible y reposada? Tú eres asaz inteligente para no creerlo así. La patria era esclava y en la noche de la esclavitud no hay paz, no hay honra, no hay amor, no hay vida. Perdóname si te he hecho infeliz. Moriré orgulloso de mi conducta, sereno y altivo, anonadando a mis verdugos con el más insultante menosprecio. En cuanto a ti, perdóname. Quedas pobre y en tierra extraña, pero nada puedo hacer en tu favor. Consuélate en tan grande infortunio. Educa a nuestra adorable Ignacita, dile que fui digno y que morí por la patria. ¡Adiós! Mis últimos instantes son íntegros para ti. ¡Muero pronunciando tu nombre! ¡Adiós!”.

El cadáver del prócer trujillano fue descuartizado y su cabeza exhibida en las afueras de Barinas. Es indiscutible que esta edificación construida en una ciudad escenario de luchas y batallas, atesorara en sus paredones los hechos que marcaron la historia de la gesta libertaria en la provincia de Barinas, en la que el patriotismo y heroicidad de los llaneros se impuso a las pretensiones de la corona española.

En esta cárcel también fue encerrado José Antonio Páez en 1813, quien se salvó de la triste suerte del alcade de la ciudad, Juan José Briceño, y de Antonio Nicolás Briceño, gracias al “ejército de las ánimas”. Cuentan los cronistas que Páez se encontraba en la celda y puesto en capilla para ser ajusticiado tal vez aquella misma noche; resignado a una muerte segura, logra dormirse profundamente hasta la medianoche, cuando fue despertado a los gritos de “viva el rey” y pudo oír el alboroto ocasionado por las tropas. A los pocos minutos escuchó también un tiro de fusil hacia la parte del río Santo Domingo.

Hasta allá llegaron los realistas para reconocer el sitio, regresando despavoridos hasta la cárcel con la novedad de que en la ribera opuesta al río se hallaba un cuerpo de infantes. Alarmado, el comandante Antonio Puy reunió rápidamente a las tropas en la plaza Bolívar ubicada frente a la cárcel real y ordenó un nuevo reconocimiento del lugar, que fue hecho por el comandante Ignacio Correa, famoso por sus crímenes.

Dicen que el comandante al dar la voz de “quién vive” recibió como contestación: “La América libre, soldados de la muerte”. Entonces resolvió Puy marchar hasta San Fernando de Apure por la vía de Canaguá. Aunque antes de irse quiso matar a los prisioneros, lo paralizó el terror de ser atacado por fuerzas superiores si se detenía más tiempo y puso sus pies en polvorosa sin matar a nadie, procurando escapar de los “soldados de la muerte”; así nació la leyenda del ejército de las ánimas, tropa imaginaria “que salvó a Páez de la muerte”.

Huella de el machetazo de Paéz a la puerta de la cárcel real. Foto Marinela Araque, 2010.

En una hoja de la puerta principal de la antigua cárcel puede verse la marca del machetazo que el mismo Páez le asestó cuando tuvo la gallardía de liberar también a 115 presidiarios que iban a morir con él en el silencio de la noche en manos de los verdugos españoles.

Aunque nunca se certificó este episodio, algunos se lo atribuyen a su esposa Dominga Ortiz de Páez, quien disparó un tiro de fusil en las riberas del río Santo Domingo alborotándose numerosos pájaros soldado o garzones que, al realizar los cortos vuelos que le son característicos, produjeron con sus alas ruidos semejantes al de los caballos en galope. Virgilio Tosta señala que “lo demás fue obra del pavor que se adueñó de los realistas, temerosos de caer en manos de tropas republicanas que se acercaban a Barinas, y horrorizados tal vez por la magnitud de sus propios crímenes”.

Varias décadas después, el gobernador Miguel María Pumar (1838 – 1840), realizó la adecuación y ornato de la histórica cárcel, pues a este personaje le parecía que esta era un edificio antiguo y “de mal gusto con piezas oscuras y sin ventilación, con unas rejillas de madera sin seguridad y feísimas” por lo que ordenó la instalación de “rejas de fierro en orden simétrico”, al mismo tiempo que se lamentaba por las carencias de materiales en la ciudad, lo cual le impidió realizar las modificaciones que habría emprendido.

La remodelación de la cárcel no se detuvo. La retomaría también, en 1846, el gobernador de la provincia de Barinas, coronel Agustín Codazzi (1846 – 1848). En su memoria y cuenta, presentada ante la Diputación Provincial durante 1847, señala que dispuso construir “cuatro hermosas piezas superiores”, y ordenó la reparación de los corredores de la parte superior del edificio, así como las celdas inferiores y algunas habitaciones que habían servido de depósito de armamentos y municiones, pertenecientes a la provincia.

Durante la época de la Guerra Federal (1859 – 1863) esta edificación también sufrió los rigores de la lucha armada entre conservadores y liberales. Una de estas huellas fue la que dejaron en el campanario de la cárcel los cañones federalistas disparados, desde la casa que hoy ocupa el grupo escolar Estado Guárico, por el artillero Dr. Tesalio Cadenas cuando acorralaban en la cárcel de Barinas al ejército conservador comandado por Pedro Estanislao Ramos. Entonces una bala perforó la campana que fue colocada por el gobernador Napoleón Sebastián Arteaga, esta había sido fundida por el artista Manuel Toro en 1853.

El cronista Don César Acosta, citado por Baudilio Mendoza (2015), señala que a finales del siglo XIX la fachada del edificio ostentaba una docena de ventanas de las trece originales, ya que una de ellas había sido convertida en “puerta para oficina del local presidario”; otros historiadores apuntan que era una garita para los centinelas, que habían construido en la parte inferior izquierda. En algunas imágenes de la época se puede apreciar que se encontraba al nivel del suelo y adherida al edificio.

Durante el gobierno de José Vicente Rangel Cárdenas (1932 – 1935) la garita del centinela, inicialmente construida al ras del piso, fue elevada aproximadamente a unos tres metros, para ser eliminada totalmente en 1968 porque consideraban que carecía de valor histórico y que no se ajustaba al tipo de construcción existente a la época.

De cabildo y cárcel a casa cultural. El 16 de marzo de 1966 trasladan la cárcel pública a un nuevo edificio, y la vieja casona colonial quedó sola y deteriorándose. Hasta que el gobernador del estado Barinas, doctor José Octavio Henríquez Andueza, la destina para asiento de la Casa de la Cultura por considerar que la antigua cárcel de Barinas era un edificio de “clásica arquitectura colonial que guarda retazos de la historia venezolana en el recuerdo de un pasado glorioso y en cuyas celdas estuvieron recluidos valores insignes de la nacionalidad, tales como Antonio Nicolás Briceño y el general José Antonio Páez.”

La antigua cárcel real de Barinas fue convertida en Casa de la Cultura en 1968. Foto archivo del cronista de la ciudad. Digitalización Marinela Araque.

Le correspondió al gobernador Edgar Sanz Amair asignarle el nombre de Napoleón Sebastián Arteaga a la Casa de la Cultura en homenaje a este gobernador y valor de las artes gráficas, a fin de que “sea recuerdo permanente en el corazón de los barineses amantes de la cultura y de nuestros máximos valores”.

Durante las gestiones de los gobernadores don José Tomas Heredia Ángulo (1966 – 1967), y don Edgar Sanz Amair (1968 – 1969) se realizaron algunas intervenciones al edificio.

Al respecto, el historiador Esteban Ruiz Guevara señaló en 1976 que antes de estudiar esos dos procesos de intervención realizados por los gobernadores Heredia y Sanz se debía hacer, en primer lugar, énfasis en el significado de la palabra restaurar y la define como: “cobrar, rescatar, recuperar el estado antiguo de las cosas para volverlas a su estado primitivo”, elementos que según él no se tomaron a consideración  cuando se iniciaron y culminaron los trabajos de esta casona.

Y enumera algunas de las irregularidades que se cometieron en estas intervenciones, en las que se destacan las siguientes: “no se salvó nada de los materiales originales que se pudieron usar como ventanas, puertas y  ladrillos antiguos, que muy bien hubiesen sido sometidos a tratamientos para así respetar la vieja estructura primitiva del inmueble, esto con la finalidad de  introducir materiales de reciente elaboración”.

Según Ruiz Guevara, lo que se pudo salvar fueron las “viejas puertas que ostenta el machetazo dado por el general Páez” y que hoy, como algunos saben, una permanece en los pasillos de la Casa de la Cultura y la otra en el Museo Municipal de Barinas a la espera de que alguien se conduela en unirlas nuevamente, restaurarlas y volverlas a su sitio original. Refiere el historiador que “se han debido tomar en cuenta que esas vetustas puertas infinidad de veces fueron abiertas para dar paso a distinguidos personeros de la Colonia, de la Independencia, de la Federación, del ayuntamiento y que también se cerraron para privar la libertad a los patriotas de ayer y hoy”.

Por otra parte, considera que en la intervención de la sede de la Casa de la Cultura para esa época “no se debió fijar el enladrillado con cemento, sino que se debió proceder con las antiguas prácticas” y trae el ejemplo de la restauración realizada al antiguo edificio donde funcionaba el liceo José Vicente Unda en la ciudad de Guanare, dado que los guanareños no omitieron detalles en el momento de restituir las características originales de la vieja casona.

También recalca que en Guanare se tomó en consideración la armonía que deben guardar las zonas abiertas con la estructura colonial del edificio cubriéndola de grama y jardines, realidad que en la Casa de la Cultura  hasta hoy “brilla por su ausencia”.

Pero lo que consideró  Ruiz Guevara como un hecho “que raya en el límite de lo anacrónico, es el techo raso plástico de la primera planta y el teatro  que, además de descubierto, no guarda el aspecto colonial que debiera cónsono con el resto de la casa”. Y hace la salvedad de que estas anomalías pudieran corregirse con el tiempo, afortunadamente.

En fechas posteriores este emblemático inmueble ha sido objeto de remodelaciones importantes. En la actualidad permanece cerrado por una de sus últimas restauraciones, ya que su estructura se encontraba resentida por el intenso uso al que por muchos años ha sido sometida sin el debido mantenimiento.

Según Leonardo Vici Bonetto, secretario de Infraestructura y Ordenamiento Territorial de la gobernación de Barinas, se han invertido 130 millones de bolívares en las labores de modernización de este inmueble, ya que están acondicionando las paredes exteriores, techos y sanitarios, además del revestimiento del piso; todo con el fin de “brindar confort y una visión armónica del espacio”.

La fachada de la Casa de la Cultura Napoleón Sebastián Arteaga, pintada de amarillo. Foto M. Araque.

Aunque uno de los cambios más drásticos de esta intervención, que se puede observar a simple vista, es el cambio de color: la fachada fue pintada de amarillo después de permanecer desde sus inicios de calicanto.

Descripción

Edificación en esquina en forma de U, con patio interno, dos pisos. Entrepiso de madera, techo de estructura a dos aguas de par y nudillo con cubierta de teja criolla. Corredor aporticado con columnas de tipología sencilla. Torre en el eje central, indicando acceso con cúpula de ladrillo. Presenta portón adintelado en la entrada. Escalera de madera en tijera. La fachada está cubierta con friso amarillo y los cerramientos son de madera.

Fachada de la Casa de la Cultura Napoleón Sebastián Arteaga. En la rehabilitación pasó del blanco colonial al atrevido amarillo. Foto Marinela Araque Rivero.

Valores patrimoniales

Este inmueble no solo representa un determinado modo de vida histórico de los barineses, sino que es una fuente de identidad con la comunidad, que lo valora mediante vínculos sociales y actividades culturales concretas que se han realizado con el correr de los años.

El valor histórico de esta edificación está signado a la fecha de su construcción y a los distintos usos y hechos que han ocurrido en ella. El valor artístico arquitectónico corresponde a su tipología, técnica constructiva y los elementos formales que la componen. El valor social está dado al uso cultural que posee actualmente. Su valor contextual responde a la relación armoniosa que guarda con su contexto inmediato en cuanto a la escala, altura y continuidad de la fachada.

En sus celdas, cuando era cárcel, estuvieron presos Antonio Nicolás Briceño, José Antonio Páez, Juan José Briceño Ángulo, y los insurgentes  fusilados en Barinas el 22 de mayo en 1813, entre otros.

Fue decretado bien de interés cultural  inscrito en el Catálogo del patrimonio cultural venezolano 2004 – 2006.

Situación actual

Desde el año 2012 se encuentra cerrada por rehabilitación.

Ubicación

Calle Arzobispo Méndez con avenida Briceño Méndez, Barinas.

Fuentes consultadas

Araque, Marinela. La Casa de la Cultura y sus restauraciones. La notica de Barinas, 2012. p. 7

Culminarán recuperación de espacios culturales de Barinas. En Abrebrecha.com, 10 de febrero de 2017. https://goo.gl/u3p25l. Consultado el 17 de mayo de 2017.

Hurtado Samuel. La conspiración de 1813 en Barinas. Historia y testimonios. Alcaldía de Barinas. Barinas, 2016. pp. 75-83

Instituto de Patrimonio Cultural. Catálogo del Patrimonio Cultural. 2004 – 2006. Caracas. s/a.  p. 37

Instituto de Patrimonio Cultural. Identificación y prediagnóstico de bienes muebles de valor patrimonial. Parroquia Barinas, estado Barinas. Año 2003. p. 159

Ruiz Guevara. Codazzi en Barinas. Centro de Estudios Históricos del estado Barinas. Mérida, 1984. p.42

Pérez Larrarte, Alberto. Papeles de la memoria. Fondo Editorial Don César Acosta. Barinas, 2005. pp. 63-65

Tosta, Virgilio. Galería de ilustres barineses. Colección Centenario. Caracas, 1990. pp. 274-275

Mendoza Baudilio. Tradición y modernidad en la ciudad de Barinas. Gráficas Portatitulo. Barinas, 2015. pp. 108 – 109.

Romero Martínez, Vinicio. Qué celebramos hoy. El libro de las efemérides venezolanas. Editorial Actualidad Escolar, C.A., 2007. p. 215-216

Villafañe, Tulio Marcos. Cronología de la Casa de la Cultura Napoleón Sebastián Arteaga. Congreso Nacional. Caracas, 1981. 30 p.

Investigación: Marinela Araque Rivero.

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