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La plaza Bolívar de Barinas pierde la partida

En un siniestro juego de ping-pong entre la alcaldía y la gobernación, la plaza Bolívar de Barinas sucumbe a la ruina y la tiniebla. Mientras, los barineses hacen de mirón de palo.

Marinela Araque Rivero. 11/5/2017.

Hace apenas 10 años era la reina del paisaje urbano barinés y una de las más bonitas plazas Bolívar de Venezuela. Entonces la vistieron de verde y de flores, la animaron con fuentes, le instalaron bancos de hierro forjado y luminarias, trazaron en su sombreado cuerpo caminerías de mosaico y esmero. Y hasta una glorieta le entregaron. Ella, radiante, convocaba a cambio a los niños, a los poetas y a los enamorados, propiciaba la tertulia y el encuentro; era regazo civil y homenaje a un Simón Bolívar hoy interesadamente masticado hasta el bagazo. Su plaza, perdida en la ruina y la tiniebla, es ahora una incisiva metáfora de la mengua de este tiempo, cuando el poder invoca al prócer mientras patea su memoria. Y cuando en la población mayoritaria falta el arresto requerido para defender los espacios que le otorgan ciudadanía.

La antigua plaza pública de Barinas, llamada en un tiempo parque Bolívar y luego plaza Bolívar, actualmente es un monumental testimonio de la devastación moral y material que azota al país, en pleno centro histórico de la ciudad. Y esto pese a su cercanía a las sedes de la gobernación del estado y de la municipalidad, que la convierte en inesquivable blanco de las miradas de autoridades y ciudadanos.

Aspecto de la fuente. Foto M. Araque.

Su bonitura de hace apenas 11 años está hecha jirones: sucia, sin grama ni flores. Sus fuentes, que alguna vez cautivaron a lugareños y turistas con su danza de agua, luz y color, están vacías y apagadas. Roto el esmero de sus caminerías, marchitas sus plantas por un sistema de riego dañado desde hace años, quebrada la glorieta en la que congregaba la conversación y la cultura, vandalizado el pedestal de la magna estatua que la preside.

De cómo la plaza perdió la noche barinesa

El desplome material de este bien público, registrado por el Instituto de Patrimonio Cultural en el primer Censo de patrimonio cultural venezolano 2004 – 2006, salta a la vista en un simple recorrido diurno que hiciéramos en nombre de Iam Venezuela. Porque durante la noche nadie se atreve. Ni los policías. La plaza Bolívar de Barinas desaparece bajo la oscuridad cuando se esconde el sol. Lo que fue un lugar de encuentro comunitario en el que niños y jóvenes animaban la noche montados en sus triciclos y patinetas, en el que una que otra pareja de enamorados hacía bullir sus hormonas, y donde los mayores miraban a todos desde los bancos, hoy ha devenido en trinchera criminal. La tímida luz de la luna no pudo hacer mayor cosa; el descuido de la plaza pronto le robaría la nocturnidad barinesa que desde lo alto ella también, como los viejos, contemplaba.

Ninguna luminaria sirve en la plaza Bolívar de Barinas. Foto M. Araque.

Todo empezó cuando las luminarias comenzaron a fallar (y a ser robadas) sin que nadie pusiera reparo. Por meses, por años. Una, y otra, y la siguiente… hasta que la última luz en apagarse permitió que la tiniebla entrara de lleno en ese recinto llamado a honrar al Padre de la Patria. Y, con ella, el acecho hamponil que enseguida reclamó su señorío.

Ya nada sería lo mismo: con las bombillas ciegas se alejaron las actividades culturales nocturnas, los paseantes, los viejos, el juego infantil y el romance. El miedo al asalto delictivo se impuso a la carga histórica de ese espacio urbano fundacional, donde se dice que los barineses celebraron su adhesión al proceso independentista, donde han celebrado numerosas efemérides y actividades políticas, y donde hasta hace poco disfrutaban su modesto esparcimiento bajo el esplendor de un lugar que hoy tiene el alma rota.

Los fieles que asisten a la misa de la catedral Nuestra Señora del Pilar se persignan mil veces en su obligado paso cerca de la plaza; pese a su porfiada fe, más de uno ha salido de un asalto convencido de que los rezos no son un buen escudo contra malhechores.

Según la profesora Cora Pérez, vecina de la zona, la oscuridad y el espanto que esta atrae tiene sus cómplices: “Quienes están destruyendo la plaza Bolívar, acusa, son las propias autoridades; hemos visto cómo desde hace cuatro años la gobernación y la alcaldía se pelean por este espacio público, responsabilidad que sabemos le corresponde a la municipalidad; pero cuentan que cuando las cuadrillas de la alcaldía van a arreglar algo de la plaza, funcionarios de la gobernación no los dejan trabajar”.

Mientras tanto, destaca Pérez, “los vecinos debemos desviarnos cuando nos corresponde pasar por allí porque el lugar es oscuro y tenebroso”. Como certificando el inventario de la desidia que hiciéramos durante nuestro recorrido (diurno) por la plaza Bolívar, recalcó que “las fuentes no han funcionado más, ni el sistema de riego. No hay grama porque se ha secado y toda la inversión que se hizo años atrás para mejorar el ornato de la plaza, se perdió. Hasta las baldosas que cubrían las caminerías perdieron su belleza, están deteriorándose y lucen mugrientas”.

La gallardía que a muchos les falta para reclamar el cuidado de este espacio público, a la profesora parece sobrarle: “Les pido a las autoridades que dejen sus rencillas, que a nadie favorecen; que se acerquen hasta la plaza y constaten el deterioro de su mobiliario; que vean la plaza en penumbras… de pronto se conduelen y toman cartas en el asunto, ¡pero ya!, ¡dejen de pasarse la responsabilidad como pelotica de ping-pong”.

Echándole palo a todo mogote, Pérez exhortó a los barineses a que “salgan a exigir sus derechos de disfrutar un espacio urbano en las mejores condiciones posibles, ¡ya basta de tanta apatía!”.

El ping-pong que arruina la plaza

Una visita a la Dirección de Servicios Públicos de la alcaldía del municipio Barinas explica la exasperación de Cora Pérez por el inicuo ping-pong institucional. Obreros de este despacho, motivados a declarar a cambio de mantener sus nombres a resguardo, activan la partida: “la alcaldía normalmente hace el mantenimiento de la plaza, las fuentes no se han arreglado porque no hay presupuesto ni para pagar al personal”; “hay mucho vandalismo porque no existe seguridad ni vigilancia”; “todo se lo han robado, incluso el cableado eléctrico del sistema de riego”. Hasta que uno de ellos lanza la pelotica: “lo del problema de la electricidad le corresponde al Departamento de Alumbrado”.

En el Departamento de Alumbrado, contiguo a la Dirección de Servicios Públicos de la misma alcaldía, un funcionario que también pide el anonimato activa su raqueta: “En esta oficina saben la realidad que atraviesa la plaza. Pero se ha hecho imposible cumplir con esta labor porque cuando se ha intentado cambiar los bombillos se encuentran con que funcionarios policiales estadales no los dejan trabajar alegando que la plaza Bolívar, supuestamente, pertenece a la gobernación”, comenta en un saque directo que nos lleva hasta la sede del Gobierno de Barinas.

Allí el ingeniero Adán Contreras, funcionario de la Secretaría de Infraestructura y Ordenamiento Territorial (SIOT) del ejecutivo regional, se suma casi que emocionado al juego: “El mantenimiento de la plaza Bolívar era competencia directa de la alcaldía, que tiene la responsabilidad de velar por los servicios públicos de la ciudad. El SIOT en ningún momento le ha quitado competencias a la alcaldía; más bien siempre los exhortamos a que cumplan sus funciones por el bien de la colectividad”. Y de un raquetazo devuelve la pelotica al contrario: “Si la alcaldía tiene los bombillos para alumbrar la plaza Bolívar, pues que los coloquen, ya que la responsabilidad recae sobre ellos”.

Mientras unos y otros juran ganar tantos en este ping-pong de la irresponsabilidad oficial, la plaza Bolívar pierde de lleno la partida. Un juego siniestro en donde ni la alcaldía cumple con su deber legal de preservar este bien patrimonial, ni la gobernación asume el compromiso político y moral de velar por un activo de la ciudadanía a la que, en teoría, sirve.

Todo juego tiene sus mirones. A juzgar por la mayoritaria apatía frente a la debacle de la bonita plaza, los de Barinas parecen ser de palo. Esos mismos que exasperan a la profesora Pérez.

Que vuelvan los niños a disfrutar de la belleza de la plaza Bolívar de Barinas. Foto de 2015. Marinela Araque.

Fuentes:

Catálogo de patrimonio cultural venezolano 2004-2006. Instituto del Patrimonio Cultural. Caracas 2005

Contreras, Adán. Funcionario de la Secretaría de Infraestructura y Ordenamiento Territorial (SIOT). Entrevista oral, 9 de mayo de 2017.

Obreros de la Dirección de Servicios Públicos de la alcaldía de Barinas. Entrevistas orales, 9 de mayo de 2017.

Pérez, Cora. Profesora y vecina de la plaza. Entrevista oral, 5 de mayo de 2017.

Investigación: Marinela Araque Rivero.

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1 Comentario en La plaza Bolívar de Barinas pierde la partida

  1. Manuel Darìo Gruber Contreras. // mayo 12, 2017 en 4:27 pm //

    Me gustò mucho eso de “el poder invoca al héroe mientras patea su memoria”. està incisivamente certero, Marinela. Te felicito por el reportaje. Eres especial en esto de la crònica sobre nuestro patrimonio. MDG

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