Espejo Solar, de Alejandro Otero

Foto: Xiomara Jiménez.

Foto: Xiomara Jiménez.

Nombre: Espejo Solar.

Autor: Alejandro Otero.

Año: 1973-1974.

Tipo de patrimonio cultural: Tangible/Mueble.

Administrador custodio o responsable: Universidad Simón Bolívar.

Historia
Descripción
Valores patrimoniales
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

“Espejo Solar” del maestro Alejandro Otero, sin duda representa una de las piezas más emblemáticas de la colección de la Universidad Simón Bolívar, con un repertorio que incluye obras de arte colonial, telas, grabados e importantes piezas sobre papel, las cuales son todas obras representativas del arte latinoamericano y venezolano del siglo XX. También se observa a lo largo y ancho del campus universitario, esculturas icónicas que forman parte de su espacio público.

Historia

“Espejo Solar”, tal como reseña la publicación La Universidad Simón Bolívar a través de sus símbolos (Editorial Equinoccio, 2005), se logró gracias a un donativo que hiciera el Banco Caracas en el año 1973. La obra fue ejecutada según el diseño de su autor por la empresa Galería Conkright S. A., y se instaló al aire libre, al igual que otras piezas a escala cívica del maestro Otero, en un sector privilegiado del recinto universitario, coincidiendo con la creación de la sección norte de su reconocido jardín, el 19 de enero de 1974.

A raíz de la obtención en el año 1971 de la beca Guggenheim, (Fundación que estimula con su reconocimiento a escritores, artistas y otros representantes prestigiosos del mundo de la creación a escala internacional) Alejandro Otero se dedica a profundizar sus ya avanzadas investigaciones sobre monumentos cívicos y su relación con el viento, la luz o el clima. Dicho acontecimiento desemboca en la producción de diversas esculturas enormes y abiertas, cuyo propósito era crear una gama de juegos luminosos y de movimientos, estimulado por las corrientes cinéticas.

Las estructuras, en general de una resolución bastante rígida, sorprenden por la sensación de levedad y transparencia, elementos que se catapultan, gracias al poder de la luz y sus consecuentes cambios. Por medio de una serie de aspas, y a través de mecanismos diseñados a la manera de molinillos de viento, se hacen visibles los efectos luminosos del metal.

Gloria Urdaneta, curadora del importante acopio de piezas de la Simón Bolívar, hizo referencia al significado, si se quiere, simbólico de la obra hecha para la universidad.

Recordó el esfuerzo de Ernesto Mayz Vallenilla -en ese entonces rector (1973)- quien se dedica a promover la necesidad de fundar un ambiente en el que arte y las humanidades estuvieran presentes como parte del perfil académico destinado para el centro de estudios. Su idea fue siempre procurar una mayor amplitud de pensamiento entre profesores y estudiantes de las diversas áreas científicas ofertadas por la universidad.

So pretexto de acometer investigaciones artísticas con elementos tecnológicos y nociones netamente científicas, se puede afirmar que Alejandro Otero fue uno de los artistas más activos en esa correspondencia entre arte y ciencias que aspiraba Mayz Vallenilla.

Proceso de montaje.

Proceso de montaje.

Formalmente, durante la  estancia del artista – por el año 71- en el Centro de estudios avanzados del MIT (Instituto tecnológico de Massachusetts)  participó en equipos de estudio multidisciplinarios que “estudiaron y practicaron la relación entre arte y ciencia en el mundo contemporáneo”, como señala el “Diccionario biográfico de las artes visuales en Venezuela”.

De esta manera, el “Espejo solar” del artista, no sólo pasaría a ser parte de un espacio acorde con ese principio interdisciplinario que impactaría el ámbito académico en el cual se halla circunscrito, sino que la pieza en sí, representaría el resumen de una indiscutible asociación.

Sobre este aspecto tan en boga por los años setenta, podríamos recordar, entre otros documentos, las columnas de prensa que durante una buena parte de la década del setenta y subsiguientes, desarrolló la periodista Margarita D’Amico, (en diarios como “El Nacional”, “El Universal” y otras publicaciones) acerca de imágenes y experiencias acontecidas en el Instituto de investigaciones científicas (IVIC) así como los numerosos ensayos que escribiera el propio Otero, acerca de su preocupación por un arte a contracorriente de los encasillados conceptos de la figuración, y más a tono con la acción de una sociedad de pensamiento más contemporáneo.

El “Espejo solar” de Otero, así como toda la serie que el artista  desarrolla en esa dirección, y que tituló siempre con el vocablo complementario: “Solar”, de alguna manera guarda los ecos de su infancia en el Estado Bolívar.

Como se recoge en el siguiente texto de Génesis Álvarez: “Su trabajo era como la búsqueda del reflejo del sol en las aguas del Orinoco, dando su propia visión del mundo a través de la luz”.

La asociación es perfectamente plausible, si consideramos la ubicación específica de esta obra en la pequeña laguna de los jardines universitarios, construida especialmente para potenciar su efecto reflectante.

Entre los años 2009 y 2013, luego de un largo y engorroso proceso entre la Universidad, la búsqueda de algunos entes financieros, y la participación de PDVSA, institución que había prometido compartir sus recursos para la restauración, tanto del “Abra Solar” de la Plaza Venezuela, como del monumento de la Universidad, “finalmente -comenta Gloria Urdaneta- se logra contratar al artista Alfredo Ramírez para que realizara el desmantelamiento y la reposición de “Espejo Solar”. Señala la curadora que Ramírez “era un conocedor inmejorable de la tradición artística de Otero, y ya había restaurado el complejo mecanismo de otras piezas importantes del maestro”. Para ese entonces “transcurrido tanto tiempo entre las negociaciones y la mencionada contratación, la obra ameritaba de un cuido inminente”.

Destaca Urdaneta que luego de interminables reuniones para definir un acuerdo “los funcionarios de PDVSA se negaron a compartir los fondos prometidos por el organismo gubernamental, manifestando su indisposición de participar en el proceso de conservación, debido a reservas fundadas en el carácter  privado de la universidad”.

Por su parte, Arturo Gutiérrez Plaza, reconocido intelectual venezolano, profesor de la USB y Director por algún tiempo del área de extensión y cultura, reveló que “por desgracia, como casi todo en nuestro país, tristemente, nunca se tomaron las previsiones de mantenimiento de las obras, y como suele suceder, los grandes esfuerzos se pierden por falta de planificación”.

Agregó que “sin duda la pieza de Otero, así como otras de su envergadura, constituyen un símbolo importante para la Universidad. Pero, a pesar del esfuerzo que se hizo por dar un rostro interesante al campus de estudio, los programas patrimoniales surgieron toda vez que fueron apareciendo las necesidades”.

Gutiérrez Plaza, aclaró: “ que por sugerencias del propio departamento a su cargo, fue creada la dependencia de Patrimonio de la USB, y todas las iniciativas en materia de conservación, han sido logros de la gestión de Gloria Urdaneta”.

“La pieza fue íntegramente desmantelada, se cambiaron los mecanismos de rolineras y varillas metálicas, se le dio un recubrimiento apropiado para proteger el metal y así evitar la oxidación de la estructura”, relató Urdaneta.

“En el momento en que estuvo reparada y lista, pudimos verla funcionar tal como fue pensada por el artista”. Urdaneta comenta que ese día el viento, la luz, y todos los mecanismos recuperados, funcionaron a la perfección, dando un espectáculo con sus giros y sutiles destellos de luz”.

“La obra quedó funcionando tal como la concibió el propio Alejandro Otero”, concluyó Gloria Urdaneta.

Descripción

En la denominada “isla”, hacia la parte norte del parque universitario que se extiende por todo el complejo educativo, a un costado de la entrada principal, se divisa la creación de Alejandro Otero.

La escultura “Espejo Solar”, es una obra diseñada en proporción a la escala del espacio que ocupa. Se trata de una estructura metálica, como todas las piezas pertenecientes a la serie de las llamadas “Abras” del artista, y combina hierro estructural y algunos segmentos de acero inoxidable.

La obra tiene unos siete metros y medio de altura aproximados, por trece metros de ancho. A primera vista, parecieran alzarse dos volúmenes tridimensionales, que en la práctica, no son sino una  estructura única, calada y fija que presenta dos niveles de altura, anclados en una serie de perfiles de hierro entrelazados como asiento del conjunto.

En sus partes internas, la escultura trasciende toda su fijeza, por el hecho de albergar una serie de aspas metálicas cóncavas (treinta y dos en total) que giran sobre su propio eje, otorgándole esa apariencia de rara inmaterialidad que tienen las obras del maestro Otero.

Los giros de cada uno de estos segmentos curvados, se dan gracias al viento, que, en combinación con la luz, hacen de la rígida estructura, un cuerpo firme pero al mismo tiempo móvil y ligero.

Valores patrimoniales

“El “Espejo Solar” de Alejandro Otero en la Universidad Simón Bolívar, puede considerarse como una de las más importantes “adquisiciones” patrimoniales de esa casa de estudios”, así lo refirió el profesor del post-grado de Literatura, Arturo Gutiérrez Plaza.

Transcurridas las etapas iniciales de la modernidad en nuestro país, y una vez conquistado el espacio de relación entre arte y arquitectura, las obras de numerosos creadores se convirtieron en una presencia urbana.

Plazas públicas, urbanizaciones, paseos o avenidas, además de las obras que fundan la Universidad Central de Venezuela, proyecto en el que Alejandro Otero participa de manera destacada, eran un referente simbólico.

Pero la presencia del arte en este particular recinto académico que habría de ser la Universidad Simón Bolívar, para la época de su fundación, a finales de los años sesenta, anunciaba la conquista del mundo contemporáneo.

Por un lado, estaría el hecho de que las piezas de arte ubicadas en ese recinto, pasarían a vigorizar la propuesta de una institución universitaria concebida (inicialmente) como un centro de formación científica, pero con el plus de un espacio de integración, ya no de las artes plásticas a la arquitectura, sino de estas, a la ciencia.

Por otra parte, se favorecen nuevas revelaciones en el diseño de las obras mismas, sus materiales, sus mecanismos internos, conjuntamente con la industriosa aventura de su ejecución, y  esto se da en concordancia con algunos principios de la física, la química o la ingeniería de dichas estructuras.

Los volúmenes urbanos del artista que tanto impresionaban en Caracas y otras ciudades locales e internacionales, podían también ser vistos e interpretados por los residentes del centro educativo que aspiraba ser la Universidad.

El “Espejo Solar” de la USB, no sólo complementa lo que sería la definición del centro de estudios, sino que se suma como una obra más de la serie de investigaciones del propio Otero, en materia de esculturas cívicas monumentales.

Con su presencia, se hace notorio el cambio radical que se produce en la escultura, al pasar de ser una pieza cerrada – lo que se denomina la escultura de bulto- a un elemento más dinámico, abierto, calado y con posibilidades reales de interpretar el movimiento y también, el tiempo.

Como afirma Juan Carlos Palenzuela:  “Ahora la idea de escultura no está sujeta ni a la contundencia de la masa ni a la verticalidad. Ahora es aun más complejo, dadas las categorías de lo expansivo, de lo inmaterial, del nuevo valor del tiempo”.

Detrás de este homenaje a lo solar que realizó Alejandro Otero con el “Abra solar”, la “Torre solar” o el “Espejo solar”, entre otras obras dedicadas al tema, se podría decir que si bien está presente algo del paisaje de su infancia en las aguas del río Orinoco, las piezas también son consecuencia de un momento en el desarrollo de uno de nuestros principales recursos energéticos.

El país asistía al crecimiento de las industrias del hierro, el acero, el aluminio. Se abría la posibilidad de usar la energía de la zona con sus recursos acuíferos y la fuerza eólica, elementos reunidos en esta, y otras obras del mismo talante, al exhibir todo el esplendor de las estructuras en movimiento que proponía el artista.

Situación actual

Luego de visitar la Universidad (a finales de mayo de 2016, y posteriormente en el mes de septiembre)  se pudo verificar que la escultura no posee ninguna sección faltante, ya que todos sus componentes, conformados por varillas metálicas, aspas de aluminio y perfiles de anclaje que ensamblan la estructura, están completos y en aptas condiciones de funcionamiento.

Sin embargo, en esa ocasión se pudieron observar algunas abolladuras en varias de las veletas o aspas de aluminio de la escultura. Sobre este asunto, Urdaneta comentó que “tales deformaciones se deben a ciertos pájaros que se golpean contra la escultura, cosa que es muy difícil de controlar”.

En la visita también se detectaron algunas manchas de apariencia ferrosa y de moho en las vigas o perfiles de sostenimiento, así como cierta opacidad en la mayor parte de la estructura. Al respecto Alfredo Ramírez, artista y conservador de varias de las obras del maestro, detalló que “por razones de costos, durante el proceso de restauración de “Espejo Solar” (realizado de manera discontinua entre los años 2009 y 2013) no se pudo hacer un tratamiento de termo-rociado con químicos que prolongaran su estado de conservación, a pesar de que se le dio un acabado con epóxicos de altísima calidad y la obra quedó perfectamente restituida”.

Luego de puntualizar que esta obra está constatemente expuesta a factores ambientales que pueden deteriorarla, sobre las manchas observadas aclaró que “lo que parecen ser rastros de óxido, en realidad son las secuelas de una bacteria que se alimenta de metales, y que vive en esa hondonada donde, precisamente, se encuentra la obra”. Ramírez observó que “ por su situación en ese lugar, esta obra en particular, habría que rehacerla íntegramente en acero inoxidable para que no siga corriendo más riesgos”.

Ubicación

Carretera Principal de Baruta. Urbanización Sartenejas, Universidad Simón Bolívar, Caracas, Estado Miranda.

Fuentes consultadas

Entrevista realizada a Gloria Urdaneta en 2016.

Entrevista realizada a Arturo Gutiérrez Plaza en 2016.

Palenzuela, Juan Carlos. La tradición de las formas, Galería de Arte Odalys, 2007.

Jurado de Baruch, María Teresa. La Universidad Simón Bolívar a través de sus símbolos, 2 ed., Editorial Equinoccio, 2005.

 

Investigación realizada por Xiomara Jiménez.

 

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