El realismo social en los murales de Valencia (1er. Premio Concurso “Carabobo: Dale voz a tus monumentos”).

Este trabajo,  escrito por Mauricio Luzuriaga, recibió el primer premio del concurso “Carabobo: Dale voz a tus monumentos”, realizado para la comunidad universitaria del estado Carabobo. Este evento fue organizado por IAM Venezuela con el patrocinio de la Fundación Arts Connection. Contó con la coordinación de Lizett Álvarez, de la Galería Braulio Salazar. En su texto, Luzurriaga hace una introducción sobre el muralismo mexicano y su influencia en artistas venezolanos, para luego proponer un recorrido guiado por los murales del casco histórico de Valencia y sus alrededores.

I. El Realismo Social
II. Tour de Murales en Valencia
Referencias

Mauricio Luzuriaga

I. El Realismo Social

En el casco histórico de Valencia se halla un importante cuerpo de obras murales cuya importancia no ha sido aún visibilizada, estudiada, o reconocida. Se pueden visitar en un circuito peatonal de cinco cuadras. Estas obras fueron realizadas durante un movimiento artístico denominado realismo social (1), tendencia que expresaba los sueños de progreso de la modernidad.

Este movimiento se gesta en Venezuela y otros países latinoamericanos como reflejo de los desarrollos del muralismo mexicano (2). Sus mayores exponentes, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Clemente Orozco, indudablemente influyeron en artistas como Alejandro Colina, Braulio Salazar y Eulalio Toledo Tovar.

El programa muralista mexicano tenía el objeto de crear la nueva identidad nacional y cultural del país azteca. Los muralistas Diego María Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, seguidos por Rufino Tamayo y Juan O’Gorman, fieles al carácter sincrético del pueblo mexicano, practican una suerte de unión del pasado prehispánico con el arte indígena y el estilo clásico aprendido en su formación académica.

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David Alfaro Siqueiros. “El pueblo a la universidad, la universidad al pueblo”, UNAM, Mexico D.F. 1952.

El muralismo se plasmó en las paredes de piezas  arquitectónicas utilizadas como soporte; lo que se evidencia en edificios como la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del artista mexicano Juan O’Gorman; o el mural por David Alfaro Siqueiros, en el muro sur del edificio de la rectoría de la misma UNAM.

En corto tiempo el muralismo mexicano se volvió un movimiento de tales dimensiones que se le llegó a considerar como la más grande escuela nacional de pintura mural desde el Cuatrocento y el Cinquecento. El muralismo mexicano, que actúa como propaganda desde el estado, no solo influyó en naciones latinoamericanas sino que los artistas mexicanos representaron con su llamativo estilo el nuevo paisaje industrial moderno de Estados Unidos gracias a importantes encargos corporativos en ese país, entre ellos las empresas de las familias Ford y Rockefeller.

Es necesario remarcar que los movimientos nacionalistas tomaban fuerza en todo el planeta. En Alemania el nacional-socialismo o nazismo, el imperio japonés, el fascismo italiano, el stalinismo soviético e incluso el franquismo en España. Mientras tanto en Venezuela, es la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935 la que propicia las condiciones para el surgimiento de un arte revolucionario nacionalista. El fin de la opresión del tirano posibilita un arte de reclamo social y manifestaciones que representen a las masas, la invención de una nueva imagen figurativa y el contenido social.

A diferencia del nacionalismo mexicano, que llega a crear íconos vivientes como María Félix, famosa actriz que en sus películas encarna a “una desafiante hembra, guerrillera, mujer liberada” (3), en Venezuela el realismo social no alcanza un carácter revulsivo, combatiente o propagandístico, sino que se acota dentro de una mesurada denuncia acerca de la pobreza heredada, una añoranza apacible por el campo que empieza a dar paso a la urbe. El trabajador del campo o la ciudad representado en el realismo social a la venezolana no tiene actitud contestataria, sino que quiere mostrar su dedicación al trabajo y anuncia de modo entusiasta la fe en el porvenir.

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Pedro Centeno Vallenilla. Círculo de las Fuerzas Armadas-Caracas. 1956.

Por otra parte, ante la carencia de crónicas exactas acerca de héroes autóctonos reconocibles, aparece la necesidad de inventar una identidad figurativa. Así, prácticamente por decreto ejecutivo, con auspicio de los gobiernos venezolanos nacionalistas, se da forma y figura a personajes míticos heroicos como María Lionza, Tiuna o Guaicaipuro, siendo los artistas Colina, Rengifo y Centeno Vallenilla los creadores de aquellas imágenes que hoy identificamos como nuestros personajes  indígenas de significación (4).

En Caracas, la influencia de los muralistas mexicanos se verifica en artistas como Héctor Poleo cuyo estilo proviene principalmente de la obra de Rivera; Pedro León Castro; Gabriel Bracho, cuyo mentor fue David Alfaro Siqueiros; y César Rengifo influenciado por sus mentores mexicanos Diego Rivera y José Clemente Orozco.

Pedro Centeno Vallenilla desarrolla una estética propia que amalgama lo clásico con lo exótico tropical. Se convierte en uno de los artistas encargados “diseñar” de un modo idealista buena parte de la nueva iconografía histórica de motivos nacionalistas, promulgada por un nuevo dictador, Marcos Pérez Jiménez.

Hay artistas plásticos cuya obra se relaciona con un realismo de intención americanista como Francisco Narváez y Juan Vicente Fabbiani, mientras otros coinciden en privilegiar la figura humana o el tema social, tales como Armando Barrios y el valenciano Braulio Salazar, entre otros (5).

Alejandro Colina (6), acusado de comunista y antiguo perseguido político de Gómez, se erigió como el más alto representante de la tendencia indigenista en nuestra escultura. Su temática constituye una exaltación alegórica de la fuerza de la raza autóctona y un expresionismo de escala monumental.

Una de sus más tempranas obras las realiza en Valencia, ciudad en la que realizó trabajos de construcción que incluían reparaciones de las techumbres de la Catedral en la Plaza Bolívar (trabajos poco acertados ya que eliminó la visión inferior de cúpulas originales reemplazándolas por losas de hormigón y plafones).

Alejandro Colina. Indio Guacamaya, Valencia, 1942.

Alejandro Colina. Indio Guacamaya, Valencia, 1942.

Entre esa obra temprana está la escultura el Indio de Tacarigua, contratado por el urbanista Víctor Rotondaro, y elaborado en 1942 en piedra artificial. La obra se conforma por un personaje indígena masculino, coronado por un tocado en forma de guacamayo. El personaje tiene una rodilla en la roca y sujeta a sus espaldas un chinchorro. A sus pies se desenvuelve una fuente de agua con variadas imágenes pictóricas de motivos orgánicos y geométricos indígenas. Esta obra es realizada una docena de años antes de crear la célebre María Lionza en 1954, mito de una hermosa mujer cabalgando sobre una danta.

Posteriormente, en 1953, Colina realiza en Valencia, la escultura del Piache Yarijú. Los murales de Colina son descritos en el recorrido del tour.

II. Tour de murales en Valencia

Como herramienta ilustrativa se presenta un mapa del tour o circuito, planteado como una caminata de 5 cuadras con 8 paradas. El recorrido puede realizarse en aproximadamente una hora y media o dos de duración. Casi todas las paradas están localizadas en el casco histórico de la ciudad.

Parada 1: Teatro Imperio

En una esquina de la Plaza Bolívar, inicio del circuito, se encuentra el semi-abandonado Teatro Imperio, edificio de estilo Art Decó estilo adoptado por la franquicia de sus propietarios originales. El edificio, de valor histórico y arquitectónico, requiere ser rescatado y tiene un gran potencial para su puesta en valor. En el vestíbulo de este teatro se encuentra una cenefa en alto relieve ejecutada en 1941 cuya autoría se atribuye a Alejandro Colina (7) por la coincidencia cronológica de su estadía en Valencia y por una lectura un tanto sesgada, de las iniciales visibles en porciones de la obra. El relieve realizado en estuco de yeso consta de una composición, también en estilo Art Decó, con adornos geométricos, ciervos, musas y curiosamente máscaras teatrales con rasgos indigenistas. Lastimosamente grandes porciones de la cenefa han sido quemadas y destruidas por falta de cuido de los múltiples ocupantes que ha tenido el edificio a lo largo de los años.

Atribuida a Alejandro Colina. Cenefa en Teatro Imperio. 1941.

Atribuida a Alejandro Colina. Cenefa en Teatro Imperio. 1941.

Parada 2: Plaza Bolívar

El realismo social se hace presente en otra obra de Alejandro Colina, ubicada en la Plaza Bolívar. Su temática constituye una exaltación alegórica de la fuerza de la raza autóctona (8).

En la plaza se encuentra un podio de retreta que en su cara sur presenta dos relieves con personajes caracterizados por una poderosa musculatura corporal, expresión anatómica y vigorosa de la forma humana.  En ambos, una mujer ofrenda al fuego y al agua una cabeza decapitada y un recién nacido respectivamente. En entrevista sostenida con el antropólogo Dr. Ronny Velásquez, se especuló que puede tratarse de ceremonias conocidas como un Incensario Indígena, mientras la autora Aminta Díaz (9) los identifica como pasajes bíblicos.

Paradas 3 y 4: Plaza Sucre y edificio Las Guacamayas

Entre 1947-48 el artista valenciano Braulio Salazar (10) obtuvo una beca de estudios en México donde conoció a dos muralistas reconocidos. Estudió las técnicas más empleadas por David Alfaro Siqueiros y se interesó en la pintura cubista con la que Diego Rivera experimentó tempranamente.

En estas paradas, Braulio Salazar realiza una obra en mosaico en un muro monolítico de la Plaza Sucre y otro en la fachada oeste del edificio Las Guacamayas.

La primera responde a un encargo del arquitecto colombiano Jaime Hoyos y tiene un estilo abstracto con trazos cubistas. Braulio Salazar explicaba años antes que los pintores del abstracto “se han apartado de la realidad humana y social”, por lo que sus incursiones en el abstracto geométrico son contadas.

La de la Plaza Sucre es una obra excepcional en su carrera, al igual que la que se encuentra en la Ciudad Universitaria, un encargo del maestro Carlos Raúl Villanueva en forma de un vitral abstracto simbólico para el Hospital Clínico Universitario en Caracas.

La segunda obra es otro mural con la característica de ser un proyecto de integración de las artes, ya que el mosaico forma parte integral de la arquitectura de un edificio moderno de corte internacional. El mural se adosa a la fachada oeste del edificio, mostrándose hacia la Plaza Sucre y tiene un claro corte indigenista nacionalista con motivos propios de la colorida fauna de aves originarias locales, notando que las alas parecen estar compuestas por flamas que quieren ser abrazadas por una figura masculina de rasgos nativos.

Es evidente que ninguna de las dos obras presenta signos de mantenimiento a lo largo de los años. La primera muestra fallas estructurales importantes y ambas tienen porciones de mosaicos faltantes.

Paradas 5, 6 y 7: Instituto Celis

El edificio del Instituto Celis Pérez muestra tres obras murales, todas financiadas por un mecenas local dedicado a la medicina. La primera se encuentra hacia el acceso al edificio. Es una obra de Braulio Salazar que escenifica un mural de mosaicos en el que resalta una dualidad estilística, por un lado figuración sintética y por otro abstracta. Se trata de dos personajes indígenas de piel cobriza, uno de ellos sostiene un instrumento musical de viento. La composición tiene una dinámica que deriva en motivos que parecen ser naturalistas pero de trazo abstracto-geométrico.

Braulio Salazar. Instituto Celis Pérez, Valencia. 1957

Braulio Salazar. Instituto Celis Pérez, Valencia. 1957

En el vestíbulo del edificio aparecen dos obras de Eulalio Toledo Tovar (11), una es un fresco y otra un gran cuadro. En 1946 Toledo Tovar estudió pintura en el Politécnico de México donde contactó a los muralistas mexicanos, de los cuales adopta las técnicas del fresco y del mosaico.  Ambas obras develan un enfático significado social. El mural tiene como temática la historia de la medicina local, su evolución desde técnicas shamánicas con serpientes, plantas y frutos, hasta modernas técnicas de quirófano, en un fondo que preconiza desde el desembarco conquistador en playas venezolanas hasta modernos aviones surcando los cielos sobre campos y ciudades. La obra muestra avanzado grado de deterioro, posiblemente irreversible, debido a la humedad.

Eulalio Toledo Tovar. Instituto Celis Pérez, Valencia. 1957.

Eulalio Toledo Tovar. Instituto Celis Pérez, Valencia. 1957.

El cuadro es prácticamente un mural portátil, por tener un soporte de madera de gran tamaño. Se trata de una clase de medicina, probablemente impartida por Celis Pérez, a nueve atentos colegas, como una oda a la profesión médica.

Eulalio Toledo Tovar. Instituto Celis Pérez, Valencia. 1957.

Eulalio Toledo Tovar. Instituto Celis Pérez, Valencia. 1957.

Al salir rumbo a la parada 8 se debería mencionar que en el casco histórico hubo murales que fueron demolidos y por tanto eliminados de nuestro imaginario. Entre ellos, dos frescos de Eulalio Toledo Tovar que abordaban la evolución histórica de Valencia, ubicados en el edificio del Banco Consolidado; así como unos murales de Braulio Salazar, demolidos en el edificio antiguamente ocupado por el Banco Carabobo. Más que hablar de un complot conspirativo que trate de acallar las manifestaciones del realismo social, se podría especular que esas y otras obras desaparecieron más por el desinterés público que no entendió que se trataba de obras que expresaban su tiempo.

Hay que recordar que para abril de 1951 la VII Asamblea Nacional de Fedecámaras decidió promover la ciudad de Valencia como centro industrial de Venezuela. Adicionalmente, el primer Plan de Desarrollo Urbano para Valencia, elaborado por la Comisión Nacional de Urbanismo, fue aprobado por el Concejo Municipal en 1953 (12).

Ambos instrumentos dan pie al advenimiento de la Modernidad. Valencia registra una de las  más altas tasas de crecimiento por migraciones del continente en ese momento.

Parada 8: Escuela de Derecho de la Universidad de Carabobo

Tanto en el guariqueño Eulalio Toledo Tovar como en el valenciano Braulio Salazar sus conocimientos sobre la escultura y la técnica mural inciden en las dimensiones monumentales de sus obras. Sus temas son de carácter popular exaltan los sucesos de los hombres y de su tierra. Se diría que cónsonos al crecimiento pujante de la ciudad, ambos evaden el realismo al estilo socialista soviético y no sienten que deban manifestar políticamente el “compromiso del artista”. Más que la miseria desean previsualizar un futuro promisorio, donde la riqueza del petróleo sea trasladable a toda la sociedad.

Eulalio Toledo Tovar. Universidad de Carabobo Escuela de Derecho. 1962.

Eulalio Toledo Tovar. Universidad de Carabobo Escuela de Derecho. 1962.

El mural de Toledo Tovar en el edificio de la Escuela de Derecho de la Universidad de Carabobo, otro ejemplo de síntesis de las artes,  muestra escenas de enseñanza académica. La obra incluye una figura femenina desnuda que representa a la justicia que domina una escena de alegorías que reivindican el estudio, la química, las ciencias exactas, la industria y el avance tecnológico. Interesantemente, la presencia de personajes de diferentes procedencias étnicas muestra una implícita solidaridad entre diferentes estratos sociales.

Múltiples porciones del mosaico se han desprendido y son necesarios trabajos de reposición y consolidación de los mismos para preservar la integridad de la obra.

Más Allá. Parada 9: Torre Hércules

Realizado en los años 80, es decir en una época posterior al lapso histórico en que se desarrolló el realismo social. El personaje central del relieve es “Hércules”, un héroe mitológico del clasicismo romano. Sin embargo, Toledo Tovar aborda ésta placa de metal fundido con trazos estilísticos asociables al realismo social.

Eulalio Toledo Tovar. Torre Hércules, 1982.

Eulalio Toledo Tovar. Torre Hércules, 1982.

Más Allá. Parada 10: Edificio Cámara de Comercio

Hacia el norte del casco histórico se encuentran otras obras del mismo período. Una de ellas es el gran mural en escala monumental que Braulio Salazar realizó en cerámica, denominado “La evolución del mundo” de 1964, obra de síntesis de las artes. Salazar hace una apología optimista de la Valencia y la Venezuela por hacer. Una poderosa mujer desnuda, armada con una herramienta mecánica y quien a su vez aparece en postura y gesto de alumbramiento, es el eje central y casi simétrico de una ambientación futurista que ennoblece el trabajo en el mar, el campo, la ciudad industrial, los cielos e inclusive el espacio, ya que es visible una réplica del Soyuz, el primer satélite artificial y quizás veladamente una de las pocas referencias a la revolución soviética, sin rebasar lo propagandístico.

Braulio Salazar, “La Evolución del Mundo” Edificio Cámara de Comercio. 1964.

Braulio Salazar, “La Evolución del Mundo”, 1964. Edificio Cámara de Comercio. .

Más Allá. Parada 11: Colegio de Médicos de Carabobo

Siguiendo hacia la calle de Los Colegios, en el descanso de la primera escalera del Colegio de Médicos de Carabobo se encuentra una nueva obra de Toledo Tovar. Una composición circular presenta una sintética historia de la medicina y el derecho a la salud. En ella aparecen shamanes, doctores, enfermeros y pacientes experimentando tratamientos que van de la medicina tradicional a la moderna profesional. Es la única pieza del recorrido que ha tenido una restauración realizada de un modo técnico.

 Eulalio Toledo Tovar. “La Salud Debe Ser Lo Primero” Colegio de Médicos. 1953.

Eulalio Toledo Tovar. “La Salud Debe Ser Lo Primero” Colegio de Médicos. 1953.

De temática similar, aunque no apuntado en este recorrido, se encuentra otro mural del mismo autor, en el Colegio de Abogados de Carabobo, que hace una apología a la justicia desde el punto de vista del profesional de las leyes.

Las manifestaciones murales locales del realismo social se encuentran casi todas en pésimo estado de mantenimiento. Debemos promover su apropiación y cuido como patrimonio de la ciudad para así tornarlas parte de nuestro imaginario ya que representan una oportunidad para releer nuestra ciudad, entender un período de nuestra  historia como pueblo y cultura y luego servirnos como base para nuestra proyección identitaria hacia el futuro.


Nota del autor: Gracias a esta oportunidad del concurso “Dale Voz a tu Monumento” el circuito denominado Realismo Social se desarrolló como proyecto modelo a expandirse al resto de la ciudad. Se propone una serie de tours o circuitos en toda la ciudad, entre ellos: Los Disidentes y el Abstraccionismo Geométrico, El Cinetismo y Constructivismo, El Realismo Mágico, la Síntesis de las Artes en Valencia.

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Referencias

(1) En Venezuela, el realismo social, tiene una temática de contenido indigenista o contestatario. Se centra en los conflictos sociales, en el drama del hombre y de la tierra, del agro y de la ciudad.

(2)  El muralismo mexicano buscaba magnificar y expresar alegóricamente la historia de la emancipación política, el trabajo de los campesinos y obreros y la condena a la colonización. (Lambert, 1981. p. 66).

(3) NORIEGA, Simón, (1989). El realismo social en la pintura venezolana: 1940-1950.

(4) GONZÁLEZ CASAS. Lorenzo y MARÍN, Orlando. (2008).  En Tiempos Superpuestos: arquitectura moderna e indigenismo en obras emblemáticas de Caracas de 1950. Apuntes vol. 21, núm. 2.

(5) CALZADILLA, Juan (2012). Breve historia de las artes plásticas en Venezuela. Caracas. GAN.

(6) COLINA, C. (Comp.). (2002). Alejandro Colina. El escultor radical. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.

(7) Entrevista al cultor e historiador del arte valenciano Quintín Hernández.

(8) COLINA, Carlos, compilador. Alejandro Colina, escultor épico y mitológico. Carlos Maldonado Burgoin.

(9) DÍAZ, Aminta, (2014) Colina. Ediciones Florilegio, Caracas.

(10) Galería Braulio Salazar http://galeria.uc.edu.ve/biografia09.php

(11) Retrospectiva para recordar al gran pintor Eulalio Toledo Tovar.       http://historiadevalenciaysusforjadores.blogspot.com/2013_07_01_archive.html

(12) ATIENZAR, Sara,  (2014). Los planes urbanos y la pérdida del patrimonio. La modernidad de Caracas y Valencia en 1950.

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