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Edgardo Mondolfi: “Congreso venezolano al rescate de la tradición deliberativa de la república”

Registro fotográfico: Luis Chacín.

Edgardo Mondolfi. Foto Luis Chacín. Caracas, 2016.

Un recorrido por el congreso venezolano en dos siglos de historia republicana realizó el historiador, profesor y secretario de la Academia Nacional de la Historia en el foro “Patrimonio Cultural y Asamblea Nacional”, organizado por IAM Venezuela y la Unimet, y patrocinado por la Fundación Arts Connection.

Lisseth Boon

El valor político e histórico del parlamento venezolano durante dos siglos de historia republicana fue resaltado por el historiador Edgardo Mondolfi en el foro “Patrimonio cultural y la Asamblea Nacional”, que tuvo lugar el martes primero de marzo de 2016 en la Universidad Metropolitana de Caracas (Unimet).

Organizado por el Institutional Assets and Monuments of Venezuela (IAM Venezuela) y el Departamento de Humanidades de la Unimet, el encuentro reunió a expertos en el área de historia y patrimonio para analizar el significado de la apertura de la Asamblea Nacional en la restauración de la identidad cultural del país.

Mucho antes del Congreso de 1873, que sesionó por primera vez en la sede del Capitolio en Caracas que se conoce en la actualidad, existieron muchos parlamentos en Venezuela, aclara Mondolfi. “La concurrencia de los tres más importantes del siglo XIX: el Congreso de 1811 (el primero nacional y de América Latina), Congreso de Angostura de 1819 y el Congreso de Valencia de 1830,  sumó un total de 121 diputados, lo que da una idea de la dimensión del país hace dos siglos, donde no todos los habitantes de la confederación de Venezuela estaban representados”.

Mondolfi identifica dos tipos de congresos a lo largo de dos siglos: los ordinarios (en tiempos de relativa rutina constitucional) y los constituyentes, que resultan más interesantes cuanto más polémicos. “Por un lado,  están los llamados a reconstituir el sistema político o introducir prioridades de carácter constitucional. Pero por otro, hay los que emanan de la voluntad de poder de quien ejerce la autoridad ejecutiva, sirviendo para colmar proyectos personalistas de poder”.

Dos de los congresos constituyentes más importantes son los fundacionales: el de 1811, que decidió constituir el Estado venezolano independiente de la corona española, proclamando la primera constitución;  y el de Valencia de 1830, que declaró la separación de Venezuela de Nueva Granada (Colombia), reafirmándose  como república laica, federal, alternativa y liberal, destaca el historiador.

La experiencia deliberativa era una absoluta novedad en el siglo XIX, describe Mondolfi. “En el mundo español de estas orillas del Atlántico no existía la tradición de las cortes. Lo más cercano al ejercicio del debate  eran los cabildos, pequeños pero importantes, limitados a  los blancos criollos en los poblamientos urbanos de la provincia de Venezuela. Muchas veces se reunían para debatir problemas comunes”.

Un aporte importante del llamado Congreso de las Provincias Unidas de Venezuela de 1811 fue la concepción de un cuerpo deliberativo de carácter permanente con asiento original en Caracas y luego en Valencia, que contó con un aparato formal de conducción, es decir, una secretaria y un órgano de prensa que recogía las discusiones en el marco del congreso.

El sentir de cada una de las provincias fue recogido en las actas del Congreso de 1811 que sobreviven hasta hoy. “En ellas están expresadas las necesidades regionales, lo que sus representantes demandaban para las provincias de una república que recién debutada. También se refleja el temor y la desconfianza que despertaba en papel preponderante de la representación de Caracas”, describe Mondolfi.

Aquel  congreso inicial duró apenas dos años (1811-1812) por el estallido de la guerra, pero no por ello se dejó de hacer intentos por convocar otros congresos, detalla el historiador: “Conferían legitimidad a la causa independentista,  seguridad al régimen republicano y reconocimiento a la naciente república por parte del resto de los países extranjeros”.

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Uno de los congresos convocados en medio de la guerra fue el de Angostura en 1819, que adoptó una nueva constitución y en  el que Libertador Simón Bolívar pronunció uno de sus más conocidos discursos. También, agrega el historiador, este congreso estableció una de las principales características estructurales que se mantuvo hasta 1998: la división bicameral entre senadores y diputados.

En el Capitolio

El Congreso de 1873 tiene una particularidad: se reúne por primera vez en el vigente Palacio Federal Legislativo, construido por el mandatario de entonces, Antonio Guzmán Blanco, quien al leer su mensaje anual ante las dos cámaras, instauró una tradición que se mantiene hasta el siglo XXI:  que el presidente de la República presente periódicamente su rendición de cuentas en el hemiciclo.

Palacio Federal Legislativo. Litografía de Enrique Naun, 1877-1878.

Palacio Federal Legislativo. Litografía de Enrique Naun, 1877-1878.

Desde 1811 hasta la actualidad, el congreso venezolano ha sido por momentos el Mar Muerto y en otros el asiento de enormes efervescencias y expectativas, describe Mondolfi. “De cuerpo pasivo que accede a los dictados del Ejecutivo también ha pasado a ser el espacio que mide la temperatura de la sociedad venezolana, donde la ciudadanía logra expresarse con mayor o menor plenitud”.

Como ejemplos de Mar Muerto, el historiador ubica a los largos congresos del régimen gomecista (1908-1935),  “cuya voluntad estaba amarrada al cabestro del general”, aunque hayan dotado al país de códigos y leyes importantes que definieron el ritmo institucional de buena parte del siglo XX. Otro  momento oscuro, bajo una visión absolutista del poder, se instala desde 1953 hasta 1959 al servicio del régimen militar de Marcos Pérez Jiménez.

Foto Javiermartinez76, con licencia Creative Commns.

Foto Javiermartinez76, con licencia Creative Commns.

Mondolfi también incluye en como Mar Muerto a buena parte de los últimos 17 años del gobierno chavista. “Tanto Chávez como Maduro fueron habilitados para dictar centenares de leyes sobre una amplia variedad de materias sin que la Asamblea Nacional estableciera ningún condicionamiento o límite”.

El congreso venezolano en el siglo XX ha tenido momentos en que ha mantenido su majestad deliberativa, como el de 1946 derivado de la llamada Revolución de Octubre de 1945, que establece por primera vez que, al igual que el presidente, senadores y diputados serían electos de manera directa, universal y secreta.

También en el congreso de 1946, ocurre uno de los cambios más importantes desde el punto de vista simbólico y pedagógico: los debates parlamentarios comenzaron a ser transmitidos abiertamente al país a través de la radio, a partir de la propuesta del  presidente del partido Copei, Rafael Caldera. La discusión sobre los temas nacionales  ya no se quedaban entre los pasillos del poder Ejecutivo sino que eran públicos.

Otro momentos de majestad deliberativa se extendieron en los congresos instalados entre 1959 y 1998, durante “la caprichosamente mal llamada cuarta república”, puntualiza Mondolfi. “Se caracterizaron por la amplitud, pluralidad, beligerancia y debate acalorado, además de implementar importantes mecanismos contralores y votos de censura. Entre otros aportes, dentro de la dinámica pluripartidista afianzaron la representación proporcional de las minorías (como reflejo de la composición política nacional) y abrieron posibilidades para que los partidos mayoritarios integraran las directivas, ocuparan vicepresidencias y/o presidieran comisiones. “Se trataba de congresos donde cogobernaban y cohabitaban organizaciones contrarias, que asumieron hábitos parlamentarios que se cumplían con respeto en busca de consensos”.

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Atendiendo a su mandato de órgano contralor del poder ejecutivo, el congreso venezolano ha pretendido enjuiciar, con o sin éxito, la gestión del presidente en ejercicio o después de terminar su periodo, recuerda Mondolfi. Tal es el caso de la tentativa de llevar a juicio a José Tadeo Monagas y más adelante Julián Castro en el siglo XIX. Incluso decretó la expulsión de José Antonio Páez. En el siglo XX, es conocida la condena moral a  Marcos Pérez Jiménez traducida en la enmienda constitucional que  impidió al general competir electoralmente y durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez,  la no menos célebre autorización que hizo la Corte Suprema de Justicia (hoy Tribunal Supremo de Justicia) para proceder a enjuiciar al presidente en ejercicio.

A juicio del historiador, en la actualidad existe el ambiente, el fervor y la expectativa para suponer que la Asamblea de hoy “no será un Mar Muerto”, sino que seguirá siendo, desde el día que debutó en enero de 2016, “un asiento de la efervescencia de la calle”. Para Mondolfi, lo fundamental es que el parlamento  brinde garantías de funcionamiento efectivo como poder autónomo y expresión de la voluntad colectiva de la ciudadanía venezolana”.

En este link puedes ver el video completo de esta conferencia.

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