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Iglesia de San Francisco de Caracas y su colección

Foto: Eduardo Tovar Zamora.

Foto: Eduardo Tovar Zamora.

Nombre: Colección de la Iglesia San Francisco de Caracas.

Autor: Varios.

Año: Siglos XVII y XVIII.

Tipo de patrimonio cultural: Inmueble/Mueble.

Administrador custodio o responsable: Iglesia San Francisco de Caracas, Municipio Libertador.

Historia
Descripción
Valoración
Situación actual
Ubicación
Fuentes consultadas

Historia

La construcción del templo

Los frailes franciscanos llegan a Caracas en 1557. Desde entonces se emplazan en las cuadrículas fundacionales en el Valle de Santiago de León. Así aparecen  en el primer plano de Caracas, realizado en 1578 por orden del entonces Gobernador Don Juan de Pimentel. La importancia de la construcción como uno de los primeros centros de estudios de la gobernación continuó hasta bien entradas las primeras décadas del siglo XVIII.

Durante todo ese tiempo la edificación del convento y la iglesia fue motivo de reiteradas construcciones, bien por los terremotos que asolaron el valle en esos siglos o bien por las dificultades propias de financiamiento y ejecución de estas obras en la entonces exigua Provincia de Venezuela.

Será luego de sucesivos y denodados intentos por parte de los monjes franciscanos y la comunidad de fieles de la ciudad que se erigen las primeras capillas internas que albergara el recinto en 1654. A principios de siglo XVIII, se erigió asimismo la actual capilla de la tercera orden, en 1711. Pero será sólo a mediados de esa centuria que la iglesia se consolida arquitectónica y artísticamente. Ese momento es clave también para comprender los alcances y significación de la colección de obras que le pertenecen.

Modificaciones de la iglesia durante el siglo XVIII

En 1745, se realiza una gran reconstrucción del templo de San Francisco, la cual sería el inicio de un gran momento para esta edificación, pues a la par de modificar sustancialmente sus áreas y dimensiones, se añadieron motivos para engalanar con preciadas obras todos sus espacios. Demoliendo los diversos compartimientos que hacían de pequeñas capillas laterales,  se ampliaron las tres naves centrales, elevando la nave central mediantes imponentes arcos intercolumnales, ensanchando y embelleciendo la fachada, y construyéndole al lado un gracioso y pequeño campanario. Todas estas arduas y radicales modificaciones introdujeron a su vez no pocas reformas y adiciones: obras pictóricas, tallas y elementos decorativos  vendrían a nutrir una solemne colección, que pasó luego a reunir incluso piezas de otras iglesias que han sido destruidas y demolidas en los últimos tiempos. La colección del templo vive durante gran parte del siglo XVIII su momento de esplendor.

Descripción

El conjunto de la Colección de la Iglesia San Francisco de Caracas constituye en sí misma un variado compendio de obras artísticas, tallas, piezas escultóricas y elementos del rito católico que la entraman con los episodios fundacionales de la ciudad, con los movimientos económicos y políticos del siglo XVIII que ocurrían en las colonias españolas en América y con el desarrollo del arte colonial en Venezuela y Latinoamérica. Es difícil no adentrarse en los relatos y tradiciones de la colonia, sin acercarse a su significación, a sus orígenes, para comprender su particularidad y sus vinculaciones con la producción estética y con los esquemas ideológicos de la Europa de esos tiempos. Gran parte de ese relato histórico crítico está aún por ser desarrollado y mostrar, en base a estas icónicas piezas, las transformaciones que ocurrieron en esa época, y lo que les confiere su singularidad y su importancia.

La colección está integrada por diversas obras, que podemos agrupar en varios tipos: artísticas, mobiliario, decorativas y de culto. Con estos cuatro grandes ejes podemos abarcar con propiedad la unidad estética e histórica que conforma la colección de la Iglesia San Francisco.

Las más valiosas por su significación, por su historia y por la impronta en las artes venezolanas, son los óleos, las imágenes santas y los impresionantes retablos que albergan gran parte de las piezas artísticas. Es justo a raíz de las reformas de 1745 que se encargan una serie de retablos que vienen a servir de marco y exposición para diversas obras de arte. En su elaboración participarían los primeros artistas reconocidos de las artes visuales en nuestro país, y así mismo se convocaría a diversos talladores, ebanistas, alarifes y todo un anónimo gremio de incipientes artesanos que desarrollarían una auténtica y agraciada colección de hermosos y grandes retablos. Estas piezas nos pueden proporcionar algunas de las características del movimiento artístico colonial de nuestro país.

El templo comienza a construirse posiblemente en 1593, según el diseño de Antonio Ruíz Ullán, como un anexo al originario Convento de San Francisco. Se erige en el centro de la cuadrícula histórica y originaria de la ciudad Santiago de León de Caracas, en una esquina que le dará nombre, como esquina de San Francisco. Durante su proceso constructivo, fue una modesta iglesia de tapias, de una nave central que sucesivamente fue transformándose, adicionando capillas y naves hasta conformar el templo que actualmente podemos apreciar.

Es una planta basilical de tres naves separadas por filas de columnas de medio arco; cuenta accesos frontales a cada una de ellas y un acceso lateral hacia el oeste; posee un vestíbulo interior, coro superior con órgano musical, amplio presbítero elevado, ábside lateral hacia el este y una capilla colindante con cúpula hacia el suroeste llamada Capilla de la Orden Tercera; su fachada mide 25 m. de alto, es ecléctica y posee elementos barrocos y renacentistas. Posee un aforo aproximado de 400 personas. Los residentes del templo son la Orden Jesuita en el Templo Mayor y la Orden Francisca en la Capilla de la Orden Tercera. El inmueble está declarado “Monumento Nacional” según Gaceta Oficial Nº 25.020 de fecha 6 de abril de 1956.

Valoración

Quizá de todas las iglesias del centro histórico de Caracas, que han logrado sobrevivir medianamente a la desenvoltura y las agresiones del tiempo y la impronta del hombre, es la de San Francisco la que más ha conservado su carácter colonial. Se trata de  la única en su tipología arquitectónica y artística que, a pesar de no pocas intervenciones, puede mostrar actualmente un semblante y un carácter que pertenece por entero a otra época. Sin duda, esta iglesia conserva espacios que han logrado pervivir gracias también a los preciosos objetos que resguarda y contiene, a esa colección de vibrantes obras a través de las cuales podemos leer no pocas y galantes páginas de nuestra historia y cultura.

Retablos y algunas obras de la Colección Iglesia de San Francisco

Entre 1762 y 1798 se ejecutan e instalan en las naves laterales del templo, once imponentes retablos en diversos registros estilísticos: barroco, churiguresco,  rococó y neoclásico. Muchos de ellos fueron creados para distintas advocaciones e imágenes santas, todas revestidas en pan de oro y en una altura correspondiente al ángulo más alto de la pared hacia el exterior de las naves laterales, perfeccionadas con infinitos motivos vegetales, volutas, escudos recortados y molduras, conjugados con detalles arquitectónicos, esculturas y marcos para albergar obras pictóricas. La mayoría de los retablos son de autor desconocido, y sólo se conservan las referencias que adjudican a Domingo Gutiérrez los retablos del Santísimo Niño de Belén y de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, a Francisco José Cardozo para los retablos del Santo Cristo de la Humildad y de la Santísima Trinidad, así como a José Miguel de Arteaga para el retablo de Nuestra Señora de la Soledad.

Las esculturas que dan nombre a la mayoría de los retablos, son algunas de las más antiguas piezas que alberga el templo, que son en sí misma un episodio en la historia iconográfica de estas imágenes santas, como por ejemplo el Santo Niño de Belén y Nuestra Señora de la Soledad.

El Santo Niño de Belén, es una pieza escultórica realizada en Nápoles a mediados del siglo XVII, encargada por el Duque de Venecia para ser expuesta en Belén hasta el año 1677, cuando la reina española doña Mariana de Austria envía una nueva imagen y sustituir la que el Duque había enviado años antes, todo esto según la tradición de veneración de las imágenes que allí se realizaba. Por su parte, la imagen de Ntra. Sra. De la Soledad, es una copia de la imagen que se veneraba en el Convento de Ntra. Sra. De la Victoria en Madrid, que llega a San Francisco en 1654 por iniciativa de don Juan del Corro y su señora.

Dentro de las esculturas más antiguas que integran la colección, vale destacar una tríada de piezas en mármol que ingresaron al templo en 1654 provenientes de la ciudad de Génova en Italia, de escultor anónimo, las cuales fueron colocadas en la fachada exterior norte, en respectivos nichos: son las imágenes de la Inmaculada Concepción, San Juan Bautista y San Francisco de Asís, acompañadas de un escudo franciscano con los emblemas de la orden, también en mármol.

Muchas otras piezas de diversa procedencia, tanto de México como de Guatemala,  completan un repertorio que muestra un delicado esplendor y una gran variedad de estilos en las tallas de madera policromadas y doradas: la imagen de San Francisco Javier, de la segunda mitad del siglo XVIII; la imagen de N.S. de Guadalupe de Extremadura, la cual conserva los vestidos originales del siglo XVIII, con dorados y detalles de dos flores rojas en manto frontal; la talla de San Miguel Arcángel, realizada en Caracas entre 1762 y 63; la imagen de San José, talla guatemalteca anónima, ca. 1760; y la preciosa talla de la Inmaculada Concepción (con nicho), de procedencia mexicana, de mediados del XVIII, entre muchas otras destacables piezas.

Importantes fueron también los aportes de la pintura en este período al enriquecimiento de la representación iconográfica para estos espacios. Y en ese orden corresponde a uno de los pintores más importantes del siglo XVIII en las artes en Venezuela, como lo es Juan Pedro López, quien realizó diversos óleos para adorno del templo: “Trece escenas de la Vida de la Virgen”;  “Ntra. Sra. de la Luz” con marco de recorte, esgrafiado y dorado, ca. 1760; seis pinturas incluidas en el Retablo de la Orden Tercera de San Francisco, en 1771; ocho retratos de gran formato de diversos santos para la capilla de Orden Tercera, entre otras piezas.

La iglesia alberga además otras creaciones de los artífices del desarrollo de la pintura venezolana durante ese rico período, como lo son la pieza “Padre Eterno”, de la Escuela de los Landaeta, en el retablo del Cristo de la Humildad, en cual contiene a su vez dos imágenes de santas pertenecientes a José Francisco Rodríguez, alias El Tocuyano.

Podemos incluir en esta reseña otros importantes óleos sobre tela de este período, que dan cuenta de la diversidad y las influencias que irradiaban todo un esplendor entre las provincias y virreinatos españoles en el continente americano: la pintura “Santa Rita de Casia”, de anónimo caraqueño, principios de XVIII; “San Francisco de Asís comiendo en compañía del Alcalde Gobernador don Ruy Fernández de Fuenmayor”, firmada `Hispánicus me fecit´, ca. 1724; “La visión de San Ignacio de Loyola en la capilla de Storta”, del pintor español Pedro de Calabria, pintor del rey, de 1736; “San Luis Tolosa”, anónimo mexicano, primera mitad del XVIII;  “La muerte de San Francisco” y “Aparición de San Francisco al Papa Gregorio IX”, ambas de Fernando Alvarez Carneiro, en Caracas, ca. 1724; “San Francisco de Asís”, anónimo guatemalteco, ca. 1760; “Ntra. Sra. de Guadalupe”, oleo sobre tela del pintor mexicano Miguel Cabrera, mediados del siglo XVIII.

La sincrónica armonía de la colección de la Iglesia San Francisco responde en buena parte a la afortunada confluencia de diversas circunstancias que permitieron un desarrollo, una consolidación y un edificante estímulo a la creación artística en Venezuela, en particular durante todo el siglo XVIII.  Ello se revela en cada una de las piezas que aún la integran. El relato de su propia historia está todavía palpitante en el carácter singular, estético y perenne de sus obras, en la configuración estelar de sus retablos, en la dinámica y atmósfera que conservan aún sus muros y espacios, y en los demás elementos que conservaron, a pesar del paso del tiempo y del mudo transitar de los estilos, el sello de aquel carácter colonial que se imprimió a lo largo de varios siglos en aquella incipiente historia nacional.

Situación actual

En el año 2011 se realizó una restauración del inmueble que abarcó la intervención de varias piezas de la colección. La restauración de los bienes estuvo a cargo de personal venezolano especializado en restauración de edificaciones y obras de arte, a cargo de la Dirección de Patrimonio Cultural adscrita a la Cancillería, para luego continuar los trabajos la Fundación Propatria 2000. En lo que se refiere a la intervención de las obras de arte, dirigió el proyecto el Dr. Fernando de Tovar Pantin, y supuso un diagnóstico y limpieza de los retablos, incluyendo la restauración de un confesionario atribuido a Domingo Gutiérrez y de la pintura “Las Ánimas del Purgatorio con San Miguel, la Virgen y la Santísima Trinidad” de Juan Pedro López. Luego de esa intervención, se dispusieron rótulos descriptivos junto a los retablos y otras piezas, que ofrecen información sobre los títulos, autorías y data de la mayoría de las obras de arte que allí se muestran. Otros espacios y piezas importantes de la colección continúan actualmente en restauración: la cripta y osarios bajo la sacristía y antiguos libros de música religiosa.

Ubicación

Esquina de San Francisco, entre Avenida Universidad y Avenida Sur 2, Parroquia Catedral, Municipio Libertador, Caracas, Venezuela.

Fuentes consultadas

AA.VV.: Diccionario de Historia de Venezuela. (4T). Caracas, Fundación Polar, 1997.

ATADYU, S.J. Ernersto. La Iglesia de San Francisco de Caracas. Caracas. 1967.

BOULTON, Alfredo. Historia de la pintura en Venezuela. Tomo I – época colonial, segunda edición. Armitano Editores. 1975.

DUARTE, F. Carlos y GASPARINI, Graziano. Historia de la Iglesia y Convento de San Francisco de Caracas. Banco Venezolano de Crédito. 1991.

GASPARINI, Graziano y DUARTE, F. Carlos. Los retablos del período hispánico en Venezuela. Armitano Editores. 1971.

VELASCO, S.J. Braulio. Historia de la Iglesia de San Francisco de Caracas, sus retablos e imágenes. Gráfica Hispana, C.A. 2000.

http://albaciudad.org/wp/index.php/2015/06/restauran-libros-del-siglo-xviii-en-la-biblioteca-nacional-fotos/

http://patrimoniodevargas.blogspot.com/2014/01/descubrimientos-arqueologicos.html

Todas las imágenes (a excepción de aquellas que señalan otro autor) pertenecen a Mariano U. de Aldaca y Adalberto Alvarez, tomadas del libro “Historia de la Iglesia y Convento de San Francisco de Caracas”. DUARTE, F. Carlos y GASPARINI, Graziano. Banco Venezolano de Crédito. 1991.

 

Investigación realizada por Rigel García. Lic. Eduardo Tovar Zamora

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